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Flavio Machicado : Enfermedad del capitalismo de Estado: burguesía burocrática

Nunca está de más volver a ver el pasado. A diez años del actual proceso de cambio encabezado por el MAS, el académico y exministro de la ‘época republicana’ Flavio Machicado Saravia invita a otra lectura del  pasado y presente económicos del país; quede en actas para el debate.

Flavio Machicado

Flavio Machicado Foto: Alejandra Rocabado.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:03 / 01 de febrero de 2016

Flavio Machicado Saravia fue ministro de Planificación y de Finanzas del gobierno de Juan José Torres (1970-1971); en 2010 publicó su libro Historia económica de la república de Bolivia (1952-2009), cuyo título no deja de ser significativo: abarca la historia económica hasta prácticamente el último año de la “república”, incluido el primer gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS). Al cabo de los seis años del Estado Plurinacional y los diez de la administración gubernamental del presidente Evo Morales, es oportuno tener una plática con Machicado Saravia, tanto por su reflexión histórica de los primeros años del actual proceso, como por lo que puede ser una ‘actualización’ de sus tesis de entonces.

—En su ‘historia’ caracteriza al actual régimen como la construcción de “un nuevo capitalismo de Estado”.

— El capitalismo de Estado es una respuesta a la ausencia de actores económicos que pudieran cumplir determinado papel; por eso el ciclo de la revolución boliviana (desde 1952) se inicia con un capitalismo de Estado, que luego se diversifica en otras actividades económicas fuera de la minería; en particular, la incorporación de las tierras bajas a la economía nacional. El capitalismo de Estado en los años 60 fue planteado con una filosofía mucho más amplia y abierta, que era la idea de crear empresas para transferirlas a los actores sociales independientes. Sin embargo, lo que pasó fue que los burócratas del Estado que crearon todo este proceso al final se encariñaron con su propio (producto), y se dio lugar a un capitalismo de Estado con una burguesía burocrática, que es el otro elemento que caracteriza al capitalismo de Estado.

—¿En el gobierno del MAS se dan esos rasgos del capitalismo de Estado que nació con la revolución del 52?

— Claro, porque la teoría que planteó el Vicepresidente (Álvaro García) era de que la economía boliviana tenía que ser básicamente estatal; ése era su objetivo, que hoy está cambiando porque naturalmente la realidad está mostrando que ese camino no va a llegar muy lejos que digamos, ya se ha quedado en el 35%-40% del PIB. Ahora, este capitalismo de Estado es una respuesta a la famosa capitalización, privatización-capitalización, cuando el Estado se despoja (de las empresas públicas) para dar lugar a una economía de libre mercado. Pero, ¿por qué lo hace? Porque en el capitalismo de Estado, por la burguesía burocrática, que es una combinación de empresarios privados que se aprovechan del Estado, los burócratas que administran las empresas públicas y los líderes sindicales que se aprovechan, los tres en el fondo lo que hacen es extraer el excedente público, que en lugar de manifestarse en forma colectiva, es apropiado de manera individual. Cuando se dio la capitalización, las empresas públicas habían llegado a tal extremo de ineficiencia económica que no había posibilidades de conseguir excedentes económicos con los cuales pudieran lograr inversión.

— En el libro señala que el factor determinante para los capitalismos de Estado ha sido la subida del precio de las materias primas.

— Exactamente. Es una cosa absolutamente excepcional. En la década del 70, cuando (Hugo) Banzer, hubo un incremento bastante importante, los famosos petrodólares.

— En cuanto a los precios altos, ya se señaló la similitud entre el periodo de Banzer y el gobierno del MAS.

— Así es, y hay otra coincidencia: el desarrollo del producto en la época del general Banzer, el desarrollo del bienestar, cuando se empieza a desarrollar la clase media, ¿en qué también se traduce? En un derroche en materia de endeudamiento público; hoy estamos viendo la misma receta.

— Una reivindicación del actual modelo es la economía comunitaria. Usted, en su libro, en 2010, ya afirmaba que no se sabía qué es esto o que no terminaba de cristalizar.

— La economía comunitaria ya fue destruida durante el proceso que hemos vivido desde la Colonia a la fecha; es un imaginario que tiene el Gobierno, pero que no veo dónde pueda existir; es como cuando se hablaba en Bolivia de la ‘economía mutualista’, ¿se acuerda de las famosas mutuales? Pero nunca hubo un mutualismo como tal; lo mismo el cooperativismo, el cooperativismo en la producción tampoco ha existido en Bolivia; lo que ha existido es el cooperativismo en el consumo. No son estructuras que se hayan consolidado, insertado y desarrollado como parte del proceso de construcción de la producción de bienes y servicios.

— Se llama economía comunitaria a la producción agrícola en las tierras altas, donde aún hay tierras comunitarias.

— Yo hice mi tesis sobre la reforma agraria y cuando analicé el fenómeno había tierras colectivas y tierras individuales, ¿y qué ocurrió? La idea era preservar justamente el inicio de un desarrollo comunitario, pero la orientación, la tendencia, al final es individual; el individualismo es parte de nuestra, digamos, acción colectiva, de nuestra idiosincrasia en materia económica, o en materia de propiedad.

— En su tesis (1966), que cita en el libro, afirmaba que el desarrollo económico y social del país no iba a ser tal si es que no tenía al campesino como sujeto de dicho proceso.

— Así es.

— Y dice más: en el gobierno del MAS tampoco se está dando ese desarrollo.

— Cuando me inserté en este tema, vi que en el desarrollo de la revolución boliviana lo que se había roto era la servidumbre; y como producto de la revolución boliviana, se desata la fuerza nacional; entonces, para mí ésta es la nación. Así, la afirmación es: ‘estos actores son los que tienen que resolver el proceso y el destino nacional’. Pero ha pasado mucho tiempo, hubo una expulsión del cam-po a la ciudad, hay un proceso de urbanización, de ensanchamiento del comercio; en consecuencia, ya la sociedad es una mezcla complicada de personajes de los cuales no podemos hacer una definición muy categórica. Por eso sostengo que este proceso que llaman ‘Estado Plurinacional’ es un fenómeno en el que la mayor parte de la población lejos de ser incorporada como actor básico, lo que ha ocurrido es un cambio en la toma de conciencia colectiva, de una conciencia en sí a una conciencia para sí; es parte de un proceso de evolución, que todavía está en camino.

— En 2010 también ve que la integración nacional, entre campesinos y no campesinos, tampoco avanzara debido a un discurso que fomenta la división entre los bolivianos.

— El concepto racista o racial, que evidentemente es muy peligroso. En Perú yo tuve la oportunidad de ser amigo de Aníbal Quijano, y él hablaba de la teoría de la ‘cholificación’ del Perú, pero como un factor de identidad nacional y cultural a la vez, cosa que nosotros no estamos desarrollando o fomentando por razones de carácter más bien político, lo que debe superarse.

— En su análisis del primer gobierno del MAS, toca el tema de la nacionalización: para usted, no hubo tal; lo que sí en el gobierno de Ovando.

— Es muy simple. Lo que pasa es que en el caso de la Gulf (Bolivian Gulf Oil Company), desaparece la Gulf y aparece el Estado; ahora, no fueron procesos tan nítidos o radicales, porque la nacionalización de la Gulf fue todo un proceso, la creación de IABOC, porque los empresarios de la Gulf y Estados Unidos querían asegurarse de que se les indemnice, y para eso sugirieron que se forme una empresa específica extranjera; nosotros, en el gobierno de Torres, establecimos y negociamos que fuera IABOC, que era una subsidiaria de Yacimientos.

— Para pagar la indemnización.

— Exactamente. Ahora, ¿qué ha ocurrido con este proceso (en 2006) que habla de nacionalización? En realidad, lo que ha pasado es una compra de activos o de capital accionario, porque siguen las mismas empresas produciendo en asociación con Yacimientos (YPFB), y aquí no ha pasado nada. Otra cosa: esto no tiene por qué verse como algo malo, las condiciones externas o internacionales son distintas; en la época de la Gulf, del general Ovando, había todo un proceso de nacionalización en el mundo árabe; había condiciones externas como para apropiarse del patrimonio, de los recursos (de las empresas); hoy día, este gobierno no podía haber hecho eso y ha actuado de una manera diferente. Lo que pasa es que usa el eufemismo de la nacionalización y eso es un engaño (para) hablar de lo que hizo, y que está bien, y que da ciertos resultados, hasta ahora. En este esquema el gran problema es que el socio no es un inversor en potencia; es un socio que acompaña el proceso de producción, del cual se beneficia muy cómodamente a recibir la retribución de sus gastos de operación; no arriesga nada, y esto hay que tenerlo muy presente.

— ¿Qué futuro le ve al actual ‘capitalismo de Estado’?

— El capitalismo de Estado está fuerte porque están fuertes las condiciones políticas para eso, pero el capitalismo de Estado tiene una enfermedad intrínseca: la burguesía burocrática; la enfermedad es que está siendo administrado por burócratas, tecnócratas, políticos y empresarios vinculados al gasto de la inversión pública; todos, como saben que su vida depende de la voluntad del que manda, porque además no hay institucionalidad, falta de piso legal, no pueden tener una visión de largo plazo; se está condenado a sufrir los vaivenes de lo cotidiano, de la política, de lo eventual, cuando hoy en las empresas necesitamos planificación de largo plazo, nueva tecnología.

— Una de sus mayores preocupaciones es la institucionalidad.

— Así es. Sin institucionalidad no vamos a poder convivir ni desarrollar absolutamente nada, éste ha sido uno de los grandes problemas desde la independencia. La condición es tener estructuras institucionales fuertes, particularmente estatales, pero también privadas; que las reglas de juego, la norma, sean muy fuertes para evitar avasallamientos. Si hay una institucionalidad fuerte, uno no tiene por qué temer a que venga el capital de afuera.

— Y no solo la estatal, sino también la privada…

— Fundamentalmente la privada, porque la institucionalidad privada provoca la participación de la sociedad en las empresas. Hace poco hice un estudio sobre la bolsa de valores; y era muy simple, hablar y preguntarle a los empresarios: ‘¿usted está dispuesto a generar acciones, a comprarlas, a emitir papeles? Y la mayor parte de los empresarios bolivianos no quieren saber de eso; estamos  contra la historia, porque vamos a seguir conservando nuestras empresas para nosotros mismos, cuando en realidad tenemos que democratizar el capital, para su expansión, y eso es institucionalidad privada, respeto a mayorías y minorías; (no decir) ‘no, no, yo nomás soy dueño, como tal manejo mi empresa como quiero’. Hay un estudio muy interesante de la banca del continente hecho por un alemán; y llega a la conclusión ‘señores, la banca es oligopólica, está en manos de pocos empresarios; en cambio, en Alemania, la banca es de sociedades anónimas inmensas, y como tales tienen que cumplir con la ley’.

Datos

Nombre: Flavio Machicado Saravia

Nació: La Paz, 1938

Profesión: Ingeniero Comercial, Planificación Económica, consultor internacional.

Perfil

Ministro en los gobiernos de Juan José Torres y Hernán Siles Z.; candidato a la Vicepresidencia; Superintendente de Recursos Jerárquicos del Sistema Financiero y diputado nacional. Escribió, entre otros: ‘Ensayo crítico sobre la Reforma Agraria en Bolivia’; ‘La redistribución del ingreso y su impacto sobre el consumo de alimentos’. 

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