Animal Político

Fundador de la Armada

La única vez que Gildo Angulo fue candidato fue en 2005, a la presidencia.  Más sentida por él, sin embargo, es su carrera militar, en la Fuerza Naval. Es un apasionado por el agua y hoy, a punto de cumplir 78 años, está por acabar, refiere, su cuarto libro sobre los ríos del país.

Gildo Angulo Cabrera

Gildo Angulo Cabrera Foto: Iván Bustillos

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano es periodista

00:00 / 26 de marzo de 2017

El militar Gildo Angulo Cabrera se jubiló con el grado de contraalmirante (equivalente a General en el Ejército) de la Fuerza Naval boliviana, en 1989. “Todo el tiempo que he sido miembro de la Armada me ha llenado de orgullo porque me ha dado la oportunidad de hacer patria”, afirma.

Pero lo que pocos conocen, asegura Angulo Cabrera, es que él en realidad originalmente se graduó como subteniente del Ejército. Lo que pasó fue que como voluntario fue parte del primer contingente de la Armada. “Fuimos voluntarios: tres pasos al frente los que quieren crear la Fuerza Naval; fui uno de ellos.

Sobre esa base se crea la Fuerza Fluvial y Lacustre (el primer nombre de la Armada), después cambió su nombre a Fuerza Naval”. Según la Historia de la Armada Boliviana, la Fuerza Fluvial fue creada el 4 de enero de 1963 durante el gobierno de Víctor Paz Estenssoro; en enero de 1966, bajo el gobierno de Alfredo Ovando Candia, se cambia a Fuerza Naval.

Pese a que la Armada tuvo un importante desarrollo institucional, Angulo no deja de señalar sus limitaciones. “Hay una crítica constructiva que tengo con la Armada, y es que no tiene participación en la Hidrovía Paraguay-Paraná, porque no tiene unidades flotantes que nos pertenezcan; si hay alguna institución que debería tener vigencia práctica en esa vía fluvial es la Armada”, dice.

Fue candidato a la presidencia por Nueva Fuerza Republicana (NFR) en las elecciones generales y prefecturales de 2005; el histórico comicio en que el MAS ganó con el 53,7%, por mayoría absoluta. De ocho candidaturas, Angulo resultó en el sexto lugar, con 19.557 votos.

Ya a la distancia deplora el hecho: “Lamento decirlo, pero me involucré con una candidatura sin ser miembro de ese partido, y la verdad es que no fue una buena idea porque en Bolivia la gente no vota por la capacidad de las personas, vota por su dinero; el que tiene más plata, ése es el más votado, y yo no tenía dinero; de todas maneras, no me arrepiento de haber participado”.

Entre 1993 y 2004 fue parte del Comité de Defensa del Patrimonio Nacional (Codepanal), llegando a ser su directivo. En mayo de 2009, el directorio de YPFB Transporte SA lo nombró presidente y gerente general de la empresa. Pero apenas estuvo dos meses en el cargo, en junio fue destituido por divergencias con el entonces presidente de YPFB Carlos Villegas. “Tuvimos nuestras diferencias y eso me costó el cargo”, sostiene.

Angulo a la fecha ha escrito tres libros, refiere, “con incidencia en los recursos hidráulicos”. “He tenido la suerte de participar de los grandes proyectos hidráulicos del país, como son el río Paraguay; el Canal Tamengo, el Río Grande en Santa Cruz; los ríos Beni, Madre de Dios, Acre. En todos he participado en su estudio, son ríos que los conozco”.

Está convencido de que el país aún no aprovecha de modo adecuado sus recursos hídricos. “Somos un país sumamente rico en recursos hidráulicos, pero no los explotamos como debiera ser, somos un país hidráulico. Bolivia tiene vinculación bioceánica, tanto con el Atlántico como con el Pacífico”. Hacia el Pacífico, aclara, por los ríos de Perú y Ecuador, hacia el norte. Está muy esperanzado en que se lleve adelante la construcción de Puerto Busch.

Perfil

Nombre: Gildo Angulo Cabrera 

Nació: 13 de julio de 1939, en Puerto Suárez

Profesión: Militar e Ingeniero Geodesta Hidrólogo

Datos

Angulo apunta que él y sus paisanos acostumbran llamarse “porteños”, antes que cruceños. “Soy padre de familia, cinco hijos, doce nietos y un bisnieto”. Tiene previsto hasta medio año terminar un cuarto libro sobre “el conocimiento de los recursos hidráulicos del país”.

Yo también quiero usar un ‘condón Espíritu Santo’

Erick Ortega, es periodista

Corrían los 90 y el padre Fraile Froilán (nombre obviamente falso para defender la honra del que entonces fue nuestro profesor) nos daba una clase de Filosofía. Era pues el cura más nice de la época, aunque en esa época no se decía nice; sino buena gente.

Nos permitía disentir. A él le podíamos endilgar que era imposible procrear sin tener antes relaciones sexuales (en el caso de la llegada de Jesús a la Tierra).

Le decíamos también que el aborto debería ser permitido. Él respondía que no, que era imposible aceptar aquello. Por último respondía: “Qué quieren, ¿un condón Espíritu Santo?”. “¡Síííííi!”, clamábamos nosotros.

Claro, nuestro objetivo era tener vía libre para dar rienda suelta a nuestros impulsos más bajos, que eran, rememorando al cantante Gerardo, instintos ricos y suaves. Gerardo era nuestra versión noventera de Maluma, tan denostado ahora por nosotros, los exjóvenes.

Quedan sonrisas de los años insolentes, como insolente tiene que ser cualquier juventud. Hoy también queda el recuerdo de que el padre de entonces se volvió papá de verdad y dejó colgada la sotana.

Más allá de insolencias y de sacerdotes arrepentidos. Años después frente al pelotón de fusilamiento de la dizque madurez, vuelve la pregunta: ¿Qué queremos de la Iglesia respecto al aborto? ¿que hagan realidad el condón Espíritu Santo? ¿Que en sus clases de Teología tengan un acápite de interrupción de la gestación (palabras más fresas para decir aborto)?

No. La Iglesia Católica solo va a impulsar el rechazo al aborto; de lo contrario iría contranatura. La religión, cualquier religión tiene en sus pilares un dogma. Y nosotros aceptamos y apoyamos ese dogma.

Por más que el papa Francisco se ponga a hablar bien de los homosexuales y que se saque una selfi con un hombre casado con aspiraciones de ser diácono, la Iglesia difícilmente va a dar un paso atrás o al costado, o media vuelta respecto al aborto.

La tarea de la despenalización es del Estado. La sociedad o los grupos que reivindican este “derecho” deben exponer con argumentos su propuesta (cifras de mujeres que mueren al año por malos abortos; los casos de violaciones a menores...) al gobierno de turno. Pelear con la Iglesia no es la solución. Eso solo nos llevará a consumirnos bajo el fuego divino.

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