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Un Gobierno que no entiende el mensaje

Lo bueno, lo malo y lo feo del año.

Un gobierno que no entiende el mensaje

Un gobierno que no entiende el mensaje

La Razón / Róger Pinto Molina. Es senador de Pando por Convergencia Nacional (CN) / La Paz

23:36 / 17 de diciembre de 2011

El año 2011 fue un año bastante conflictivo para el gobierno de Evo Morales Ayma, por razones harto conocidas y porque el pueblo boliviano no piensa como él, no está de acuerdo en muchas cosas que hace y porque el cansancio es más que explícito.

Podríamos decir que el Presidente ya no encanta a nadie y tampoco a sus bases, sino habrá que hacer memoria de todas las acciones que asumió en este tiempo y cómo le respondió la gente. Aquí no es suficiente que la gente del Movimiento Al Socialismo (MAS) y sus acólitos digan que son unos cuántos, pues no estamos viviendo el período de su primera gestión ni tampoco la época de cuando el mundo se admiraba de la designación de un indígena en la más alta magistratura de Bolivia.

Este año que se nos va, el contexto y las realidades son diametralmente opuestas a aquella vez. Ahora tenemos un gobierno enfrentado con su base social, que camina muy a tono como los anteriores regímenes y que defiende a quienes decía ser sus opresores.

Ayer echaba barro a los empresarios, los calificaba de oligarcas, derechistas y reaccionarios. Hoy, a esos mismos los mima, les manda piropos y les pide gobernar conjuntamente.

Ayer desbordaba de afirmaciones de apoyo a las reivindicaciones de los sectores indígenas, campesinos y de otros excluidos. Hoy los califica de vendidos a las transnacionales, financiados por el gobierno de Estados Unidos y que responde al imperio norteamericano.

Vamos a llegar a una primera conclusión: o se volcó a la otra acera el gobierno del MAS o, en definitiva, siempre fue así, cual lobo vestido de oveja.

Este año fue complicado para los bolivianos. Los balances que hicieron varias instituciones nos muestran un panorama muy sombrío, los bolsillos de la gente siguen depauperados, creció la informalidad y también creció el narcotráfico, que llegó a niveles alarmantes. Podríamos decir que fue un año de altas y bajas, donde la gente, el vecino de las ciudades, es quien pagó los platos rotos y las frecuentes metidas de pata.

Fue un año de altas porque creció la delincuencia, fue un año de bajas porque la gente se encuentra indefensa y no tiene a quién quejarse.

Fue un año de altas porque creció la corrupción en muchos niveles. Si alguien sale con su automóvil, con seguridad que a la vuelta de la esquina se enfrentará a los abusos y prepotencia de los policías. Fue un año de bajas, porque son pocas las posibilidades del ciudadano de no sufrir acoso policial por dinero.

Este 2011 fue un año de altas en el nivel de inflación de los artículos de primera necesidad y otros servicios, y fue un año de bajas porque los salarios, de quienes todavía tienen la suerte de tener un empleo, continúan congelados y no alcanzan para nada.

Fue un año de altas para quienes están en el poder, porque se apropiaron de los puestos de trabajo en la administración pública y si no conseguían pega, muy fácil era crear nuevas fuentes.

Fue un año de altas porque los masistas gastaron a manos llenas el dinero del pueblo, a nombre del proceso de cambio, y fue un año de bajas, porque gente honesta y honrada no pudo recibir los beneficios de vivir en democracia. Fue un año de altas en las agresiones contra quienes disienten o contra quienes exigen respeto. Fue un año de bajas para los indígenas y la oposición, vapuleada a más no poder.

Para quienes estamos en la oposición fue un año de altas en valor y dignidad frente a la prepotencia. Lo menos que podía hacerse es defender a quienes no estaban de acuerdo. Entendamos que fue un enfrentamiento entre David y Goliat.

Fue un año de altas en denuncias de crecimiento del narcotráfico en Bolivia y un año de bajas en la transparencia y honestidad de un gobierno que hace muchísimo tiempo se olvidó de algo básico.

El gobierno de Evo definitivamente se divorció de la realidad y se alejó de su base social.

Con esta premisa, no debería sorprendernos lo ocurrido con la represión a los marchistas indígenas; tampoco, la actitud de indiferencia que se percibió en el manejo del conflicto de las personas con discapacidad.

Estamos al frente de un gobierno totalitario y que nos da lástima, por las frecuentes metidas de pata que perjudican a la imagen de los bolivianos. Nos da lástima porque repite los mismos errores que tanto criticó y los agranda con todas sus fuerzas.

En medio de esto, es loable la conducta asumida por todo el pueblo boliviano, ya que en ningún momento se dejó amilanar, no se asustó y le resultó respondón las veces que pudo. Es valorable la lección de dignidad que nos dieron los movimientos indígenas, que no se dejaron intimidar con el tema de la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos.

Bolivia se merece mejor suerte y todo parece indicar que el gobierno de Morales no entiende ese mensaje y, por lo tanto, tiene que estar alistándose para el inevitable adiós. ‘V de vendetta’ lleva a la política, a la aventura y la ciencia ficción

En un futuro no muy lejano, un gobierno fascista controla el Reino Unido. Las libertades y derechos son inexistentes y las opiniones disidentes son acalladas brutalmente. Sin embargo, una misteriosa figura enmascarada inicia una serie de ataques contra símbolos del poder. Evey, una joven empleada se verá envuelta en una sanguinaria lucha de ideologías.

Adaptación del cómic homónimo, V de Vendetta lleva al espectador por una ruleta rusa de emoción y suspenso, que, no deja de mostrar que la gente es víctima de los radicalismos políticos. Sin embargo, el mayor valor del filme es la invitación para leer la historieta original de Alan Moore y David Lloyd, considerada una obra maestra del noveno arte. Jorge Soruco.

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