Animal Político

Factor Saboia

Saboia veía al refugiado todos los días. Como no era médico ni psiquiatra, no sabía qué hacer. Y también se deprimió mucho. Había llegado al límite. Entonces ocurrió el primer milagro: oyó la voz de Dios (según confesó luego).

La Razón / Exeni / La Paz

00:05 / 01 de septiembre de 2013

El operativo de liberación del senador Róger Pinto comenzó con un milagro y llegó a buen puerto (la frontera) con otro. El intermediario de dichos milagros fue un tal Eduardo Saboia, católico practicante camuflado de diplomático.

La situación era por demás ruin. Tras 455 días de refugio en un cuarto sin sol de la embajada brasileña, Pinto estaba flaco, se decía deprimido y hablaba de suicidio. Todo indicaba que desvariaba.

Saboia veía al refugiado todos los días. Como no era médico ni psiquiatra, no sabía qué hacer. Y también se deprimió mucho. Había llegado al límite. Entonces ocurrió el primer milagro: oyó la voz de Dios (según confesó luego).

No sé sabe bien qué le dijo Dios al Encargado de Negocios (ni su respuesta), pero tras dicha conversación Saboia decidió montar a Pinto en un vehículo oficial. La luz salvadora estaba a 1.600 kilómetros.

En el accidentado viaje desde La Paz hasta Corumbá operaron algunas misericordias. El vehículo, escoltado por dos “fusileros”, fue detenido en varios puestos de control, antinarcóticos y migración. Nadie vio al fugitivo.

Fueron 22 horas de frío y hielo. El operativo estuvo a punto de abortar (sin que lo excomulgara la Iglesia) porque Pinto la pasó mal. ¡Hasta vomitó! Pero Saboia tenía fe y siguieron sin detenerse.

Por si fuera poco, los viajeros pasaron hambre. Como salieron a las prisas (como si fuese fuga), no llevaron provisiones consigo. Tenían sólo nueces y bananas para comer. Nada más. Pero el sacrificio tuvo su recompensa: ¡otro milagro! En la recta final, a poco de llegar al liberador destino, el vehículo diplomático empezó a quedar sin gasolina. En breve se detendría.

¿Qué hicieron Saboia, de fe católica, y Pinto, de credo evangélico? Comenzaron a rezar: el mismo Creador, Cristo con ellos, diferentes doctrinas. Y el milagro obró. No multiplicaron nueces y bananas, pero sí el combustible. “Tomé la Biblia —cuenta Saboia—, abrimos los Salmos y leí. Fue el milagro de la multiplicación de la gasolina”. Esta vez no oyó la voz de

Dios, pero el tanque del vehículo abasteció para cruzar la frontera. Cuán insondables —Itamaraty abstenerse— son los designios del Señor. Y cuán inescrutables —renuncien Patriotas– los caminos de Saboia.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia