Animal Político

Evo con Francisco por fines políticos

Sin duda, Morales, con la visita al papa Francisco, buscó propósitos políticos, pues saber de este uso político es lo que lo ha llevado a donde hoy está.

La Razón / Gonzalo Rojas Ortuste

00:01 / 15 de septiembre de 2013

Qué buscaba el presidente Evo Morales al visitar al papa Francisco? Desde luego, propósitos políticos, porque eso caracteriza al Presidente y eso también lo ha llevado al alto sitial institucional que hoy ostenta. El papa Francisco representa hoy los vientos de renovación más afines con la modernización/secularización y ecumenismo desde la desaparición del papa Juan XXIII, que llevó adelante el Concilio Vaticano II. En el contexto actual, su condición de argentino lo convierte en el primer papa latinoamericano. También cuenta. Digamos rápidamente que este Papa es sucesor de Benedicto XVI, quien prefirió entregar a otro la tarea de emprender reformas difíciles contra grupos de poder encaramados en la curia.

Las declaraciones del embajador de Bolivia ante el Vaticano y miembro de la delegación con el Presidente, Carlos de la Riva, exjesuita, van en ese sentido. Hoy América Latina es el (sub)continente con más católicos del orbe, y aunque hay una disminución relativa por el crecimiento de las denominaciones evangélicas, unos y otros se reconocen cristianos y allí la figura papal sigue representando una referencia indudable de esa amplia feligresía.

Con el desafortunado bloqueo aéreo que sufrió el avión presidencial boliviano en Europa hace poco, esas potencias europeas — muy probablemente por la iniciativa estadounidense— le abrieron la posibilidad de proyectar al “hermano” Evo un liderazgo regional, que supla de algún modo el dejado por el fallecimiento de Hugo Chávez. Más no es sólo el plano internacional el que interesa al presidente boliviano, sino, de manera nada secundaria, el propio electorado nacional. Como es sabido, desde que inició su presidencia, él no ha tenido buenas relaciones con la Iglesia Católica boliviana. Eso no le preocupaba cuando estaba aureolado como “el primer presidente indígena” del país (y a veces con el entusiasmo llegaba a decirse de la región, olvidando al gran Benito Juárez). Después de la represión en Chaparina a la VIII Marcha por el TIPNIS (Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure), queda muy poco de esa imagen y él mismo ha destacado (en la entrevista con Ismael Cala de CNN) su condición de “dirigente sindical”.

Esa caracterización es muy consistente con la base social que representa el núcleo duro de apoyo al gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) y las mutuas lealtades. Los productores de coca del Chapare son, sin duda, esa base; y sin negar su peso en movilizaciones y capacidad de resistencia, en términos electorales no son suficientes para “reproducir el poder”. Por ello, hay en ese viaje una búsqueda por recuperar, sino legitimidad, al menos aceptación de sectores medios, esos más cercanos al catolicismo, dado que en los sectores populares prima el sincretismo.

Porque, aunque las encuestas nos muestran fortaleza relativa de la figura presidencial como candidato, esto se debe más a la debilidad de la oposición en su momento tan golpeada. Sin embargo, esa situación puede cambiar y acaso la formación de ese Frente Amplio recién anunciado pueda ser parte de ese cambio del balance de preferencias electorales, sobre todo si otras fuerzas opositoras como el Movimiento Sin Miedo (MSM) pudieran ser parte de ese entendimiento.

En el plano internacional también la figura presidencial se desgastó (hubo comentarios de otros mandatarios latinoamericanos y funcionarios españoles nada favorables en la difusión de los informes WikiLeaks). Téngase presente el encuentro en la escala previa en Madrid esta vez. También la figura del monarca español, otrora de gran predicamento, está afectada por algún escándalo personal y fundadas acusaciones de corrupción que llegan a la Casa Real. Y si comparamos eso, cuando con su famosa chompita a rayas el entonces presidente electo Evo Morales visitó al Rey, factor importante de la todavía exitosa democracia española, parecían signos de tiempos auspiciosos y reconciliados para el mundo iberoamericano. Hoy la crisis económica española y el desgaste de una figura que parecía emblemática, más lo arriba señalado, han hecho su trabajo.

Sabemos que el desgaste no es automático. Tiene que ver con acciones y decisiones específicas. Y aún en situaciones de fuerte polarización, hay líderes que han salido con alta aceptación, como es el caso de Nelson Mandela o más cercanamente Luiz Inácio Lula da Silva. No se puede negar el proceso de inclusión que se ha retomado en Bolivia, que por lo demás es acumulación de la propia sociedad boliviana y sus despliegues de energía. Pero nunca puede ese dato ser justificativo para el reverdecer de la intolerancia ideológica del oficialismo; ahora ya es claro que ésta se dirige a toda disidencia, así provenga de antiguos aliados o compañeros. Ninguna democracia en nuestros días puede funcionar sin respeto a la disidencia, a las visiones no sólo plurales, sino incluso opuestas a las que predica el circunstancial actor mayoritario. En tanto se respeten las reglas básicas del orden democrático —digamos las contenidas en el ámbito constitucional vigente— todos y todas tenemos derecho a disentir, a discrepar, a generar controversia. Ésa es la condición ciudadana del orden republicano.

Es en esa materia que el MAS y sus principales operadores han mostrado sus mayores limitaciones, y eso en democracia, así imperfecta como es, pasa factura. Por eso los desplantes presidenciales a la Iglesia Católica local, hace poco creíble un acercamiento a este segmento importante de ciudadanos y ciudadanas. Si gran parte de su ropaje ideológico del actual Presidente ha sido provenir “de abajo”, ¿cómo es que sólo puede  entenderse con el “jefe máximo” en los palacios del Vaticano?, que por mucho que le incomoden a Francisco, allí recibe y despacha.

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