Animal Político

Fallo de la CIJ en Chile: entre la condescendencia oficial y la dura crítica

Más campaña de información  pide el expresidente chileno Sebastián Piñera. Esto contrasta con lo que el senador de Chile Alejandro Guillier interpreta: ¿más campaña para que todo el mundo conozca el error?

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:07 / 04 de octubre de 2015

Las reacciones en Chile, tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que rechazó la objeción preliminar de competencia presentada por ese país, no tienen medias tintas: van desde la autocrítica condescendiente del oficialismo hasta lecturas de dura condena realizadas por intelectuales, políticos independientes y personas respetadas en la opinión pública.

No pasó ni media hora desde que el presidente de la CIJ leyera el fallo para que Michelle Bachelet, flanqueada por sus ministros, diera una conferencia de prensa que marcó la línea para que luego el resto de voceros gubernamentales replicaran la interpretación condescendiente de la derrota: “Bolivia no ha ganado nada, lo único que se ha decidido hasta ahora es que la Corte es un tribunal apto para conocer el reclamo boliviano”, dijo la Presidenta chilena.  Bachelet olvidaba decir que la Corte había rechazado todos los argumentos por la incompetencia presentados por su gobierno.

Esta línea fue reiterada, por ejemplo, por el ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, y el expresidente Sebastián Piñera, ambos en entrevistas publicadas en el periódico de ese país La Tercera. El primero dijo: “Sabíamos que la posibilidad de ganar la objeción preliminar en La Haya era limitada”. Piñera fue más específico y culpó de la debacle a la falta de difusión de la tesis jurídica chilena y el éxito de la campaña boliviana: “El Gobierno tiene que comprender que Bolivia ha sido más activo en generar simpatías” y “creo que tenemos que redoblar nuestros esfuerzos por explicar, difundir y defender los argumentos y los intereses de Chile en todas las instancias que tengamos disponibles, incluyendo el campo diplomático, político y comunicacional”.

En esto, el expresidente Piñera olvida que el fallo de la CIJ rechazó, en derecho, todos los argumentos chilenos de su objeción y que, por tanto, para los miembros de este tribunal, Chile estaba equivocado. En todo caso, el senador independiente de Chile Alejandro Guillier da por el piso con esa autocrítica del oficialismo chileno y pasa a una crítica cruda sobre la idea de Piñera de reforzar la campaña; en su entrevista con CNN Chile afirma: “En cualquier país del mundo, perder 14-2 es una derrota, en Chile lo estamos mostrando como un éxito, yo no sé en qué país vivimos”.

Para Guillier, la totalidad de la tesis jurídica chilena está errada: “El contexto internacional, desde que se firmaron los tratados con los países vecinos, cambió mucho. El Derecho cambia, se reinterpreta. (...) ¿Quién podría imaginar seriamente que podíamos ganar si ya habíamos perdido (contra Perú) en ese mismo tribunal con esa tesis jurídica de que los tratados son inmodificables y eternos?”.

Entonces, si se recuerda que Piñera sugería fortalecer la difusión de su tesis, se llega a la conclusión de que el expresidente chileno pide divulgar a escala mundial un desacierto jurídico, al menos así lo entiende Guillier: “¿Cómo no se dan cuenta que estamos aislados y que tenemos una tesis equivocada? Ahora, se ha sacado como gran conclusión que lo que falta es que Chile comunique mejor su tesis, o sea que el error se generalice y todo el mundo lo conozca; el ridículo completo”.

DEBILIDAD. La conclusión definitivamente crítica a la que llega Guillier es que Chile no cuenta, estrictamente hablando, con una Cancillería: “Creo que Chile tiene una gran debilidad institucional. Chile no tiene Cancillería en rigor. El Presidente decide sin el Congreso, sin las universidades (...), sin los especialistas, sin ninguna prospectiva histórica, sin ninguna visión estratégica, y no hay una capacidad crítica que le ayude al Presidente a elaborar esa propuesta, entonces no hay una política de Estado”.

¿Con todo esto, qué depara el futuro para Chile en referencia al juicio? El senador chileno, a tiempo de subrayar que el mundo está cambiando y que los viejos conflictos hoy se resuelven, pone el ejemplo de Cuba y Estados Unidos y de la cercanía de la paz en Colombia.

En el juicio en La Haya, a Chile no le quedan ya argumentos, remarca Guillier: “Van a revisar si Chile ha creado expectativas razonables de que estaba disponible a negociar: ¿vamos a esconder Charaña?, ¿vamos a decir que Chile nunca conversó con Bolivia los 13 puntos?, ¿vamos a decirle que desde el presidente Domingo Santa María, que es el primero que dice, que es el que gana la guerra, aún en guerra, (...) él dice ‘¿qué vamos a hacer para que Bolivia salga al mar?’

¡Lo dice el presidente que ganó la guerra! ¿Vamos a desdecir toda nuestra historia? (...) ¿Vamos a esconder toda la historia?”.

El periodista Tomás Mosciatti tampoco comparte la condescendencia oficial, en una entrevista a CNN Chile dice: “Hay distintas maneras de perder (...) yo creo que hoy día (Sic) fue goleada. Perdimos. Cada vez que se pide algo a un tribunal y éste le dice que ‘no’, bueno, eso es una derrota (...) se podía perder absolutamente como perdimos hoy (por jueves 24 de septiembre). La victoria de Bolivia es una victoria importante, yo diría absoluta y por lo tanto una gran derrota chilena”.

El profesional de la información destaca que la Corte “resolvió el objeto de la controversia”: “el objeto del juicio para la Corte, no es lo que decía Chile (...) es decir la vulneración o no del Tratado de 1904 (...). La Corte estableció la controversia de acuerdo con la pretensión boliviana. Por lo tanto aquí también hay una gran derrota chilena”. Una tercera derrota, según este periodista, es que Chile no podrá en el juicio de fondo invocar a “una viga maestra que era el Tratado de 1904”.

EN SERIO. Otro representante del legislativo chileno y excanciller, el senador Ignacio Walker, también hace una autocrítica, si bien menos contundente que Guillier: “Tenemos que dejar de lado un cierto tono de autosuficiencia y de mirar a Bolivia por encima del hombro. Cuando leí por primera vez la demanda de Bolivia me dije a mí mismo ‘esto va en serio’. No hay que confiarse”. (La Tercera)

Más allá de que un Estado debería “tomar en serio” a sus vecinos todo el tiempo y no solo después de leer una demanda bien hecha, el menosprecio hacia Bolivia (ligado al racismo, según algunos de sus estudiosos, de una población que paradójicamente también tiene una ascendencia indígena que se esfuerza en negar) ha sido una constante en Chile.

Vivian Lavín, reconocida periodista chilena, escribe sobre esta negación identitaria en DiarioUChile (el artículo “Bombardear Bolivia”): “Nuestra natural condición isleña, rodeados de cordillera, desierto, mar y hielos eternos, nos ha determinado un carácter diferente del de nuestros vecinos, acostumbrados al contacto cultural, amplio y diverso. Un aislamiento que ha llegado a consolidarse con la triste frase de que somos los ‘ingleses de Latinoamérica’, cuando las similitudes con los británicos son muy escasas”.

“El mestizaje que alcanza a más de un 90% de nuestra población, a simple vista para los ojos de cualquier extranjero, es casi una novedad en Chile, incluso para quienes exhiben evidentes rasgos indígenas. La negación de lo que somos y dónde vivimos, si es que recordamos la triste frase del “mal barrio donde nos tocó nacer”, de quien aspiró a la presidencia de la República alguna vez, nos impiden entender la contundente y ejemplificadora sentencia del Tribunal de la Haya”.

Esto del 90% que niega su identidad cobra importancia al ver, en redes sociales, que la reacción de algunos chilenos después del fallo fue la de publicar comentarios racistas, alentados por algunos medios. Como dice el Premio Nacional de Periodismo de Chile, Juan Pablo Cárdenas, en su columna “Una derrota contundente y bochornosa” en DiarioUChile: “(...) Cómo no lamentar el triste papel de los grandes y poderosos medios de comunicación, como de tantos periodistas obligados a celebrar una derrota y alimentar el desprecio a nuestros países hermanos. Verdaderos topos de la información y sin conciencia alguna del deber ético de asumir nuestra independencia y compromiso con la suerte de todos los seres humanos y pueblos”.

COMPETENCIA. Este menosprecio se vio reflejado en una actitud similar frente a la demanda boliviana, la cual, aunque parezca extraño, recién comienza a preocupar a Chile, que jugó todas sus cartas en la objeción preliminar de competencia que acaba de perder. Ése el espíritu que se siente al leer el texto “We have a problem” del periodista chileno Ascanio Cavallo: “En un mundo perfecto, Chile tendría razones para confesarse extenuado por tantos laboriosos esfuerzos fallidos ante Bolivia. Pero la diplomacia es lo contrario del cansancio, y quizás sea hora también de soslayar a los termocéfalos y a los simplones y admitir que en este mundo imperfecto Chile tiene un problema serio (refiriéndose al juicio en La Haya), profundo, complejo, frente al cual ninguna imaginación de Estado tiene derecho a declararse agotada”.

Con Guillier, Lavín y Cárdenas se tienen entonces críticas a aspectos políticos y sociales que nublan el modo en que la oficialidad chilena ha tomado el fallo, el cual para los tres solo cabe en una palabra: “derrota”.

Aún más, el fallo de la CIJ significa que este tribunal le dice a Chile que tiene un problema pendiente con Bolivia, el marítimo. A pesar de la sentencia, los voceros gubernamentales chilenos respondieron con sordera, aunque no mudez, reiterando que el Tratado de 1904 ha zanjado todo. Ya se veía cómo Guillier dijo que ésta es una tesis jurídica errónea. Desde otro punto de vista, el periodista chileno Ascanio Cavallo, en su artículo “We have a problem”, llega a una conclusión similar: “Desde el punto de vista político, el fallo tiene alcances un poco más amplios, en cuanto le ha recordado a Chile que tiene con Bolivia un problema de relación, y que ése es en realidad su principal problema de política exterior”.

Otra crítica que sale como consecuencia del fallo, resquebraja lo que es el Estado chileno y un nacionalismo exacerbado que defiende una soberanía que no existe. Ya Lavín y Cárdenas lo mencionan en sus textos, pero el académico Arturo Alejandro Muñoz lo dice claro: “En Sudamérica hay un país llamado Chile donde nada es de Chile”.

Luego complementa: “El agua, las carreteras, la telefonía, la salud, la previsión social, la energía eléctrica, los bosques, la minería, la banca, el mar, las sanitarias, el transporte público, los puertos, los lagos, la educación, las comunicaciones (e incluso parte importante de la geografía austral, como es aquella en manos de Douglas Tompkins), son elementos vitales de toda nación que, en nuestro caso, pertenecen en su totalidad a particulares”. Cárdenas añade, en una entrevista que será publicada en extenso en la próxima entrega de Animal Político, que “solo falta privatizar el aire”.

Entonces, lo que el Estado chileno defiende, en el caso del mar, es la propiedad privada y los intereses de siete familias potentadas de Chile. Por tanto, cuando Bachelet dice: “Les aseguro que mi Gobierno —y enfatizó que será el caso de los (gobiernos) que vengan en el futuro— adoptará todas las medidas que correspondan para salvaguardar la integridad de nuestro territorio de manera que bajo ninguna circunstancia ésta se verá afectada”, solo queda una gran interrogante.

‘En rigor, Chile no tiene Cancillería’: Alejandro Guillier, senador independiente de Chile.

Creo que Chile tiene una gran    debilidad institucional. Chile no tiene Cancillería, en rigor. El Presidente decide sin el congreso, sin las universidades —de gobierno en gobierno— sin los especialistas, sin ninguna prospectiva histórica, sin ninguna visión estratégica, y no hay una capacidad crítica que le ayude al Presidente a elaborar esa propuesta, entonces no hay una política de Estado.

‘Sabíamos’ la limitada posibilidad de ganar: Heraldo Muñoz, canciller de Chile.

Todo el equipo compartió la misma convicción (presentar la objeción). Sabíamos que la posibilidad de ganar la objeción preliminar era limitada en razón de las tendencias de la Corte en tiempos recientes. Pero no podíamos dejar de ejercer un paso procedimental al cual Chile tenía derecho. Y la verdad es que no nos arrepentimos para nada de haber dado ese paso.

Reforzar la defensa en todas las instancias: Sebastián Piñera, expresidente de Chile.

Chile tiene que reforzar su estrategia no solamente en la defensa jurídica ante la Corte, sino en el terreno político, diplomático, comunicacional, usar todas las instancias y usar a todos sus personeros. Yo quiero reiterar que (...) estoy absolutamente disponible para colaborar con Chile en esta causa, como lo hemos hecho cada vez que la Presidenta o el Gobierno nos lo han pedido.

‘Desbarató’ la estrategia chilena: Ascanio Cavallo,  periodista chileno.

El fallo de la Corte Internacional de Justicia del jueves tiene un solo significado jurídico para Chile: desbarató la estrategia de terminar de una sola plumada la controversia planteada por Bolivia, como quien se sacude una mosca de la oreja. La excepción preliminar destinada a que la Corte declarase su incompetencia no tenía ninguna otra finalidad, ni podía tenerla.

En tiempo normal, el Canciller habría dimitido: Juan Pablo Cárdenas, periodista chileno.

En tiempos normales o en una democracia seria, el Canciller (...) así como el equipo negociador de Chile ante La Haya, ya habría ofrecido su dimisión después de su derrota abrumadora ante la Corte Internacional de Justicia. 14 sufragios contra dos que, en realidad, son 13 contra uno, si consideramos que uno de los dos votos contrarios (...) fue el del representante nombrado por Chile.

Incompetencia en la clase política chilena: Vivian Lavin, periodista chilena.

Cuando las señales de La Haya nos dicen que la manera de entender las relaciones internacionales con nuestros vecinos por parte de los gobiernos de las últimas décadas no es la adecuada, es tiempo que la cultura empiece a sanar (...) heridas que la política no ha podido recuperar. La incompetencia de nuestra clase política es evidente a la hora de entender lo que es vocación latinoamericana.

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