Animal Político

Fernando Salazar: La demanda es ‘una construcción de muchos’

Salazar, diplomático, periodista y abogado, presentó su libro El mar dentro de nosotros. El texto recoge escritos sobre el tema marítimo que vienen de hace 30 años, hasta 2014. Sus reflexiones permiten una mirada fresca sobre el conflicto y el posible fin del mismo. 

Fernando Salazar.

Fernando Salazar. Foto: Alejandra Rocabado.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:03 / 25 de octubre de 2015

Fernando Salazar presentó su nuevo libro El mar dentro de nosotros. Ensayos, lecturas y precisiones sobre política marítima boliviana. Esta publicación reúne 30 años de textos sobre el tema del mar, con todo un cuerpo de ideas en vista a lograr la reintegración marítima. Acerca de estas reflexiones que atraviesan la obra, Salazar habla con Animal Político.

— El mar como interioridad en los bolivianos no solo está en el título, sino que está a lo largo del libro.

— Sí, es un contexto cultural que tenemos a partir de la Guerra del Pacífico, donde de una mentira empírica se nos ha dicho que Chile es nuestro enemigo y Perú nuestro amigo. Eso ha calado profundo. El mar ha llegado a tener una categoría sacrosanta. Nunca hemos profundizado, siempre nos hemos dejado llevar por el corazón más que por la cabeza. Pero, ¿qué hemos hecho realmente para recuperarlo, aparte de reunirnos cada 23 de marzo y hacer dar vueltas los despojos de Eduardo Abaroa y hacer discurso? Hemos hecho muy poco. Siempre, además, hemos tenido una actitud reactiva, hasta que llegó Evo Morales. Plantear esta demanda, con la cual uno puede o no estar de acuerdo, establece por primera vez algo proactivo e inusual. Inusual también consigo mismo, porque él (Morales) siempre estaba diciendo que Chile tiene que darnos una propuesta.

— Entonces, Bolivia tiene que proponer.

— Si tú fueras chileno, ¿qué propuesta presentarías? Una favorable a tus intereses. Entonces, la propuesta tiene que partir de no-sotros. Para que esté delante de nosotros, como dice Roberto Prudencio, tenemos un largo trecho por recorrer. Creo que lo que ha hecho el Presidente está bien, coadyuva; pero todavía es una consigna y no un plan.

— En qué se evidencia esto que no es un plan. Pienso en las declaraciones de Morales contra Muñoz.

— No quiero referirme a este tipo de anécdotas que se dan en todos los tiempos. Yo creo que tenemos que sentarnos, hablar de la cuestión de fondo. Estamos en un gran partido de fútbol, tenemos un equipo bueno. Hemos metido un gol, pero estamos a diez minutos de haber empezado el partido y ya sabemos nosotros cómo nos va en el fútbol... Todavía hay 80 minutos de juego, no podemos cantar victoria. Creo que ha sido bueno porque ha sido un gol.

— Es lo que viene diciendo el agente Rodríguez.

— Claro, Rodríguez es el hombre más sensato y con conocimiento de los procesos judiciales. Yo no estoy muy seguro, pero no creo que el discurso pueda influir en la Corte.

— ¿O sea que sería algo estrictamente jurídico y no político?

— Una cosa es la cuestión política.

— Entonces, ¿lo político no gana votos de los jueces?

— No. Una cosa es lo político. Creo que la solución al problema marítimo no es jurídica, sino política.

— Esa idea está incluso en sus escritos más tempranos.

— Claro, la solución política quiere decir confrontar argumentos e intereses en una mesa y persuadir al otro de que lo que estoy planteando es bueno, pero también tomar en cuenta que lo que estoy planteando tiene limitaciones. Entonces, tenemos que apartarnos de esa lógica tan perversa que viene del siglo pasado, que es una lógica de poder. ¿Por qué dice Heraldo Muñoz que hay un Tratado? Porque quiere hacer prevalecer la lógica del poder. Porque tenían poder y nosotros no firmamos el Tratado. Hay que entrar en el equilibrio de intereses. ¿Qué le interesa a Chile? Todos los días hay canjes territoriales. Nosotros lo hacemos. Cuando van nuestros expertos y se ha movido un hito se dice entonces que se mueva otro. Todo el tiempo se hacen canjes territoriales en pequeño.

— Pero en la opinión pública es un escándalo.

— Claro, porque se desconoce el asunto. El canje territorial es un instrumento normal en las relaciones internacionales. No tenemos que tener miedo a eso. Yo digo una salida libre, soberana y con conexión territorial. No digo “útil”. ¿Qué quiere decir “útil”?, quiere decir “puerto”. ¿Quien metió esa palabra, esa zancadilla?: Perú, para decir que los bolivianos quieren Arica.

— ¿Por qué no hablar de enclave?

— Digo “libre” porque el mar está dentro de nosotros, queremos llegar al mar sin tener que atravesar otro país. ¿Qué se nos pone al frente? El enclave. “El enclave está bien”, dicen los empresarios porque con eso hacen negocios. Digo “soberano” para que sea nuestro. “Útil” quiere decir con puerto, ¿qué puerto hay ahí? El de Arica, los chilenos no van a dar Arica, pero eso lo metió Perú y nosotros hemos repetido la zancadilla que metió Perú. La diplomacia peruana es la mejor de Sudamérica, muy hábiles. Ellos han ganado, porque Perú, cuando presentó su demanda, estaba en cero, ha pedido 100 y ha conseguido 50, ha ganado.

— Chile le ha cedido soberanía de miles de kilómetros.

— ¿Cuándo se ha empezado lo del Perú? Hace cuarenta años y les ha dado resultado, eso es política de Estado. Chile no tiene política de Estado, ése es otro mito.

— Recién lo dijo el senador chileno Alejandro Guillier en Chile.

— No hay, es que somos tan desgraciados que nos comparamos con Chile y decimos que son una gran cancillería y no es así, lo hemos demostrado.

— ¿Cómo ve las ideas de sus textos de hace 30, 20 años a la luz del juicio, por ejemplo, el tema de una salida subóptima que preceda a una salida óptima?

— Decía que la solución no es jurídica sino política. En política hay que diferenciar la negociación política del discurso político. Los resultados de una negociación son públicos; las negociaciones son secretas, cerradas. No hay negociación de cara al pueblo. Hay que tener sí una base de consenso para ver qué es lo que se va a plantear. Creo que mi pensamiento ha evolucionado mucho, me he vuelto más realista y menos emotivo.

— El realismo para enfrentar el tema es recurrente en su libro.

— Yo soy un realista, sé hasta dónde van mis posibilidades, pero también tengo que saber hasta dónde van las de mi interlocutor. Porque si yo le pido a Chile una salida al mar que implique quitarle 3.500 km cuadrados de su territorio tengo que estar consciente de que Chile puede darme. Si sé que no me puede dar y sigo insistiendo, entonces van a pasar otros 100 años de desfiles. ¿Puede dar eso Chile? No, porque tiene limitaciones constitucionales. Pero voy más allá. Bueno, le daré 3.500 a cambio, a sabiendas de que en Bolivia van a decir “éstos nos han robado y de paso piden más”. Pero el espacio-tiempo histórico ha cambiado. De dónde voy a sacar ese territorio para darle y llegar al objetivo. Tendría que sacar a Oruro. Los orureños por lo que dijo Milena Fernández casi se declaran autónomos.

— O los potosinos.

— O los paceños. Entonces hay que ver alternativas, Personalmente pienso que se les puede dar un enclave en Puerto Suárez. Los cruceños, con otra mentalidad, aceptan: “acá vamos a hacer negocios”. ¿Alguien está viendo propuestas?

— Tal vez Charaña, en la negociación “agua dulce por agua salada” o en la propuesta gas por mar.

— Hasta ahí hemos ido, pero algo más serio no se ha hecho, porque no es cuestión de decir que les vamos a dar Puerto Suárez, sino ver si al norte, al sur o dónde. Eso implica un estudio de por lo menos dos años. ¿Qué pasa si Chile dice ‘no quiero sino gas’ y que no puede dar lo que se le pide’? Ahí entra la idea de supremacía territorial. Yo no la descarto. Ésa es una alternativa. El mejor escenario es que la Corte dé la razón a Bolivia y diga que se negocie de buena fe y rápido. Siendo Chile, ¿cómo reaccionarías?

— Se espera un cumplimiento del fallo en razón de su prestigio.

— La posibilidad de respetar el fallo por su prestigio es lo que quisiéramos algunos acá. Pero todo el mundo ve sus intereses y actúa en función de éstos. Puede también sentarse. Aquí hay otros escenarios: dilatar, como lo ha hecho ya; puede pedir una propuesta boliviana y pedir canje territorial; o puede decir que no puede dar soberanía, pero sí supremacía territorial por 90 años. Hay otras posibilidades.

— Usted apunta en sus libros a una solución subóptima que puede ser perfectible.

— Así es. Pero no estamos viendo todavía eso, sino cómo llegar a los escenarios de negociación. Para eso necesitamos un grupo de pensamiento estratégico con jóvenes talentos en una mezcla de ajedrez y póker. El presidente hizo una jugada de póker al plantear la demanda. Ahora hay que ser un poco recatados porque no ha terminado el partido.

— ¿Cómo ve los momentos históricos del tema: Charaña, 1979,  1983, el Enfoque Fresco, Algarbe, hasta la demanda?

— En el fondo hubo un proceso de construcción de doctrina de política internacional sobre el retorno al mar, en el cual han aportado muchos bolivianos. En ese proceso hay luces y sombras. El 79 (Resolución de la OEA) es un momento estelar de todo un trabajo que se había hecho antes desde los 60, con personas como Jorge Escobari Cusicanqui o Gonzalo Romero. Después viene la Resolución de la OEA del 83, que no es mejor, pero es un corolario lógico de avance de la Resolución del 79. No hay una sin la otra. Ya con la del 83 se puede llegar al Enfoque Fresco y a todo lo demás y, finalmente, a la demanda. Estaba leyendo un artículo donde se decía que hay que darle crédito al doctor Ramiro Orías. Hay contribuyentes. ¿Quién ha sido el más grande contribuyente de la demanda?

— Jorge Escobari Cusicanqui, no hay dónde perderse, deja todo servido.

— Jorge Escobari Cusicanqui, no hay dónde perderse. Escobari era un diplomático metido a político, estudioso, que comienza a desentrañar esto. “Nos han engañado esta vez, esta otra y ésta”. Luego viene Orías y con más formación jurídica dice que esos son actos unilaterales que obligan y le da un contexto jurídico. Viene (Remiro) Brotóns y lo convierten en una causa.

Acá hay una construcción en la que han participado muchos. Hoy, uno de los fundamentos de la demanda es la resolución del 83, sin esto hubiésemos estado cojos porque de los otros compromisos tenemos documentos, pero lo del 83 fue un acto público. Hay que decir que éste es un país que ha estado construyendo su doctrina, acá no hay predestinados.

En el mejor de los escenarios vamos a tener que presentar propuestas, una de ellas puede ser lo de la supremacía territorial, no es la alternativa óptima, pero tenemos que analizar en ese momento las circunstancias que se den. En este país, en materia internacional, faltan estrategas. Lamentablemente, los nombramientos diplomáticos no han sido los más felices los últimos tiempos.

— ¿Seguirá escribiendo del tema?, su último texto parece una despedida

— Son 30 años que escribo de esto, creo que se necesita sangre nueva, que surjan los jóvenes talentos. Hay una evolución en el pensamiento. Es difícil seguir escribiendo 30 años sobre un mismo tema. Mi texto no pretende ser un texto académico, es un recuento que puede ser útil.

Datos

Nombre: Fernando Salazar Paredes

Nació: En La Paz, en 1943

Profesión: Abogado, diplomático y periodista

Perfil

Fernando Salazar fue el diplomático que negoció con Chile la Resolución de la OEA  de 1983, la cual es hoy una prueba en la demanda boliviana contra Chile en La Haya. Ejerció el periodismo, fue diputado por el MNRI  (1985-1989), ministro de Lydia Gueiler, docente universitario. Escribió numerosos libros.

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