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Sale Felipe Bulnes, entra José Miguel Insulza

El discurso histórico estructural que se ha erigido en Chile, y que es parte de la base del ‘negacionismo’ (la idea de que Chile no tiene temas pendientes con Bolivia), a mi juicio se ha agotado. La respuesta de la CIJ fue clara, ya que en definitiva reconoce temas pendientes entre ambos países.

La Razón (Edición Impresa) / Máximo Quitral Rojas

00:01 / 30 de noviembre de 2015

Contra todo pronóstico, el ahora exagente de Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya Felipe Bulnes decidió dar un paso al costado en la tarea de continuar liderando el equipo jurídico que defiende al Gobierno chileno de la demanda marítima boliviana.

Lo curioso de su decisión, y la cual esgrime en una carta, es que esto se debe a la nula “cohesión y unidad en torno al equipo de defensa”. Esto se puede interpretar de dos maneras. La primera es que recién ahora la defensa de Chile comprendió (forzadamente) que la resolución dada por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) el 24 de septiembre sí había sido una derrota, y no como nos hicieron creer desde La Moneda. Es decir, el mensaje oficial que lo ocurrido ese día debía interpretarse como un triunfo y que la posición chilena quedaba más sólida aún; pero lo que pasó en realidad fue una absoluta derrota para las aspiraciones chilenas, que buscaban terminar en ese momento el juicio contra Bolivia. Empero ahora nos encontramos con que las razones planteadas por el equipo jurídico boliviano fueron acogidas, se extiende el juicio y estamos como en el comienzo.

La segunda cuestión tiene que ver con las diversas críticas que ha tenido el canciller Heraldo Muñoz sobre la manera de abordar la demanda boliviana, ya sea en la forma como en el fondo. Esto se ha traducido en que no todos en Chile están de acuerdo en cómo se ha enfrentado este nuevo impasse diplomático con La Paz, y que hoy nos tiene enfrentados una vez más con el país vecino.

El discurso histórico estructural que se ha erigido en Chile, y que es parte de la base del negacionismo (la idea de que Chile no tiene temas pendientes con Bolivia), a mi juicio se ha agotado. La respuesta de la CIJ fue clara, ya que en definitiva reconoce temas pendientes entre ambos países, cuestión que algunos historiadores y juristas chilenos habían asumido como verdad absoluta e intangible. Debo mencionar, eso sí, que en varias entrevistas televisivas y radiales, como también en distintas columnas de opinión, señalé enfáticamente que impugnar a la CIJ era un error político y que la tesis negacionista no serviría en este proceso, estimulando en pensar nuevas formas de relacionarnos entre Bolivia y Chile, como también con Perú. Más que pensar negativamente sobre el desa- rrollo de las relaciones vecinales entre Chile y Bolivia, hay que ubicar esta disputa en una oportunidad de reconstruir nuevas relaciones diplomáticas con los Estados vecinos.

Ahora bien, con la salida de Felipe Bulnes llega a conducir los intereses de Chile (como nuevo Agente ante La Haya) un excanciller y Ministro del Interior concertacionista, quien además dirigió la Organización de Estados Americanos (OEA) y que tiene aspiraciones presidenciales. Su personalidad es superior al cargo que hoy adopta y podría perfectamente opacar al actual Canciller y, ¿por qué no?, a la propia presidenta Michelle Bachelet. No se puede desconocer el peso político de José Miguel Insulza, pero más allá de apelar a profundizar la idea de “unidad nacional”, lo que uno espera es que tienda puentes de entendimiento con Bolivia y minimice los espacios de conflicto diplomático que se han visto en el último tiempo.

La tarea no es para nada sencilla, pero si lograra algún éxito superior a su antecesor y si centra sus esfuerzos en reforzar lo político por sobre lo jurídico, muchos en la Concertación [“Concertación de Partidos por la Democracia”, coalición de partidos de izquierda, centroizquierda y centro, base política del actual gobierno de Michelle Bachelet, hoy bajo la denominación Nueva Mayoría] verían con buenos ojos elevarlo a categoría de presidenciable, para salvar a la Nueva Mayoría de perder el gobierno. Sin ir más lejos, la derecha chilena ve con buenos ojos el arribo del exministro al equipo de La Haya, no solo por su manejo político, sino también por los esfuerzos hechos por su persona para traer de vuelta a Augusto Pinochet a Chile. Quizás este episodio en su historial político no sea motivo de alegría para algunas organizaciones y probablemente en el propio Tribunal sea visto con recelo, pero dependerá de su relación con los vecinos en cómo pase a la historia. El camino está cuesta arriba para el excanciller, sobre todo pensando en los logros diplomáticos del presidente Evo Morales, quien ha instalado magistralmente su demanda en el concierto internacional.

CARTA. El siguiente es un fragmento de la carta de renuncia que el exagente ante La Haya chileno Felipe Bulnes envió a la presidenta Michelle Bachelet; es la parte en que sustenta su dimisión. “El caso es que esas voces que han visto con pesimismo el que no se lograra poner un término temprano al juicio, han tenido por consecuencia afectar parte de las confianzas y el respaldo unitario que imperativamente demanda la defensa de Chile en la arena internacional. Nuestra mayor fortaleza en estas instancias siempre ha sido la unidad con que enfrentamos semejantes desafíos.

En este contexto, resulta fundamental para el interés de Chile restablecer cuanto antes un nivel de cohesión y unidad en torno al equipo de defensa que garantice que las decisiones jurídicas, políticas y comunicacionales que siguen no se verán afectadas por recelos o desconfianzas que solo conducirían a perjudicar nuestra estrategia ante la Corte (...).

El equipo de defensa, y especialmente el Agente del país, debe contar con un respaldo macizo y transversal. Los países que salen airosos de desafíos como el que enfrentamos son aquellos que logran apoyar decididamente a quienes los representan en estas instancias. Apoyo que no solo supone un sólido respaldo del Gobierno de turno, cuestión de la que siempre he sido beneficiario y sinceramente agradezco, sino también de la sociedad en general.

Es esto último lo que se ha perdido de un modo suficiente como para estimar que debo dejar el cargo. No me sirve la tranquilidad de saber que hemos tomado las decisiones correctas y que Chile ha logrado socavar esencialmente la aspiración judicial boliviana. Se trata de una convicción clave desde el punto de vista personal, pero que no constituye un remedio que pueda oponer para solucionar el problema de cohesión que vengo describiendo”.

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