Animal Político

Evaluación de la economía boliviana en 2011

Macroeconomía vs. microeconomía

La Razón / Jaime Durán Chuquimia

01:00 / 08 de enero de 2012

En 2011 la economía boliviana tuvo un excelente desempeño, pese a un entorno internacional que no fue favorable. En efecto, mientras que en Europa y Estados Unidos la crisis recrudece, el nuevo modelo económico boliviano muestra que las previsiones adoptadas en años anteriores han permitido contar con un aparato productivo fuerte, capaz de resistir los embates de la crisis mundial.

Se estima que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2011 fue de 5%. Entre 2006 y 2010, la tasa promedio fue de 4,6%, mientras que entre 2001 y 2005 llegó a 3,1%. Ésta es la forma más adecuada de comparar promedios. Usar un año para compararlo con la media (como hace el Instituto Boliviano de Comercio Exterior, IBCE, en una declaración reciente) no es el camino más aconsejable.

Ese crecimiento se explica fundamentalmente por la inversión pública, que ha tenido un papel creciente. Mientras que antes de 2005 la misma rara vez pasaba de 600 millones de dólares, en 2011 se programó que sea de 2.596 millones de dólares, es decir, sea casi cinco veces más grande que el promedio histórico. La dinamización generada por el Estado ha permitido impulsar al sector privado. Los datos de inversión extranjera directa (IED) muestran que al tercer trimestre de 2011 se alcanzó a 501 millones de dólares, que es 5% más grande que la obtenida en similar periodo de 2010.

La tasa de inflación está adecuadamente controlada. A noviembre de 2011, llegó a 6,38%, por lo que es previsible que para fin de año no supere el 7% (el viernes, La Razón informó de que al final la inflación llegó al 6,9%). Esto contrasta sobremanera con algunas previsiones que estimaban que para fin de año llegue a 15% ó 20%, aspecto resaltable frente a un entorno caracterizado por incrementos sustanciales de precios internacionales de alimentos (acompañados de especulación a principios de año).

Como en los últimos cinco años, el país nuevamente presentará superávits gemelos. El balance en la cuenta corriente de la balanza de pagos (diferencia entre exportaciones e importaciones) alcanza a 5% del PIB. Para el caso del sector público no financiero, se estima que se finalizará el año con un superávit fiscal del 2,6%. Es probable que el balance del Tesoro General de la Nación (TGN) sea negativo, pero muy cercano al equilibrio.

La economía boliviana ha logrado un círculo virtuoso. A diferencia de lo que alguna gente cree, las finanzas públicas no dependen en gran medida de los ingresos por exportaciones. El aporte del Impuesto Directo a los Hidrocarburos al TGN equivale a 6% de los recursos que usa; el 69% proviene de renta interna. Por tanto, un eventual descenso del precio del petróleo (sobre el cual se calcula el del gas) no afectaría sobremanera al balance fiscal.

Al respecto, un conocido economista se ha dado a la tarea de establecer una diferencia entre el “maquillaje” macroeconómico y la “tomografía” del aparato productivo. Según su curiosa hipótesis, Bolivia puede estar bien por fuera, pero internamente presenta un cáncer que tarde o temprano destruirá la buena salud económica.

Así, aun cuando se registren buenos indicadores económicos como un robusto crecimiento económico, superávits gemelos, bajo desempleo y reducción de la pobreza, por dentro existirían problemas de baja productividad, informalidad del empleo, precariedad de los ingresos fiscales y un largo etcétera cuyo fin no es otro que demostrar que aunque aparentemente nos va muy bien, en realidad, nos va muy mal.

Los indicadores macroeconómicos son agregados del desempeño microeconómico. Es poco probable que una economía con buen desempeño macro tenga en su interior a empresas y hogares al borde de la ruina. Lo otro equivale a pensar que en medio de la crisis europea o estadounidense a los hogares les va muy bien.

Lo que parece confundir a este tipo de análisis son los problemas estructurales. Éstos tienen larga data y no se solucionan en seis años de gobierno. Es cierto que persiste la informalidad y la precariedad del empleo (aunque ampliamente reducidos), sin embargo, se coincidirá en que sin una macroeconomía sólida es, prácticamente, imposible combatir estos males. En tal sentido los resultados de 2011 muestran que se avanza en la senda correcta.  

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