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Guilherme Boulos: El Mundial de Fútbol generó nuevos ‘sin techo’

Recientemente, invitado por el Cedib, estuvo de visita en Bolivia el líder del Movimiento de Trabajadores Sin Techo de Brasil (MTST). Explicó las movilizaciones de protesta que hubo en el país vecino los días del Mundial de Fútbol.

Guilherme Boulos.

Guilherme Boulos. Foto: Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:03 / 19 de octubre de 2014

Que uno de los líderes de las protestas registradas entre junio y julio contra el Mundial de Fútbol 2014 en Brasil; es el máximo responsable de la Coordinadora Nacional de Trabajadores Sin Techo (MTST). Guilherme Boulos explica las razones del distanciamiento de éste y otros movimientos sociales con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, primero, y de Dilma Rousseff, después. La revuelta social registrada los días del Mundial para este sector tuvo una causa concreta, asegura: las grandes obras encarecieron en más del doble el costo del alquiler de la vivienda en aquellos barrios donde fueron emplazadas, provocando la aparición de nuevos miles sin-techo. Una vez pasado el Mundial, los problemas no cesaron, ni mucho menos, afirma: lo más probable es que las cosas se pongan igual de críticas antes y durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, vaticina.

— ¿Por qué se distanciaron de Lula y de Rousseff, siendo éstos gobiernos populares?

— Nosotros nunca fuimos parte (de esos gobiernos); reconocemos que el de Lula fue distinto de los neoliberales de los 90; permitió algunas conquistas sociales, pero tenemos críticas, muy duras diría, a su política, en particular a su política urbana. El gobierno del PT (Partido de los Trabajadores) desde 2003 fue cuando más se agravó la especulación inmobiliaria; hubo crédito, un aspecto económicamente positivo para el Gobierno, pero generó una especulación; el valor de la tierra se fue a las alturas, con esto el alquiler. Hemos presentado a Lula y luego a Dilma la demanda de una reforma urbana; pero en nuestra percepción el Gobierno está más comprometido con el sector de la construcción, con el sector inmobiliario.

— En concreto, ¿qué significa que un estadio, por ejemplo, sea construido en un barrio?

— El enfoque del Gobierno fue esencialmente empresarial, el aspecto social fue muy secundarizado, porque él hizo por ejemplo el programa Mi Casa Mi Vida, el mayor programa de habitación social de la historia del Brasil. Pero es un programa que no fue hecho para atender a las familias sin techo, sino para generar liquidez a las empresas del sector inmobiliario, se traspasó el subsidio público al sector de la construcción; ésta es nuestra crítica. El Mundial profundizó esto; donde hay megaeventos y megaobras, hay valorización inmobiliaria.

— ¿Pero, específicamente, el Mundial, qué perjuicios trajo?

— Muy grandes, diría. Algunos datos: el valor de la tierra en las dos mayores ciudades de Brasil, Sao Paulo y Río de Janeiro, ha subido absurdamente en los últimos cinco años; en Sao Paulo está alrededor de 150% de valorización, en Río de Janeiro, más de 200%. En el valor del alquiler, que es lo que toca directamente a los más pobres, el pueblo trabajador de las periferias, el aumento en Sao Paulo fue entre 100 y 120%, en Río más de 150%; esto ha generado una situación de exclusión perversa, porque las personas que vivían históricamente en estos barrios no pueden pagar, porque el costo de vida en el barrio se tornó más caro; llegó una obra y el alquiler ha doblado, ha duplicado su valor. El efecto más perverso de este proceso fue generar nuevos sin techo.

— ¿La construcción de viviendas no aminoró el problema?

— Hay déficit habitacional en Brasil cuando el alquiler es más del 30% del ingreso de la familia; cuando la renta ha subido mucho, miles de familias entraron en déficit. Se construyó viviendas, pero con una política urbana que no ha frenado la especulación, por el contrario, la ha estimulado. Esto muestra que no basta el crecimiento económico, que debe haber una política de regulación por parte del Estado para frenar el desarrollo del capital y garantizar el derecho a los más vulnerables, a los más pobres.

— Pero, bueno, al final queda una obra, el estadio, las vías…

— Son obras que no dejan un legado social, muchas veces ni siquiera un legado deportivo, porque el pueblo más pobre de Brasil no asistió a los estadios; el valor del boleto era de 500 dólares; estos estadios fueron construidos en un modelo elitizado. Más allá de esto, las obras viales, de acceso, fueron obras de acceso a los estadios, a los centros hoteleros, a los turísticos, no fueron obras que van a mejorar decididamente la vida de los trabajadores, que todos los días van a la periferia y de la periferia al centro para trabajar; hay regiones de Sao Paulo a las que se llega en tres horas, de la casa al trabajo; tres horas para ir y tres para volver, seis horas de sobrejornada de trabajo en el transporte público, eso es intolerable.

— ¿Y el Gobierno, no ha actuado de alguna manera?

— Nosotros estuvimos una vez con la presidenta Vilma, con gobernadores. El movimiento ha producido una pauta de reivindicaciones, una agenda en que hay una nueva Ley del Inquilinato, que pueda frenar la subida sin control de los alquileres.

— Porque el alquiler lo pagan los pobres, es un tema de pobres…

— Sí, el inquilino, máximo una clase media baja. La futura ley se basa en que no es posible, por ejemplo, que la inflación en cinco años sea 30%, y que el alquiler pase del 120%; esto no es inflación, esto es especulación, algo desenfrenado; no se puede dejar esto en manos del mercado, hay que regularlo con la mano del Estado; que la Ley del Inquilinato diga que la subida de alquiler sea condicionada al valor de la inflación, que no puede ir más allá.

Una cosa que logramos conquistar en las movilizaciones en el Mundial fue formar una comisión nacional para prevenir desalojos forzados; éste es un drama en Brasil, desalojos con la Policía, con bombas; lo que logramos fue que una comisión federal, de cuatro ministerios, monitoree los desalojos, intervenga para buscar soluciones pacíficas. Un tercer punto es la transformación profunda en el plan de vivienda Mi Casa Mi vida. Este plan, que tiene como principal actor a las constructoras, que éstas ganen más y más plata; donde las viviendas están mal localizadas, en el extremo de las ciudades, y que además de pequeñas son de baja calidad; es preciso garantizar gestión directa por parte de los trabajadores, los futuros moradores.

— Darle un contenido más social que económico al tema vivienda.

— El cuarto y último tema es el de la función social de la tierra. La tierra ociosa utilizada para la especulación en las ciudades es un absurdo, esto tiene que ser combatido; en Brasil tenemos incluso en la Constitución federal de 1988 que nos garantiza que la propiedad tiene que cumplir una función social, pero esto no se hace, hay una presión muy fuerte del sector inmobiliario, de las constructoras, que son también los sectores que financian las campañas electorales y por eso tienen diputados, bancadas, gente en el Gobierno.

— ¿Y allá no hay avasalladores, tomas al margen de la ley?

— Allá, el movimiento toma tierras, pero es para la distribución colectiva y social, no para la venta o para el comercio. Los loteadores son delincuentes, gente que quiere ventaja individual en la miseria del pueblo, eso es inadmisible; lo que el movimiento hace es de forma organizada, tomas de tierras improductivas, ociosas, que son de los especuladores, para que sean destinadas a la habitación popular; y no es solo infraestructura, nosotros luchamos por una vivienda digna, no solo un techo, sino escuela, salud, agua, alcantarillado, lo que una vivienda digna debe tener.  Para que los especuladores no se infiltren, hay un catastro unificado nacional, que garantiza que alguien que ya tiene una casa no pueda ganar otra.

— ¿Cómo cuidarse de lo que aquí llamamos palos blancos…?

— Hay forma de evitarlo teniendo organización; todos están en vida comunitaria, todos se conocen; donde la gente se organiza desde el barrio; la mejor forma de control es el popular, el control social, es el más eficiente y menos burocrático.

— Una familia, una casa...

— Una familia, una casa; ése es el principio.

— Volviendo a Lula, ¿hasta dónde le apoyan? Aquí se habla mucho del “gobierno de los movimientos sociales”.

— En nuestro caso esto no se dio; tenemos una posición bastante crítica a las políticas del gobierno del PT, sin dejar de reconocer que tuvo algunos logros sociales, pero que son muy insuficientes; porque en el gobierno del PT se dice: ‘los trabajadores ganaron algo’, pero también fue un periodo en que los bancos tuvieron ganancias récord, cuando el capital también ganó mucho. No es que no dialogamos, lo hicimos con Lula, lo hacemos con Dilma, pero creemos que el movimiento popular, que tiene sus propias demandas, tiene la necesidad de dialogar con todo el mundo, pero también tiene el deber de mantener su autonomía y sus demandas, y no integrarse a un gobierno por cualquier relación de cambio.

Así como hay ‘Vía campesina’, proponemos la ‘Vía urbana’

El Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) nació del legendario Movimiento Sin Tierra (MST) brasileño. Una de sus mayores reivindicaciones es la reforma urbana: así como hay el movimiento rural “Vía campesina”, lo mismo ahora se impulsa la “Vía urbana”, apunta el directivo del MTST Guilherme Boulos. 

— ¿Cuál es la dimensión del MTST?

— El MTST tiene algo más de 30.000 familias organizadas en siete estados de Brasil: Sao Paulo, Río de Janeiro, Ceará, Pernambuco, Roraima, Tocantins, y el Distrito Federal. El movimiento hace sus luchas organizando, tanto las tomas de tierra como en organizaciones comunitarias, demandas barriales por servicios urbanos más dignos.

— ¿Qué alcance internacional tiene su organización?

— Relaciones de solidaridad, pero ninguna orgánica. Así como hay el movimiento internacional Vía Campesina, es necesario construir una ‘Vía urbana’. Una articulación de los movimientos populares urbanos a nivel internacional; creemos que acá en Bolivia hay organizaciones fuertes y combativas que deberían captar este proyecto.

— ¿Qué de similar hay entre Bolivia y Brasil en lo relativo a los movimientos Sin Tierra y Sin Techo?

— Conozco poco, estuve en Bolivia pocas veces; pero una referencia es lo que fue la experiencia de la Fejuve de El Alto, de la “guerra del gas”; para nosotros en Brasil, militantes del movimiento urbano, fue una experiencia ejemplar, la experiencia de lucha, de combate en el territorio, de resistencia, que nosotros tomamos como ejemplo e inspiración.

— ¿El Gobierno de Evo Morales les ha invitado?

— No, no fuimos invitados. Creo que esto tiene que ver también con la relación que tiene Evo con Lula y con el PT, con el Gobierno del Brasil; nosotros somos como una piedra en el zapato del gobierno del PT; tampoco somos invitados por Venezuela, ni Argentina, por sus gobiernos.

Datos

Nombre:Guilherme Boulos

Nació: 1983

Cargo: Es el coordinador nacional del Movimiento de Trabajadores Sin Techo

Perfil

Guilherme Boulos ha escrito el libro ¿Por qué ocupamos?, lectura imprescindible, según expertos, para conocer esta parte de la realidad brasileña. Se casó con una Sin Techo y tiene dos hijas. Tiene formación en Filosofía y está especializado en Psicoanálisis. Inició su militancia política a los 16 años e ingresó en el MTST en 2002.

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