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Gestas libertarias en la Nación Chichas

La historia quiso que la lucha independentista empiece y termine en  territorio chicheño, la batalla de Suipacha, lo primero; la batalla de Tumusla, lo segundo.

La Razón (Edición Impresa) / José Yáñez Vargas es sociólogo

00:00 / 05 de febrero de 2017

La historia “oficial” de Bolivia ha pretendido establecer los hechos importantes para el devenir del país. Sin embargo, existen todavía vacíos correspondientes a “las otras” historias locales de un sinnúmero de sucesos que van más allá de esa versión oficial y que lamentablemente fueron excluidos o minimizados por diferentes factores e intereses de grupos de poder y élites constituidas y en constitución. Por tanto, queda pendiente zanjar estos vacíos para tener una historia más completa y desde diferentes actores que vayan más allá del presidencialismo o de las capitales, donde han quedado excluidos, por ejemplo, los pueblos indígenas.

En este sentido, el territorio de los Chichas (comprendido en la actualidad por las provincias Nor Chichas, Sud Chichas, Modesto Omiste y Sud Lípez) ha sido protagonista, en momentos determinantes, de la historia regional y nacional, situación que viene de tiempos precolombinos y que tomó mayor fuerza en la lucha independentista contra la Colonia.

Así, con la llegada de los españoles comenzó una fuerte resistencia, siendo los Chichas uno de los pueblos más difíciles de doblegar por el régimen colonial, que previamente fueron reconocidos con el estatus de Orejones dentro del imperio incaico, a raíz de esta cualidad guerrera y libertaria. Por tanto, ya desde 1551 se fueron generando levantamientos contra el español Valdivia; en 1563 junto a Calchaquíes, Omaguacas, Casavindos, Atacamas y Chiriguanos se destruye la ciudad de Nieva (hoy Jujuy); en 1570 se producen combates en Calcha, Toropalca y Cotagaita contra Luis de Fuentes y Vargas; en 1625 ocurre una de las más grandes masacres en Chocaya, donde se exterminó a toda la población española y se vislumbró la bandera roja guerrera de la Nación Chichas quedando como testigo el pueblo de Ánimas, que debe su nombre a este suceso y los lamentos que se escuchaban todavía mucho tiempo después.

Esta primera etapa de levantamientos indígenas concluyó en 1781, junto al proceso de Túpac Amaru, al producirse un importante levantamiento en Cotagaita y Tupiza donde se tuvo a protagonistas como Pedro de la Cruz Condori y Luis Lasso de la Vega, quien se declaró Gobernador y Capitán General de la Provincia de Chichas; no obstante, ambos fueron ejecutados junto a un número importante de insurrectos.

Años después, ante el aplacamiento de la insurgencia indígena junto a su proyecto de país, emergieron los levantamientos independentistas en distintos lugares del continente: Chuquisaca y La Paz en 1809, y Buenos Aires en 1810 donde se creó la Junta Tuitiva de Buenos Aires en representación de las Provincia Unidas del Río de La Plata presidida por Cornelio Saavedra (potosino). Siguiendo esta línea cronológica, en la región de los Chichas ocurriría el primer enfrentamiento armado contra los realistas, el “bautizo de fuego” en el proceso independentista del Alto Perú y la primera victoria armada contra los ejércitos realistas, la Batalla de Suipacha.

Pero antes de considerar lo acontecido en este lugar, debemos ubicarnos en Cotagaita el 27 de octubre de 1810, cuando en un combate entre las fuerzas realistas y los patriotas, ocurrió la victoria temporal de los primeros, obligando a retroceder a los patriotas hasta Tupiza y luego a Suipacha. Sin embargo, esta fue parte de la estrategia para que el 6 de noviembre se unifiquen, en los campos de Suipacha y Nazareno, los patriotas argentinos (porteños, salteños y jujeños) con los patriotas tarijeños, cinteños y chicheños, encabezados por el coronel Pedro Arraya. De esta manera, bajo una sola bandera, el 7 de noviembre de 1810, luego de un combate de cinco horas se pudo derrotar a las tropas de Córdoba, lográndose así la primera victoria armada en los 15 años de lucha independentista en el Alto Perú.

A raíz de Suipacha, la Junta de Buenos Aires, el 28 de noviembre del mismo año otorga un reconocimiento a los beneméritos con la leyenda que dice “La Patria a los Vencedores de Tupiza” (emblema que hoy es escudo oficial del municipio de Tupiza) además de que el himno argentino menciona a la Batalla de Suipacha como un justo reconocimiento a esta victoria y a la hermandad entre los pueblos. Desde el punto de vista militar, esta batalla también es considerada como el inicio de la Guerra de Guerrillas como estrategia aplicada en otros lugares altoperuanos.

Vinieron 15 largos años de enfrentamientos y batallas, que fluctuaron entre el triunfo y la derrota para los patriotas. Sin embargo, la historia quiso que la lucha independentista retorne a territorio chicheño para que esta vez en los campos de Tumusla se lleve adelante la última victoria por la liberación del yugo español. El hecho acaeció el 1 de abril de 1825, cuando las tropas patriotas, encabezadas por el Coronel Carlos Medinacelli, lograron derrotar al último representante de la corona española, el general Pedro Antonio de Olañeta, proclamado Comandante en Jefe de los Ejércitos de Fernando VII. La batalla se extendió por más de cuatro horas, hasta que se logró la capitulación y muerte de Olañeta, marcándose así el final del régimen colonial, con un ciclo que comenzó y terminó en territorio chicheño como bastión fundamental de la independencia.

También es importante considerar a la caballería chicheña que se fue constituyendo en uno de los ejes sobre los cuales pudieron realizarse todas las gestas antes mencionadas. Así, este cuerpo de lucha comenzó a estructurarse a partir de la llegada del caballo a este territorio. Se dio un proceso de apropiación y asimilación del caballo como elemento fundante de la identidad y las características del ser chicheño hasta nuestros días, con su acompañamiento a una serie de faenas (productivas, identitarias, culturales y, obviamente, histórico-guerreras).

En la actualidad, la dupla jinete-caballo está presente, incluso en documentos oficiales, como símbolo representativo de los Chichas e ícono central de la identidad regional. Esta caballería se constituyó en un bastión de lucha y victoria desde la Colonia y la República, participando en batallas como la de Ingavi, la Guerra del Pacífico (con la importante victoria de la Batalla de Tambillo, encabezada por el chicheño Rufino Carrasco) y la Guerra del Chaco.

Con lo expresado, queda manifiesto que Bolivia ha sido construida por una serie de sucesos históricos que le permitieron conseguir la independencia, con acontecimientos locales que brindaron aportes fundantes en los procesos históricos y que, contrariamente, fueron ocultados, minimizados o negados por la historia oficial, la cual fue escrita desde una sola vereda y que sería muy enriquecida si se complementara con estos hechos. Gracias al espíritu libertario heredado hasta la actualidad, las provincias chicheñas van trabajando en un importante proyecto reconstitutivo de la Nación Chichas, teniendo como antecedente todo el aporte brindado a la independencia. Hoy, tales hechos quedan como un importante legado para entendernos como una Nación sustancial en la configuración boliviana, a la cual se sigue aportando desde diferentes perspectivas y con proyecciones enmarcadas en un horizonte de libertad e independencia desde una Nación Originaria para la integración territorial plurinacional.

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