Animal Político

François Houtart: Hay avances posneoliberales, no poscapitalistas

El investigador belga se ubica en la línea de la Teología de la Liberación, concepción que se diferencia de la Doctrina Social de la Iglesia, afirma, “porque hace un análisis explícito de la sociedad en términos de clase, es decir, de intereses opuestos”.

François Houtart.

François Houtart. Foto: Eduardo Schwartzberg.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos / La Paz

00:03 / 27 de abril de 2014

Frente a la crisis del capitalismo, ya no basta solo la regulación del mercado, el remiendo de las políticas sociales o el cambio de los burócratas; hace falta una alternativa de desarrollo, “poner en tela de juicio el modelo mismo de desarrollo”, un nuevo paradigma, insiste François Houtart, sacerdote de la diócesis de Bruselas (Bélgica), sociólogo marxista, activista en varios foros sociales mundiales, profesor en Ecuador, autor de más de 50 libros. En una reciente visita a Bolivia (de las varias que hizo) habló con Animal Político acerca de uno de los conceptos clave en su propuesta: el “bien común de la humanidad”. Él distingue tres “niveles” del bien común: los bienes comunes, los recursos naturales y servicios públicos; el bien común que prima ante los bienes individuales; y, el bien común como un nuevo paradigma de desarrollo. 

— ¿En qué hechos prácticos se puede encontrar esto del bien común; que no se vea utópico?

— Es necesario entrar en aspectos concretos. Debemos pensar en cuatro ejes que toda sociedad debe resolver: la relación con la naturaleza, la producción de la base material de la vida (la economía), la organización social y política, y la cultura, entendida ésta como lectura de la realidad. ¿Qué significa construir un nuevo paradigma? En la relación con la naturaleza, por ejemplo: en la perspectiva del capitalismo, la naturaleza debe ser una mercancía, se habla de ‘recursos naturales’, no de riqueza, y hay una actitud de explotación, de extractivismo; no digo que no se deba utilizar, pero si se explota hasta el punto de destruir, estamos en contradicción.

— ¿Usted ve que gobiernos, instituciones o movimientos están haciendo algo concreto al respecto?

— Esta propuesta no es una pura utopía, porque ya existen iniciativas de miles de organizaciones, de movimientos sociales, a veces de gobiernos, para tratar de cambiar esto; pero por el momento lo dominante siempre es continuar el sistema capitalista, que incluso ya tiene un nuevo lenguaje: la ‘economía verde’. Es interesarte ver cómo todos se pintan de verde ahora; pienso que la razón es porque la destrucción de la naturaleza para el capital antes era una externalidad, un elemento que no entraba en el cálculo del mercado, del capital. Pero ahora la situación es tan grave que la destrucción de la naturaleza empieza a afectar la ganancia misma del capital y su posibilidad de acumulación; ya no es más una externalidad.

— O sea, el capital mismo ya se está haciendo ecológico.

— Exactamente, y por eso proponen nuevas soluciones; hay una conciencia más grande de la necesidad de preservar la naturaleza; ellos adoptan todo este discurso (la economía verde), lo que es una gran ilusión. Se pueden hacer algunas cosas, pero siguiendo con la lógica del capitalismo, se destruye la naturaleza, a pesar del discurso.

— Ante la crisis, usted insiste en que ya no basta la regulación desde el Estado.

— Tras la crisis financiera (2008), había tres propuestas: una, lo que dijeron el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Comunidad Europea, que si hay crisis, ésta es recurrente en el sistema económico, pero que hay que continuar en la misma línea, cambiar los actores que actuaron mal, pero no el sistema. La segunda, de la Comisión de  Naciones Unidas presidida por Joseph Stiglitz, que dice que el mercado no se regula por sí mismo, que debemos crear instituciones que regulen el mercado; y, mi posición (la tercera propuesta) dentro de esta comisión, que fue decir que no basta (la regulación), porque la crisis es tan profunda, multisectorial, financiera, económica, alimentaria, energética, climática, que nos obliga a pensar, a transformar la orientación fundamental, es decir, ir hacia un nuevo paradigma.

— Ahí, ¿qué fuerza tiene la declaración de los derechos de la Madre Tierra, o es retórica?

— Hubo dos obstáculos; primero el de la lógica del capitalismo; segundo, una lógica del pensamiento jurídico: ¿cómo adoptar la idea de que la naturaleza tiene un derecho cuando no es una persona? Pero la idea es fundamentalmente justa; ya está en la Constitución del Ecuador; el problema era cómo pensar eso en el razonamiento jurídico, y cómo luchar para que haya aplicaciones concretas; por ejemplo, que ya no se  acepte más la propiedad privada de los recursos naturales por ser un bien común. El segundo gran eje es la economía, pasar del predominio del valor de cambio al valor de uso; para el capitalismo hay un solo valor, el valor de cambio, porque es la única manera de hacer ganancias y de acumular el capital.

— Pero ¿cómo regular la lógica del capital, de la acumulación, de  procesos económicos?

— Como he dicho, esto no es utópico. Me dicen, ¿cómo imponer una ley internacional?; pero es que esto ya existe, en la OMC (Organización Mundial de Comercio) imponen leyes a todos los países de economía neoliberal; tienen todo un aparato jurídico y judicial, sin apelación, que puede condenar a un país por no haber seguido la regla neoliberal; si eso existe para imponer el neoliberalismo, puede existir también para imponer el respeto a la naturaleza; estamos lejos todavía de eso, pero se ve que hay caminos. Lo mismo para el tercer aspecto, la organización colectiva, social o política. El principio  es la generalización de los procesos democráticos; no sólo en la política, sino también en la economía, en la cultura, en la enseñanza, en la salud, en la religión, en el deporte; tanto en las relaciones sociales como en la relación hombre-mujer; y eso es muy contrario a la lógica del capitalismo, que centraliza las decisiones; ahora son menos y menos las multinacionales que orientan toda la economía del mundo. Es una idea que no está en las nubes; hay esfuerzos, por ejemplo, de reformar las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad, que es totalmente no democrático. Y lo último, la interculturalidad. Hoy, el capitalismo está imponiendo una cultura más y más idéntica, la cultura occidental dominada por el capital, que puede orientar los gustos, la manera de comer, de vestirse, las maneras de pensar, el consumismo.

— ¿Y Latinoamérica?

— En América Latina una de las cosas más interesantes es la contribución de los pueblos indígenas, que les ha permitido, especialmente en Bolivia y Ecuador, tener un cierto papel, una redefinición de la sociedad, según el buen vivir, el suma qamaña, el suma kawsay. El aporte de los pueblos indígenas ha sido esencial porque justamente muestra la importancia de la cultura para redefinir un nuevo paradigma.

— ¿Tanto en los países industriales como en los del Tercer Mundo, qué avances se puede citar?

— Por el momento no hay un modelo. Pero pienso que los principales avances fueron en América Latina; porque en Asia, aún en China, todavía ven el neoliberalismo como el instrumento de crecimiento. En África hubo el problema de construir estados nuevos y en el mundo árabe hay la Primavera Árabe, pero que no cambia el modelo de desarrollo económico.

— Ahí llama la atención un referéndum sobre el agua en Italia.

— Sí, está existente, pero no es del Estado, es de los movimientos sociales, y con éxito, porque han forzado al Estado a parar su política, y eso es excelente; es una de las iniciativas que se ha tomado en el resto del mundo, pero no ha llegado al nivel de una política de Estado. En Sri Lanka (Asia) hubo toda una lucha contra la privatización de una selva, el líder era un monje budista, han tenido éxito, pero no fue una política de Estado. Es solamente en América Latina que hemos tenido países que empezaron a tomar medidas como políticas de Estado: Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, en cierta manera Nicaragua. Son países que han hecho avances posneoliberales, pero no poscapitalistas. Posneoliberales en el sentido en que han tratado de reconstruir los bienes comunes, de ampliar el acceso a los servicios públicos, de nacionalizar las riquezas naturales, de restablecer la regulación del Estado en algunos sectores económicos, pero bajo una terrible presión del sistema mundial de las grandes multinacionales y bajo concesiones a estos sectores; es falso acusar a Evo Morales o a Rafael Correa de neoliberales; no lo son, pero no han hecho avances en un poscapitalismo; por muchas razones todavía están en este sistema.

— ¿Y el Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas)?

— El Alba es un ejemplo, pero aún es marginal en América Latina; 11 países pero la mayoría micropaíses del Caribe; hay países relativamente importantes, evidentemente, pero frente a todo el continente… Pero es la única iniciativa que considero poscapitalista, porque busca la integración económica, no en términos de competencia, sino de complementariedad y solidaridad.

Datos

Nombre: François Houtart

Nació: 7 de marzo de 1925

Profesión: Sacerdote y Sociólogo

Cargo: Profesor e investigador en Instituto de Altos Estudios Nacionales de Ecuador

Textos

Entre los libros de François Houtart, figuran: El cambio social en América Latina (1964), Sociología de la religión (1992), La tiranía del mercado (2001), Mercado y religión (2002), Comercio Mundial: ¿incentivo o freno para el desarrollo? (2005), El bien común de la humanidad (2013).

Declaración del Bien Común de la Humanidad

Está en proyecto la Declaración Universal del Bien Común de la Humanidad, un documento “fruto del trabajo internacional de juristas y de líderes sociales” coordinado por François Houtart, y que ha sido presentado en el Foro Mundial de Alternativas a los Movimientos Sociales y a las Organizaciones presentes en la ‘Cumbre de los Pueblos’ de Río de Janeiro en junio de 2012.

La Declaración del Bien Común, se sostiene en su Preámbulo, podría tener el mismo nivel incluso que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948: “Ella está destinada a redefinir, en una visión de conjunto (holística), los elementos fundamentales de la vida colectiva de la humanidad en el planeta, con el objetivo de proponer un nuevo paradigma y de servir de base a la convergencia de los movimientos sociales y políticos”.

La Declaración, se recuerda en su preámbulo, tampoco es un documento extraño a declaraciones anteriores que perciben “la vida de la Humanidad como un proyecto común, compartido y condicionado por la vida del planeta”, como son: la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos (Argel, 1976), la Declaración Universal de las Mujeres Indígenas del Mundo (Beijing, 1995) y la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra (Cochabamba, 2010), entre otras.

“Es una propuesta, evidentemente sin ilusión; no pienso que mañana vaya a llegar a las Naciones Unidas. Es más un instrumento pedagógico, en el sentido de tener un medio que permite a los movimientos sociales contar con una cierta referencia para su acción. Por esto, no es totalmente ilusorio porque sabemos que la Declaración de los Derechos Humanos (se refiere a la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, Francia 1789) ha tenido 200 años antes de ser reconocida por las Naciones Unidas; así, sabemos que son procesos eventualmente muy largos”, destaca el sociólogo marxista François Houtart.

El documento, por ahora, es más un programa: “La idea es dar un instrumento pedagógico para avanzar, y especialmente para unir las diferentes iniciativas en distintos campos de la naturaleza, de la democracia, de la economía social, de la cultura; unificar estas acciones, y dar la conciencia de que son parte de un conjunto; esa es la idea, por el momento, solamente circula en varias lenguas, pero tratamos de aprovechar cada gran reunión, como los foros sociales mundiales, para promover esta idea”.

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