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Francia: un dilema complicado

No se trata solo de escoger entre Macron y Le Pen, porque otras opciones como la abstención o el voto en blanco favorecerían a Le Pen. Cuanto menor sea el margen de triunfo de Macron, mayor será el impacto psicológico en la ciudadanía a la hora de elegir a los miembros de la Asamblea Nacional.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y Miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

00:00 / 07 de mayo de 2017

El domingo 23 de abril, antes del anuncio oficial del escrutinio presidencial, el enorme salón de exposiciones de la Puerta de Versalles ya se encontraba repleto de selectas barras de jóvenes, periodistas del mundo entero e invitados especiales, todos convocados para celebrar la victoria —en el primer turno de los comicios— de Emmanuel Macron, quien a sus 39 años simboliza la juventud y el talento de la generación de relevo que mediante el voto democrático jubiló ese día a los dos partidos tradicionales de izquierda y de derecha que, por 40 años, se alternaron en el Palacio del Eliseo, excluyendo a cofradías antisistema, mediante reglamentaciones que impedían un reconocimiento proporcional al favor popular recogido en las urnas. Macron, hace menos de un año, dejó el Ministerio de Economía del gabinete socialista de Francois Hollande, para fundar su propio partido En Marcha! mediante un simple manifiesto que pretendía dar contenido social a la trilogía republicana de libertad, igualdad y fraternidad.

Dentro ese sencillo marco, más tarde alimentó un programa sólido de reformas estructurales que encaren resueltamente la problemática económica que agobia a la nación francesa. Declarando no ser ni de izquierda ni de derecha, sus recetas podrían ser tildadas de liberales, pero enfundadas en la realidad insoslayable del mundo globalizado, donde la competitividad es desafío permanente. Entretanto, sus adversarios tanto del Partido Socialista como del conservador Los Republicanos se enfrascaban en elecciones primarias que los descuartizó en parcelas irreconciliables. Dos otras fuerzas antisistema, atrapaban en tenaza al joven Macron: el neofascista Frente Nacional de Marina Le Pen (48) y la criptocomunista La Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon (66), empujándolo inexorablemente al centro del espectro político. Como el procedimiento electoral permite postularse a todo aquel que obtenga el aval de al menos 500 autoridades electas (diputados, senadores, alcaldes y ediles) se registraron once impetrantes, de los que cobraron relevancia, solo los cinco citados anteriormente. De 47 millones de ciudadanos empadronados, se contabilizó un bajo nivel de abstención, dejando para Emmanuel Macron el 24,01%, Marina Le Pen 21,30%, Francois Fillon (Los Republicanos) 20%, Jean-Luc Mélenchon 19,58% y Benoit Hamon (socialista) el 6,36%. En vista de que ninguno obtuvo la mayoría absoluta, el 7 de mayo se efectuará el balotaje entre los dos primeros. Siguiendo una tendencia republicana de levantar una barrera universal del Frente Republicano contra el Frente Nacional, se pronunciaron de inmediato a favor de Macron los principales dirigentes socialistas y “republicanos”, rememorando lo sucedido en 2002, cuando Jacques Chirac se enfrentó a Jean-Marie Le Pen (padre de Marina) en memorable balotaje que terminó en 82,21% contra 17,79%, en favor del primero.

Curiosamente, el líder de La Francia insumisa no se pronunció aún en favor de Macron, actitud altamente criticada incluso por sus adláteres (entre los cuales se cuenta el otrora poderoso Partido Comunista) que, por sus raíces históricas de lucha contra el fascismo, piensan que es imperativo votar por el mal menor. Sin embargo, analistas cínicos juzgan que Mélenchon tiene su vista puesta en las elecciones legislativas del 18 de junio, en las cuales piensa cosechar una centena de curules, aprovechando la falta de maquinaria regional de Macron, el supuesto nuevo presidente. Otros, mas aviesos, adelantan la idea que Mélenchon alentaría el voto por Le Pen, para provocar un caos favorable a su fobia antisistema. En efecto, parece confirmarse el adagio que el camino hacia la extrema derecha es la extrema izquierda, porque en este caso entre Mélenchon y Le Pen figuran muchos puntos de coincidencia programática: salida de la Unión Europea y de la zona euro; abandono de la OTAN, por la soberanía nacional y la antiglobalización; contra el patronato capitalista, el proteccionismo solidario.

Irónicamente, la candidata Le Pen dobló al radical Mélenchon en número de votos obtenidos entre la clase obrera; por ello, es altamente probable que los “insumisos” transiten fácilmente de un extremismo al otro, restando votos a Macron, particularmente en áreas geográficas con elevado nivel de desempleo.

Por aquellas y otras razones, la contienda electoral del domingo 7 se complica por cuanto está superado el esquema simple que prevaleció en 2002 (Chirac vs Le Pen). La nueva líder del Frente Nacional logró desdiabolizar a esa agrupación y al electorado se le ha añadido una preocupación más gorda: la inmigración incontrolada que se amalgama con el recrudecimiento del terrorismo. Le Pen aprovecha al máximo ese temor, proclamando la necesidad de cerrar fronteras e imponer una moratoria a la inmigración sea ésta ilegal o no. Tampoco se trata solo de escoger entre Macron y Le Pen, porque otras opciones como la abstención o el voto en blanco favorecerían en cierto modo a Le Pen. Cuanto menor sea el margen de triunfo de Macron sobre Le Pen, mayor será el impacto psicológico en la ciudadanía a la hora de elegir a los miembros de la Asamblea Nacional, la cual reflejará las querellas parroquiales de las regiones y complicará la aspiración de Macron de construir su propia mayoría parlamentaria. Ergo, ante esa imposibilidad Macron estará obligado a cohabitar sea con la bancada socialista o de la derecha moderada, dejando a los extremos el rol de oposición salvaje.

En el plano externo, a Macron han llegado señales de solidaridad y aliento del expresidente Barack Obama, de la canciller alemana Angela Merkel y de otros dirigentes europeos. En cambio, Marina Le Pen no solo fue recibida con alfombra roja por Vladímir Putin, en el Kremlin, sino que en 2014 un banco ruso le abrió crédito de 900 millones de euros para su campaña. Por añadidura, se ha denunciado que hackers rusos han comenzado una avalancha de ataques cibernéticos contra Macron, empleando las modalidades ejercitadas para favorecer el triunfo de Donald Trump frente a Hillary Clinton.

Finalmente, en términos aritméticos, aunque recientes encuestas otorgan a Macron una holgada mayoría (62% vs. 38%) no se descartan factores imponderables que, como un atentado terrorista, pudiesen sacudir el presente tablero político y desestabilizar la crónica de una victoria anunciada.

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