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Gerardo Noto: El voto del individuo puede o no seguir al voto-consenso

La calidad de una democracia no se la mide solo porque siga reglas estándar del respeto al voto y otras normas tradicionales; también es signo de buena salud democrática la irrupción, más o menos problemática, de todo aquello “extrainstitucional” que genera la sociedad a fin de ampliar su participación. Sobre esto propone reflexionar el experto de la ONU.  

Gerardo Noto.

Gerardo Noto. Foto: Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:02 / 12 de octubre de 2014

El viejo dicho de que “desde que llora el niño hace política” no deja de tener su grano de verdad. Una de las últimas publicaciones del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Ciudadanía política. Voz y participación ciudadana en América Latina (Siglo XXI editores, Argentina, febrero de 2014) precisamente estudia eso: el ejercicio de la ciudadanía política en la región; la práctica de los derechos políticos, como el  votar y el ser electo, el participar en organizaciones políticas, ‘usar’ de las instituciones públicas como un bien común.

Para quien crea que esto es “cosa de políticos”, de lo cual uno se acuerda solo en días de elección, como el de hoy, bueno será saber que esa “ciudadanía política” en los hechos es esencial para el ejercicio de los demás derechos (civiles, sociales, culturales, económicos), como diciendo que para vivir una ciudadanía plena, no hay otra que vivir políticamente; como que se lo hace, destaca  el coordinador regional de Gobernabilidad Democrática del PNUD, Gerardo Noto, que recientemente estuvo en Bolivia presentando el referido texto sobre ciudadanía política. Si hay una forma de reconocer a la gente que tiene un buen ejercicio de la ciudadanía política es identificando, dice, al “ciudadano que reclama”. Especial preocupación hay sobre los jóvenes: cada vez son más descreídos de las formas institucionalizadas de participación democrática.

— Políticamente hablando, ¿cómo es el ‘ciudadano latinoamericano’?

— Luego de más de tres décadas de democracia, el latinoamericano es un ciudadano empoderado, que reclama, se moviliza y participa de diferentes maneras, a través de las elecciones, tanto votando como siendo votado, a través de la acción colectiva directa; la democracia de la ciudadanía se centra en el ciudadano, éste como sujeto de derechos, es más que solo un elector.

— Un ciudadano muy ‘apegado’ a lo público, a la gestión de lo público, parece.

— Sí, que quiere participar más, estar presente en procesos no solamente de definición de las prioridades públicas, sino también en dar seguimiento, monitorear qué resultados se generan; que las autoridades den cuenta de lo que hacen, de lo que no pueden hacer, rindan cuentas; entonces, el latinoamericano es un ciudadano activo, que reclama a instituciones públicas, que son las llamadas a dar respuesta.

— ¿Pero esto es habitual en los países de la región? Pensábamos que solo en Bolivia se veía esto.

— Preguntamos a la ciudadanía cómo ve que el ciudadano se manifieste en las calles, que proteste. En general, la ciudadanía ve esto como un método normal, porque reconoce que si uno se manifiesta tiene la posibilidad de ser escuchado; no siempre obtiene la respuesta que el ciudadano pide, pero por lo menos sabe que el reclamo es un mecanismo para ser escuchado.

— ¿Qué problemas de fondo encuentra en el ejercicio de la ciudadanía política?

— Vemos que tenemos fuertes problemas de representatividad. Se sigue apoyando a la democracia, lo que es bueno; pero también se ve una crítica a cierta institucionalidad de la democracia, como los partidos políticos y los parlamentos, donde de alguna forma se refuerza esta insatisfacción con el tipo de resultados.

— Al parecer, los jóvenes en el continente son un sector especial...

— Los jóvenes. La verdad, a lo largo de toda la región tenemos un problema con ellos: hay una cierta propensión a la desafección (mala voluntad) hacia las formas institucionalizadas de participación, hacia el voto, por ejemplo; en todos los países de la región tenemos este problema, que quizás es uno de los hallazgos más significativos del estudio (Ciudadanía Política).

— Ahora, el gran déficit parece ser: ‘mucha población joven o de mujeres y poca representación’.

— Ahí tenemos las dos caras de la moneda. Cuando les preguntamos a los jóvenes en la región si han votado en la última elección, para ver su propensión al voto, se ha detectado en todos los países que hay cierta desafección hacia los mecanismos formales de participación; ahora, por el contrario, son los jóvenes, al igual que los pueblos indígenas en Bolivia, quienes están fuertemente presentes en la acción política directa; entonces, no es que no participan, pero sí tenemos esta preocupación: que la participación formal está cayendo.

— ¿Qué responsabilidad tienen las instituciones, los partidos?

— Hay una visión crítica hacia las instituciones y los partidos. Afirman que no hay espacios para que ellos efectivamente participen y más bien están buscando que ello se amplíe. Cuando analizamos los parlamentos de la región, por ejemplo, solo el 1,8% son menores de 30 años, en el conjunto de los 33 países de la región; pero en el tema de género es peor: de ese porcentaje de parlamentarios jóvenes (1,8%), solo un tercio son mujeres.

— ¿Y los indígenas, los llamados afrodescendientes?

— Aquí en Bolivia en el tema se ha avanzado más que en otros países; pero también cuando cruzamos esto con la variable de género, la mujer indígena, notamos ahí una insuficiencia más marcada que en el concepto de representante indígena.

— Muchos países han apelado y están usando esto de la cuota o cupo especial para determinado grupo.

— Cuando uno mira instrumentos para favorecer la participación femenina, por ejemplo, las cuotas o la paridad, el objetivo máximo es la paridad; en la población de nuestros países la mitad son mujeres; uno espera que esa paridad de género también se refleje en las instituciones representativas.

— En lo relativo a los pueblos indígenas, de último en Bolivia se dio el debate sobre la decisión de consenso versus el voto individual; lo de los chicotazos...

— En la presentación del libro (Ciudadanía política en Bolivia), ha surgido el tema de la democracia comunitaria, la decisión colectiva, su vinculación con la ciudadanía. Yo creo que ahí hay que tenerlo claro: los temas de violencia, tanto la acción colectiva directa o la imposición de una voluntad sobre un individuo, es algo que no podemos tolerar, que no es democrático y en la mayoría de los casos es ilegal.

— ¿Pero y la democracia comunitaria?

— Hay que tener una posición muy clara al respecto, que no dé paso a discusión: el tema de la deliberación de los colectivos, que está detrás de las decisiones en el ejercicio de la democracia colectiva; tanto los partidos como otros colectivos deliberan, toman una decisión por consenso y llaman a sus miembros a manifestarse en ese sentido en el voto; aún dentro de las categorías de la democracia liberal, éste es un instrumento válido y legítimo; después el individuo tiene la libertad de seguir o no dicho consenso, y creo que esa libertad no puede ser violentada de ninguna manera, mucho menos con una acción violenta; entonces, la deliberación, es válida para buscar el consenso, pero en definitiva es el ciudadano quien tiene que hacer efectivo su voto. Seguramente la mayoría va a seguir el consenso, porque de alguna manera ahí hay una coincidencia de intereses y de valores, pero creo que no podemos aceptar bajo ningún punto de vista actos de coerción o mucho menos el uso de la violencia por parte de grupos o individuos, lo que va más allá de lo que el consenso haya alcanzado.

— ¿Han encontrado en otros países experiencias de esta suerte de juego de decisión entre consenso y voto individual?

— El tema de la democracia colectiva está muy asociado a los pueblos indígenas, por otro lado, jurídicamente, tanto Naciones Unidas como los países reconocen derechos al colectivo Pueblo Indígena, la misma convención 169 sobre el derecho a la consulta; ahí hay un sujeto de un derecho colectivo, que es el pueblo indígena; donde tenemos pueblos indígenas, este tema surge, la aplicación de usos y costumbres en ciertos estados en México, en algunas comunidades de otros países, hace que esto esté presente.

— ¿Es posible complementar democracia comunitaria y voto individual?

—  Hay que tener muy claro los valores de la libertad, la libre capacidad de decisión, de una  deliberación, donde los actores, individuales o colectivos tengan capacidad de expresarse, y que el mecanismo que se aplique, sea de usos y costumbres, o sea más en base al voto, garantice siempre la libre expresión, la voluntad y la preferencia de cada uno de los miembros de ese colectivo.

— En Bolivia, se ha constitucionalizado la democracia representativa, participativa y comunitaria, ¿cuánto de esto es nuevo… ?

— No en todos; en varios países de la región, sobre todo en aquellos que han emprendido transformaciones constitucionales en los últimos años, se ha ensayado la inclusión de formas novedosas de definición de la ciudadanía, de los derechos y de las formas de democracia; por otro lado, el ciudadano está reclamando participación; entonces, no en todos los países es necesaria una reforma de la Constitución; es bastante generalizado que se vaya buscando nuevas formas de institucionalizar las vías de participación.

— ¿Habló de dos grupos, afrodescendientes y de quienes tienen diversa opción sexual?

— Ahí tenemos dos agendas que se cruzan o que pueden ser complementarias. La agenda de participación, donde hay que asegurar la participación a la ciudadanía en su conjunto y nos focalizamos en esos grupos porque vemos que tienen menos capacidad de hacer escuchar su voz y de participar; entonces, es parte de nuestro mandato apoyar a esos grupos con diferentes instrumentos; por otro lado, son grupos, afrodescendientes, jóvenes, mujeres, pueblos indígenas, LGTB, discapacitados; hay un montón de grupos que son objeto de discriminación y racismo.

— ¿Cómo mejorar la lucha contra la discriminación?.

—  Hemos avanzado mucho en lo normativo, pero todavía en la sociedad hay prácticas de racismo y discriminación contra determinados grupos; ahí se debe dar combate por diferentes instrumentos, hacer que las leyes se cumplan, pero también en los procesos de formación, en la caracterización de que estas sociedades (las latinoamericanas) son heterogéneas y complejas; pero que también están ahí los principios de determinación individual, derechos y libertades; en la medida en que podamos impulsar la agenda de participación de estos grupos también vamos a tener avances en la agenda de combate a la discriminación; no solo por justicia, sino que también para mejorar la calidad de la democracia en nuestro medio.

Perfil

Nombre: Gerardo Noto

Profesión: Jurista y diplomático

Cargo: Coordinador de Gobernabilidad Democrática del PNUD para América Latina.

Vida

Noto fue consultor en la Secretaría General de Cooperación Iberoamericana y director en el Ministerio de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue jefe de proyectos en la Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA).

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