Animal Político

Fe cristiana y política

La política dirigida al bien común es lo que deberíamos profesar los cristianos. El papa Francisco se ha preocupado de ese precepto, tomando en cuenta que su práctica ayuda a la sociedad.

La Razón / Guillermo Siles Paz

00:03 / 29 de septiembre de 2013

Desde hace unos meses hay personas que me fueron haciendo cuestionamientos, deseosos de una respuesta que satisfaga su inquietud. Las interrogantes eran varias: ¿Existe o no una relación entre fe y política? ¿El cristiano debe o no meterse en política? ¿El Evangelio nos lleva también a una práctica política? ¿Por qué los obispos hablan de política? En cierta forma, todas las preguntas nos llevan a una misma reflexión.  Es decir, cómo empatar nuestra comprensión de la fe cristiana con relación a la vida temporal, que es la política.

Tal vez no es fácil agotar el tema en unos cuantos párrafos, por lo que será necesario entender qué es la fe y qué entendemos por política o, finalmente, qué relación tienen la fe y la política. ¿Cuáles deberían de ser las actitudes frente a esta realidad?

La fe es la experiencia de Dios y su revelación en Jesús de Nazaret que vivió en Galilea, pasó por la cruz y nos abrió la salvación al final de los tiempos. En sus evangelios, nos da la “buena noticia” para nuestra vida.  Muchos nos adherimos a sus enseñanzas; por nuestro bautismo logramos ser parte plenamente de nuestras iglesias.

Pero la comprensión de la fe tiene mucho que ver con asumir el compromiso del anuncio explícito y directo del Reino de Dios, es decir, del proyecto del Padre para la humanidad. Es un proyecto que en su contenido está lleno de valores profundamente humanos, que, viviendo coherentemente, nos hará herederos de su reino. Tanto así que Jesús, al final, será acusado de sedicioso. (Catecismo católico, CC 596) “(...) Entregó a Jesús a los romanos acusándole de revuelta política (Lc 23, 2), lo que le pondrá en paralelo con Barrabás acusado de “sedición” (Lc. 23, 19). Son también las amenazas políticas las que los sumos sacerdotes ejercen sobre Pilato para que éste condene a muerte a Jesús (Jn. 19, 12. 15. 21)”.

La fe tiene una dimensión de respuesta temporal, de vivir las exigencias del proyecto de Dios. ¿Pero cuál es ese proyecto? Primera cosa: un reino de verdad, de libertad, de justicia, de paz, de solidaridad. Los evangelios nos presentan algunos textos concretos como el de las bienaventuranzas, sobre todo en Lc. 6, 21-26. La fe no es una acción pasiva exclusivamente, sino que tiene que ver con la transformación de la realidad temporal. Otro texto, muy concreto es Mt. 25, 31-46. Que el juicio final será una confrontación con tus actitudes, más que con tus creencias. Que es necesario entender la encarnación de Dios en el pobre y en el hambriento o sediento, en el desnudo o forastero, en el enfermo o encarcelado. Nos seguirá diciendo que “cuando lo hicieron con algunos de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”.

Por lo tanto, la fe se debe entender como el compromiso coherente con el mensaje evangélico. Por lo que todo cristiano, si bien es cierto, aspira a la salvación eterna, eso no le exime de su preocupación por la vida del otro. Es una fe que debe actuar e interactuar para hacer visible, aquí y ahora, el Reino de Dios.

¿Qué entendemos por política? Tenemos una doble comprensión: por una parte, la política puede estar ligada a un proyecto político partidario, es decir, de un grupo social; pero también política es la búsqueda del bien común. Esta diferencia es claramente comprensible.

La política “partidaria” tiene que ver con la gobernanza y el poder. Un sector de la sociedad tiene una aceptación de ciertas líneas políticas, sean de izquierda o de derecha. Su preocupación es la construcción de un proyecto político que se consolida a través de estructuras de Estado. Es el arte de gobernar para transformar a través de políticas públicas.

La política implica la búsqueda del bien común, es decir, la preocupación por los bienes comunes de la sociedad. Aquello que está cerca de nuestra realidad, son preocupaciones de carácter social que exigen una participación directa como ciudadanos. De ahí que surgen muchas organizaciones sociales con fines comunes, preocupadas por necesidades básicas, urgentes de ser transformadas. Son los actores sociales preocupados por el bienestar de la comunidad y de la sociedad

¿Qué relación hay entre la fe y la política? Política proviene del griego polis, que es ciudad. Nos lleva a entender que la política tiene que ver con la ciudadanía. Eso quiere decir que no es una preocupación exclusiva de “los políticos”, sino de los ciudadanos.  Tal vez por eso fue que Weber decía “quien hace política busca el poder, bien como medio al servicio de otros fines, o bien por sí mismo, para disfrutar del prestigio que confiere”. Ésta fue una forma pragmática de ver la política. Pero el papa Juan XXIII fue más claro con relación a la política entendida como el bien común. Decía: “El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección.”

Aquí nos da pista de la acción política, es decir, si un cristiano o un creyente toman acciones políticas, no necesariamente responden al ser partidario, sino a su ser político. Toda persona está preocupada por su entorno y vida sociales o de sus condiciones de vida. Ninguna persona puede ser clasificada prejuiciosamente como “político”, que hasta es un eufemismo. Porque políticos somos todos, aun los que creemos en Dios. Lo que sí es evidente es que los evangelios no agotan, de ninguna forma, la construcción social en una ideología, sino que el hombre de fe aspira a todos los bienes con relación a la justicia social, al respeto a sus derechos humanos y a la vida plenamente, y a la salvación.

De ahí que muchas veces escuchamos pronunciamientos que parecerían manifiestos políticos. En sí, son preocupaciones ciudadanas, exigencias éticas y demandas de respeto al ser humano. En esa lógica, podríamos decir que son acciones políticas que buscan el bien común, pero dentro de procesos de discernimiento ciudadano. Casi siempre parten de un análisis de las realidades y manifiestan sus consecuencias. La ciudadanía, desde la fe, conlleva una conciencia crítica frente a sus preocupaciones temporales.

El accionar de la política desde nuestras fe. El papa Francisco dijo en las últimas semanas que un buen católico participa de la política: “La política, dice la doctrina social de la Iglesia, es una de las formas más altas de la caridad, porque sirve al bien común. Yo no puedo lavarme las manos. Todos debemos hacer algo”.

Además, expresó la responsabilidad como ciudadano. “Nadie de nosotros puede decir: ‘Pero yo en esto no entro, ellos gobiernan’. No, no, yo soy responsable de su gobierno y debo hacer lo mejor para que ellos gobiernen bien y debo hacer lo mejor participando en la política como yo puedo”.

El catecismo católico nos dice, en varios momentos, la importancia que tiene la participación en política, pero en el ámbito del bien común y la respuesta que debe dar el Estado (CC 1910). Son los laicos que deben ser animados a participar (Sollicitudo rei socialis, 47 y 42), “animar, con su compromiso cristiano las realidades y en ellas procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia”.

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