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FIFA: la pirámide de la corrupción

La majestuosa pirámide de corruptela que ha erigido Joseph Blatter con sus ancestrales cómplices ha sido dañada en sus cimientos y las detonaciones seguirán estallando; por eso, pocos días después de ser electo presidente de la FIFA vio inevitable su renuncia.

La Razón (Edición Impresa) / Álvaro Loayza

00:01 / 07 de junio de 2015

La FIFA, como otras federaciones, organizaciones y comités internacionales que conducen los destinos del deporte internacional, es una empresa privada que se rige de forma blindada e impenetrable por sus propias normas y estatutos, con la amenaza permanente de que cualquier injerencia ajena a la pirámide estructurada por las asociaciones nacionales avaladas y protegidas por la misma FIFA, hará que dicho país o ente interventor o metiche, sea sancionado y marginado del mayor evento del planeta tierra, la Copa Mundial de la FIFA.

El fútbol en particular, y el deporte en general, se han desarrollado en el siglo XX como uno de los fenómenos masivos más importantes, generando una inmensa afición en todos los confines del orbe, provocando que un juego de reglas sencillas se haya convertido en una pasión transversal que no diferencia ni culturas, ni religiones, ni estratos sociales, deviniendo con los años en una gigantesca industria (ya casi fusionada al mundo del espectáculo) que genera millones y millones de dólares emergentes de la pasión de la gente.

La FIFA, como “guardiana” de dicha pasión y “custodio” del megaevento más importante del mundo, tiene los derechos y las licencias de lucrar en nombre del fútbol las toneladas de millones que éste genera a través de patrocinio, televisión, taquilla, merchandising y otros. En esta dinámica que entremezcla la danza de fortunas y una coraza que impide ser normada o regulada por una instancia que no sea la misma FIFA, surge un tenebroso entramado que no es otra cosa que una cascada de corrupción. Dicha cascada baña de sobornos y coimas desde la cima hasta los que ostentan los votos para hacer perpetuar a los presidentes de las asociaciones nacionales, que son finalmente los que reeligen de forma inescrupulosa y ad infinitum a los mismos y mismos presidentes, vicepresidentes, secretarios, etcétera, como si esta “democracia” federativa fuera más bien una reino global donde los reyes y los nobles se eligen de por vida y de forma sanguínea y hereditaria.

Sabido es que enormidad de países poderosos luchan por ostentar la organización de magníficos eventos como la Copa del Mundo, y en esa lucha los sobres y los maletines salen a bailar, no solo con el fin de que su país o sus ciudades se beneficien de recibir a las mayores estrellas del firmamento futbolístico, ni que los turistas se jaloneen para visitar dicho país, sino por los incontables montos que se pueden mover para construir una cantidad desmesurada de infraestructura deportiva y civil, que permita ser un botín de trapicheos entre directivos de FIFA, gobernantes, banqueros y empresas constructoras, todas ellas cómplices de esta perversa trama que tiene como rehén al deporte en sí y a los millones de fanes que los siguen con el corazón en la boca, justificada por el cliché de dotar al pueblo de (¿pan? y) circo. Brasil, y su pueblo que no fue invitado a la fiesta que ellos costearon, fue la última víctima evidente de este circo. Rusia y Catar ya están en la movida y veremos los conflictos sociales que se desembocarán del exceso, el despilfarro y sobre todo, la corrupción que deparan estos futuros acontecimientos.

La intervención y arrestos por parte del FBI el miércoles 27 de mayo, abre una brecha de esperanza a que de una vez por todas el fútbol se pueda librar de esos vetustos monarcas que lo han tomado como prisionero mediante tretas y costumbres de la cual han sacado tajadas y tajadas contadas a millones. Lo maravilloso de este golpe es que la FIFA no podrá chantajear al FBI con de-safiliar a EEUU o a Suiza de la misma, ya que entre las imputaciones realizadas se habla de sobornos, fraudes y lavados de dinero, entre las 47 acusaciones presentadas por la fiscal Loretta Lynch, o sea delitos internacionales que no pueden ser interpretados como una mera intervención gubernamental a una asociación miembro.

Este hecho permite empezar a desenmascarar el habitual modus operandi de la pirámide de la FIFA, y lo que hoy apunta solo al continente americano (Concacaf, Confederación de América del Norte, Central y el Caribe; y Conmebol, Confederación Sudamericana de Fútbol, fieles acólitos de Sepp Blatter), seguro se irá expandiendo hasta otras partes, igual de corruptas, del orbe del fútbol, esperando que la impunidad con que han lactado del fútbol toda una nefasta casta dirigencial llegue a su fin. No será sencillo, el cinismo y, suponemos, las argucias que manejan la “nobleza” del fútbol no tienen límite, ya que dos días después, como premiando las encarcelaciones y las imputaciones por corrupción, reeligieron a un desentendido Blatter, que denomina como “casos aislados” las denuncias recién acaecidas. Pese a esa imperturbable e insufrible aura de confianza que exudaba Blatter (apoyado y aplaudido por su enorme logia para la reelección), la procesión iba por dentro; él sabe que la majestuosa pirámide de corruptela que ha erigido con sus ancestrales cómplices ha sido dañada en sus cimientos y las detonaciones seguirán estallando, por eso pocos días después vio inevitable su renuncia que deja expuestos a los reyes chiquitos que quieren aferrarse a su trono con uñas y dientes. Ojalá, por el bien del balompié, sigan cayendo los peces pequeños, medianos y gordos que han estado prostituyendo y vilipendiando ese hermoso deporte, que entre dólares ajenos, putas y sobornos juran defender.

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