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Francisco en Bolivia, para no olvidar a los excluidos

Ojalá la visita a Bolivia del papa Francisco permita esclarecer un diálogo con respeto y con claras competencias de uno y otro (el Estado y la Iglesia Católica), en especial en los sectores de salud y educación.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Núñez

00:01 / 19 de abril de 2015

El papa Francisco estará en Bolivia en julio. Por donde va, su mensaje es claro, exhorta a que la Iglesia esté presente en las periferias, allí donde el rostro de Cristo está en medio de la gente. Tiene una opción clara por los excluidos y demanda que la economía no esté al servicio de la ambición, y más bien propicie el desarrollo humano integral.

¿Por qué viene a Bolivia? El país aún tiene niveles de pobreza y desigualdad que deben ser atendidos con soluciones sostenibles en el tiempo. Al Pontífice le preocupan las mujeres y niños víctimas de la violencia; las personas privadas de libertad en cárceles hacinadas, muchas a causa de injustas estructuras judiciales; viene también a abrazar a ancianos y ancianas. En otro espacio se reunirá con líderes, estará con autoridades del país y con dirigentes sociales, empapándose de la realidad boliviana.

A poco tiempo de iniciar su apostolado, Francisco emitió la exhortación Evangelii Gaudium, “La Alegría del Evangelio”, para que creyentes y no creyentes, religiosos y laicos cumplan con esmero la tarea de hacer el bien priorizando a los excluidos, para que todos y todas tengan una vida digna.

Su lectura de los signos de los tiempos impacta. Sus denuncias contra el rol que cumple el sistema financiero internacional hacen visibles las principales causas de las brechas entre ricos y pobres, entre regiones y países desarrollados y subdesarrollados; haciendo un llamado a la responsabilidad ética de poner la economía al servicio de la humanidad.

El rol en el escenario internacional y diplomático tiene resultados. Uno de los casos más importantes ha sido el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos para su restablecimiento de relaciones, rotas desde hace más de 50 años.

Francisco pide poner la mirada en el ser humano, en tantos millones de personas que hoy no cuentan sino solo para las estadísticas. De su mensaje se advierte que rechaza los actos de corrupción que se reproducen en diversos países y que es contrario al abuso de la administración del Estado y a la intolerancia política, racial, cultural y religiosa en varias sociedades.

Hace pocos días, en representación del Vaticano, el secretario de Estado, monseñor Pietro Parolin, dio un mensaje en la Cumbre de las Américas en presencia de mandatarios y mandatarias. Un hecho destacado es que en los 21 años de vida de esta entidad, por primera vez se tiene un mensaje de un Papa al inicio de esta cita regional.

Lo más resaltante de esa intervención ha sido recordar a los mandatarios que pese al crecimiento económico que se ha dado en estos países, sigue presente la pobreza en amplios sectores de nuestras sociedades y que la acción contra la desigualdad se lograría en forma concertada entre los gobiernos: “La injusta distribución de la riqueza y de los recursos es fuente de conflicto entre los pueblos porque supone que el progreso de unos se construye sobre el necesario sacrificio de otros, y que para poder vivir dignamente hay que luchar contra los demás”.

Ha mencionado la importancia de los bienes comunes como fundamentales, “hay bienes básicos como la tierra, el trabajo y la casa; y servicios públicos como la salud, la educación, la seguridad y el medio ambiente de los que ningún ser humano puede ser excluido”.

En Bolivia se prepara su llegada para sentir este mensaje dirigido a América Latina, recordando la responsabilidad de los gobernantes ante la situación de vida de sus poblaciones y el rol de la Iglesia en el propósito de la evangelización que implica una vida más justa y solidaria.

Sobre los bienes comunes hay mucho que reflexionar frente a lo acontecido en el país, especialmente en poblaciones vulnerables, como los indígenas, y las acciones extractivas de recursos naturales y desarrollistas, varias de las cuales desconocen su derecho a la vida plena y digna de estos pueblos. Un caso relevante es el tema del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure), que cuestiona e interpela.

La presencia del Papa no tiene el propósito de espectáculo; habrá quienes así quisieran que fuera pero hay que estar atentos a su mensaje ético y a sus reflexiones que permitirían —en una coyuntura que aún es de bonanza y crecimiento económico— se avance hacia un desarrollo humano integral.

Esperamos que esta visita de Francisco a Bolivia reanude un relacionamiento sano entre Iglesia y Estado, a veces malinterpretado desde niveles gobernantes, sin comprender que el bien común es un objetivo final para el Estado y la Iglesia.

Los lazos de coordinación y apoyo mutuo permitirían un mejor cumplimiento de la tarea eclesial en la dimensión social, una de las más importantes en la acción católica. Son más de 2.000 obras sociales eclesiales diseminadas en todo el territorio nacional que brindan atención a población vulnerable en salud, educación, asistencia social, promoción al desarrollo y defensa de los derechos de personas y pueblos, entre otros.

Muchas de estas obras tienen un fuerte carisma y compromiso de religiosos, religiosas y sacerdotes, así como de instituciones laicales católicas que enfrentan dificultades principalmente económicas para mantener estos servicios, incluso en lugares donde está ausente la acción del Estado.

Ojalá esta visita permita esclarecer un diálogo con respeto y con claras competencias de uno y otro, en especial en los sectores de salud y educación. Y, lógicamente, no podría estar separada de esta tarea el rol profético que cumple la Iglesia buscando una vida plena para el pueblo boliviano.

Éste debería ser un claro resultado de la visita del papa Francisco, que su Pontificado sea expresado en Bolivia a través de todas estas dimensiones de trabajo de la Iglesia Católica en un marco de sana cooperación con el Estado para mejorar las condiciones de vida de la población y, desde todas sus dimensiones, de la persona, en el marco del respeto a las creencias y la libertad religiosa en una sociedad diversa y plural.

Será también un llamado a todos los católicos y católicas para renovar el compromiso de trabajo por el desarrollo humano integral; por una doble responsabilidad, por ser creyentes y por ser habitantes de este hermoso país.

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