Animal Político

Género no es ideología

El género es un concepto que permite desentrañar las relaciones de poder entre mujeres y hombres.

La Razón (Edición Impresa) / Mónica Novillo Gonzales es comunicadora social

00:00 / 28 de noviembre de 2018

Bajo el argumento falaz de la existencia de una “ideología de género” que supuestamente busca imponer un conjunto de ideas que van en contra de los valores tradicionales en torno a la familia “natural”, sectores fundamentalistas religiosos se han articulado en una estrategia transnacional para atacar, de diversas maneras, a la igualdad de género y oponerse a cualquier propuesta de transformación social, y erradicación de las formas de discriminación en razón de género (el feminismo).

Con algunos matices, las estrategias han sido implementadas de manera similar en varios países de América Latina, donde sus ataques se han concentrado en el cuestionamiento de los avances en términos de igualdad de género: cuestionan la educación sexual integral como parte de la currícula escolar básica, niegan los derechos de las personas de diversidad sexual, particularmente a conformar familia, y los de las mujeres a decidir sobre su sexualidad y reproducción, entendiendo que la maternidad es un destino “natural”, como mandato. En pocas palabras, se oponen a cualquier postura que vaya en contra de su propia concepción de familia, reproducción y sexualidad.

En varios países han aprovechado de coyunturas políticas, procesos electorales, para posicionarse e impulsar sus acciones, estableciendo pactos con actores y partidos políticos para cumplir con su “cruzada antigénero”, como ocurrió en Costa Rica, Brasil y Colombia. En otros, han logrado incidir en los tomadores de decisión, ministros y autoridades que han planteado abiertamente quitar los contenidos de igualdad de género y educación sexual integral de las currículas educativas, como fue en Ecuador, Paraguay y Perú.

La llegada de estos sectores a Bolivia es inminente, expresiones como la campaña “Con Mis Hijos no te Metas” y la presencia de Víctor Hugo Cárdenas en su marcha son apenas muestras del despliegue de sus estrategias y recursos en el país.

Los argumentos de estos sectores, denominados antiderechos, se sostienen en una construcción discursiva que distorsiona tendenciosamente conceptos, reinterpreta información, usando recursos como el miedo, el desconocimiento y las creencias religiosas para impulsar una batalla contra el género bajo el supuesto de un proceso de colonización ideológica. Se trata de una disputa simbólica entre lo que denominan ideología de género y lo que identificamos como la ideología patriarcal, en la que se pone en juego los derechos de las personas y el riesgo de retroceso de un conjunto de conquistas de nuestras sociedades.

El género es un concepto acuñado desde la academia, una categoría de análisis social que permite desentrañar el sistema de género y las relaciones de poder desiguales entre mujeres y hombres, que generan discriminación, exclusión y violencia contra las mujeres. Ha contribuido a caracterizar a las sociedades y cuestionar la definición de roles y reglas diferenciadas para mujeres y hombres, así como el acceso, participación y control de recursos y decisiones. Los sistemas de género se acompañan de valores socioculturales que se refuerzan y reproducen en un conjunto de instituciones como la familia, el sistema educativo, los medios de comunicación, las religiones, las leyes y las costumbres. Como categoría analítica, ha construido un corpus teórico y ha aportado a acumular evidencia sobre las múltiples formas en que la sociedad patriarcal se organiza y a develar los intrincados sistemas de relaciones de género.

Algunos mecanismos internacionales como la Comisión Interamericana de la Mujer (CIM) ya se han expresado reconociendo que la igualdad de género es un bien de la humanidad, porque existe “…evidencia suficiente de que las sociedades con mayores niveles de igualdad entre mujeres y hombres tienen sistemas democráticos más incluyentes, efectivos, transparentes y con mayor rendición de cuentas, tienen economías más fuertes y mayor resistencia a las crisis económicas y financieras, y tienen mayores niveles de redistribución y de justicia social”.

Quienes impulsan la igualdad de género y los derechos humanos promueven valores éticos vinculados a la libertad, la igualdad, la tolerancia y el respeto a la diferencia, la no violencia, la no discriminación; lo que se opone con claridad al discurso que promueve el odio y la intolerancia, que niega derechos a amplios sectores de la población, como la población LGBTI.

La inclusión de la educación sexual, al contrario de lo que algunos padres y madres piensan, contribuye a fortalecer las decisiones para el inicio de las relaciones sexuales, a identificar desde la niñez ataques de predadores sexuales que, en la mayoría de los casos de violencia sexual contra niños y niñas, se encuentran en esas familias que buscan proteger.

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