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Gobierno-Iglesia Católica, una relación oscilante y a dos cuerdas

Morales elogia a quien encabeza la Iglesia, Jorge Bergoglio, sin embargo, cuestiona a los que conducen la Iglesia en Bolivia; en contraparte, la Iglesia de Bolivia tiene críticas y reconocimientos al Gobierno. Permanente oscilación.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:07 / 23 de noviembre de 2014

Yo diría, de verdad siento que ahora tengo Papa, comprometido con su pueblo, con pensamiento revolucionario, con sentimiento social, y sobre todo con propuestas para cambiar y acabar con la injusticia, la violencia y la guerra”, dijo Evo Morales sobre Jorge Bergoglio, papa Francisco, tras el Primer Encuentro Mundial de Movimientos Populares en el que participó precisamente junto a esta autoridad de la Iglesia en el Vaticano, a finales de octubre.

Dos semanas antes, el Presidente, en su discurso de celebración por su reelección, expresaba desde el balcón del Palacio Quemado: “Creo que están Erbol, Fides por allí... Hay dos medios de comunicación radiales que son administrados por los padres de la Iglesia Católica. Son los primeros enemigos de Evo Morales”.

No hay dónde perderse. Por supuesto que Evo Morales no hace referencia a San Agustín o Santo Tomás. El Mandatario pone el acento en quien administra los medios que considera sus “primeros enemigos”: la Iglesia boliviana, concretamente la Conferencia Episcopal de Bolivia. El Gobierno, entonces, se mueve entre dos cuerdas separadas, como si existieran dos iglesias: la del Papa (a quien Morales llama “de los pobres”) y la de Bolivia...

Por su parte, la Iglesia en el país también parece oscilar: por un lado, hace fuertes críticas a la institucionalidad democrática (“aprendiendo de las anteriores elecciones, queremos recordar que es necesario garantizar siempre la igualdad de reglas para los comicios de 2015”; se insinúa de modo claro que considera que en los recientes comicios de 2014 no las hubo) y, por otro, felicitando, por ejemplo, al Gobierno nacional por el manejo que hace de la economía (como lo hizo el obispo emérito castrense de Bolivia, monseñor Gonzalo del Castillo).

TENSIÓN. Estas conductas ambivalentes de  Iglesia y de Gobierno se reiteran sobre todo en los últimos tiempos; hoy mismo hay un pico de tensión a causa del pago del doble aguinaldo, el cual la Iglesia considera que es el Estado el que debería cancelar en beneficio de los trabajadores de la institución católica que operan en obras sociales. Si la conducta es igual, en cambio las interpretaciones sobre este hecho varían.

El físico Francesco Zaratti (fuertemente ligado a la Iglesia Católica en el pasado) explica la situación recordando que, tras la nueva Constitución, se quitó (“para bien”) poder a la Iglesia, lo cual ésta supo “comprender”, mientras que el Gobierno persiste en verla como “una amenaza”. Con base en este argumento Zaratti señala: “Por eso (Evo) puede ir del brazo del papa Francisco, porque él está en Roma, pero los obispos están acá. Que no se haga ilusiones de que hay una ruptura entre el papa Francisco y los obispos de Bolivia, porque la última carta que el Sumo Pontífice envió demuestra que no hay tal, aunque (el Papa tuvo) un gesto de cortesía al cenar con Evo”.

En efecto, en la segunda semana de noviembre, en medio de polémicas declaraciones de autoridades del Gobierno y del Legislativo referidas a los obispos, el Papa envió una carta a los jefes de la Iglesia Católica en el país; en la misiva, Francisco les dio su respaldo, refiriéndose en especial al cardenal Julio Terrazas —una de las cabezas eclesiásticas más cuestionadas por el Gobierno— como a un “amigo” suyo.

En cuanto a la incomprensión del Gobierno de la que hablaba Zaratti, el politólogo y diputado electo por el Movimiento Al Socialismo (MAS) Manuel Canelas atribuye esta actitud más bien al otro lado: a la Iglesia. A tiempo de recordar la complejidad de la relación, afirma que la irresolución viene “por una elevada falta de entendimiento de la jerarquía de la Iglesia en Bolivia —no de los creyentes— de los cambios que han tenido lugar en el país los últimos años”.

Por su parte, el exjesuita Rafael Puente ve las oscilaciones del Ejecutivo como parte de las “necesidades políticas de un Gobierno que no está dispuesto a admitir críticas vengan de quien vengan”; aunque no deja de hacer notar las oscilaciones de la Iglesia, que critica unas cosas al Gobierno y le reconoce otras como algo natural en “una realidad compleja”.

El resultado de la situación —para quien ejerciera como jesuita por más de 20 años y asesorara al Gobierno, Puente— es un punto medio de las percepciones de Zaratti y Canelas, pues habla de incomprensiones mutuas: “Hubo actitudes poco serias de ambos lados”. Inicialmente al Gobierno “le costó” comprender que la Iglesia no es lo mismo que su jerarquía; no obstante, el que cometió el gran error —no de oponerse al Gobierno porque “cualquiera está en su derecho” de hacerlo— sino de “mentir”, fue el cardenal Julio Terrazas, cuestiona Puente, recordando el incidente cuando esta alta autoridad eclesial dijo que no existía la esclavitud en el país, cuando dos años antes la misma Conferencia Episcopal diagnosticó que en algunas haciendas del oriente había “esclavitud moderna”. A partir de este hecho, el Gobierno adoptó una actitud “muy hostil” contra toda la Iglesia y no solo contra su jerarquía.

Esto toma dos sesgos —interpreta Puente. El Gobierno, por voz del propio Presidente intentó acercamientos mediante declaraciones. Así, por ejemplo, Puente menciona el hecho de que Morales se confesó católico, apesar del artículo 13 de la Constitución, que declara al Estado como laico; el Gobierno nunca ha dejado de celebrar las efemérides patrias con ceremonias católicas. “Sigue habiendo Te Déum cosa que no es grave, pero sí incongruente, porque esas celebraciones son oficiales y públicas”.

JERARQUÍA. Esto parece coincidir con las dos cuerdas en el modo de trato del Gobierno hacia la Iglesia: “Hay una suerte de acercamiento del Gobierno a los católicos en general y al papa Francisco en particular, mientras que hay un choque con la jerarquía de la Iglesia”, afirma.

Las declaraciones de la ministra de Transparencia, Nardy Suxo (que exigió rendir cuentas a la Iglesia), o las del diputado Marcelo Elío parecen dar la razón a Puente sobre esto: todos los ataques se dirigen a esta jerarquía. Pero los obispos también muerden, pues contestaron a la acusación gubernamental de despilfarro en la Iglesia con una serie de “hechos muy precisos de despilfarro en el Gobierno”, recuerda el exjesuita Puente.

Retrocediendo unos años, Zaratti explica lo que sucede, con una lectura desde 2006. Antes de ese año, observa, la Iglesia tenía un “rol político” pues era la mediadora de todos los conflictos sociales de más intensidad e incluso de otros menores. Esto le permitía “pasearse por los palacios del poder”. A partir de esto se crearon una serie de “creencias sobre los privilegios de la Iglesia, que en realidad eran más nominales que reales, pues la gran mayoría de sus obras son de servicio y llegan ahí donde el Estado, no. Si antes de 2006, la Iglesia tenía privilegios, no eran unos que le permitían enriquecerse, sino desarrollar sus obras sociales; no se trataban de privilegios como por ejemplo tienen hoy los cooperativistas mineros o cocaleros, que son para que este sector se enriquezca”. 

De acuerdo con Zaratti, la nueva perspectiva que (a partir de la nueva Constitución) limita políticamente a la Iglesia, “de manera positiva”, fue comprendida por ésta, a pesar inclusive de que el Gobierno siga viendo a la Iglesia Católica como una amenaza. “Le quiere quitar poder, lo que está bien, porque mientras más poder le quita, (el Estado) podrá ejercer mejor su propia función, aunque los platos rotos los va a pagar la población, pues si antes podía tener, por decir, tres orfanatos, ahora tendrá dos”, prevé el físico Zaratti refiriéndose a la posible reducción de las obras sociales de la institución católica a causa del pago del doble aguinaldo.

En contraparte está la lectura de Canelas, quien ve que la “incómoda” relación llevó a la jerarquía de la Iglesia a “politizar en exceso sus intervenciones, en un sentido opuesto al Gobierno y por tanto opuesto a la voluntad de las mayorías expresadas repetidas veces en las urnas”.  Pero no todo son desencuentros. Al menos hasta ahora, Iglesia y Gobierno parecen estar de acuerdo con dos cosas: no legalizar el aborto y decir no al matrimonio entre personas del mismo sexo.

COINCIDENCIA. Más allá de las oscilaciones en que se mueven ambas partes, más allá de los desencuentros, la Iglesia y el Gobierno “comulgan” en la no legalización del aborto y oponerse al matrimonio de personas del mismo sexo. Para Zaratti, el punto de encuentro “no es menor”, pero tampoco sincero, porque mientras para la Iglesia es un tema “ideológico”, para el Gobierno es “pragmatismo político”. Son las bases del MAS las que en realidad “coinciden en estos puntos con la Iglesia y no así la cúpula” del partido, destaca.  “Cuando haya una correlación de fuerzas, dentro del MAS, a favor de medidas como éstas, las van a hacer; por ahora veo juegos de poder, de conveniencia”, concluye.

Canelas, en cambio, señala que el debate sobre esos puntos corresponde a la sociedad. “Pienso que aún están en una situación bastante mejorable. Es necesario persuadir, debatir y, en última instancia, convencer a grandes sectores de la población de la pertinencia de avanzar en la expansión de los derechos. En este debate, la Iglesia puede tener voz—más los creyentes que la institución— pero no una capacidad de veto amparada en una idea de verdad que se sustraiga a la deliberación democrática”. Puente, por su parte, ve esta coincidencia de manera más o menos similar a Zaratti: “El Gobierno no quiere crearse dificultades en sectores católicos y evangélicos. Lo cual no creo que sea convicción personal del Presidente”.

ENCUENTRO. Viendo el pasado inmediato, en busca de cómo será el futuro de la relación, el reciente encuentro del Papa con el presidente Evo Morales “supondrá un distensionamiento, desde arriba, de esta situación”, prevé Canelas. “La Iglesia es muy respetuosa de sus jerarquías internas y conviene no olvidar que el Vaticano invitó al presidente Evo a participar en un encuentro de movimientos populares y, posteriormente, a un encuentro a solas. Aquí no puede sustraerse una lectura política y un claro deseo de reconducción de la relación que seguramente será debidamente escuchado por la jerarquía local. La lectura, muy positiva, que ha hecho el Gobierno de ese encuentro ha quedado de manifiesto en diversas declaraciones”.

Esto es puesto en duda por Zaratti, quien ase-gura que de haber sido la cena entre Morales y Bergoglio favorable, el Gobierno habría hecho mucho más alarde del tema...

Aún sin que se pueda hacer un diagnóstico final, queda un Evo Morales que echa flores a Bergoglio (“siento que ahora tengo Papa”) y un Bergoglio que pronuncia un discurso contra la desigualdad, que lo convierte en la síntesis del extreme makeover (transformación extrema) que la Iglesia pretende irradiar. Habrá que esperar aún para ver si realmente se trata de una renovación, si realmente el Vaticano está con la lucha contra la injusticia o se confirma lo que dijo el periodista Maciek Wisniewski: que el mundo está “tan a la derecha” que la palabra “injusticia” en boca de Bergoglio lo vuelve, sin mérito y de manera automática, en revolucionario...

La Iglesia está donde el Estado no llega: Sergio Gualberti, arzobispo de Santa Cruz

La Iglesia cumple un servicio de suplencia allí donde el Estado no llega y lo hacemos con mucha dedicación acogiendo con beneplácito el mandato del amor a los pobres que Jesús nos ha dejado. Esperamos unir fuerzas con el Gobierno para servir a estos hermanos más desfavorecidos con la atención adecuada. Homilía del domingo pasado en Santa Cruz.

‘Siento que ahora tengo Papa’: Evo Morales, presidente de Bolivia

Yo diría, de verdad siento que ahora tengo Papa, comprometido con su pueblo, con pensamiento revolucionario, con sentimiento social, y sobre todo con propuestas (...) para acabar con la injusticia. (...) Planteamos cómo construir la alianza de los excluidos, recuperando los principios y los valores, nuestros pueblos ancestrales. Tras su reunión en el Vaticano.

Evitar declaraciones que sean inoportunas: Manuel Canelas, diputado electo por el MAS

Creo que hay que darle tiempo al procesamiento de esta nueva orientación en las relaciones y, mientras tanto, evitar las declaraciones inoportunas. Estamos en un Estado laico, con un Gobierno fuertemente respaldado en las urnas y con una interlocución directa entre el presidente Evo y el papa Francisco. Éstas son las coordenadas en las que tiene que enmarcarse la relación.

El ‘chunkeo’ entre Morales y Bergoglio: Rafael Puente, exjesuita y miembro del Colectivo Urbano por el Cambio

Antes, el Gobierno no distinguía entre Iglesia y su jerarquía, ahora parece hacerlo y es un paso adelante, pero a cambio de eso, hay una suerte de chunkeo (intercambio de cariño, quechua) con el Papa, que no es muy consecuente. Si bien no se puede negar que Francisco está dando muchas sorpresas, apoyó a la dictadura argentina de 1976 y no se ha arrepentido, a pesar de otros gestos.

La Iglesia comprendió su nueva realidad: Francesco Zaratti, físico

La nueva Constitución ha sido muy positiva porque de alguna manera ha reducido el accionar de la Iglesia al campo religioso y social, ya no al campo político. Esta nueva realidad fue percibida muy bien por la Iglesia, pero no por el Gobierno, que la sigue viendo, por su popularidad y su presencia en el país, como un peligro para la hegemonía del poder. Ése es el gran problema.

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