Animal Político

Guillermo Bedregal: Evo es el hombre de las intuiciones, no de los razonamientos

No podía faltar la pregunta, acaso reproche: al día siguiente del triunfo boliviano en la OEA en La Paz, en 1979, el MNR y los militares dan un golpe, la Masacre de Todos Santos... ‘Fue un episodio desgraciado, de autoría y responsabilidad del MNR’, reconoce. 

Guillermo Bedregal.

Guillermo Bedregal. Foto: Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Quiroz / La Paz

00:03 / 30 de noviembre de 2015

Guillermo Bedregal Gutiérrez, el viejo dirigente emenerrista, acaba de publicar su libro Estrategias de la Revolución Nacional. Reflexiones desde hace 20 años, asegura, su lucha es contra la ortodoxia, el dogmatismo (“la ortodoxia yo no la admito, solo creo en ella cuando me pongo a rezar, cuando hago teología”); si los ortodoxos son los acríticos seguidores de Marx y su teoría de la lucha de clases; la heterodoxia, por el contrario, apuesta a la “alianza de clases” y ello en Bolivia no es otra cosa que el Nacionalismo Revolucionario. Con 86 años en las espaldas, político desde la adolescencia (“nueve décadas de un hombre que a los 18 años ya fue torturado”, dice), Bedregal ofrece esta entrevista a La Razón tras un largo y autoimpuesto silencio desde hace por lo menos diez años.

— ¿Dialogan los bolivianos desde un punto de vista, como usted dice, dialéctico?

— En Bolivia estamos viviendo una época de transición muy larga. Todavía la república que fundó el libertador Simón Bolívar no se ha terminado de constituir; somos un país, como decía (Manuel) García-Pelayo Alonso [1909 - 1991, jurista y politólogo español] incoado, pero no realizado. Y lo que tenemos en la cabeza es que la responsabilidad no está en la lucha de clases, sino en la alianza de clases porque aquí no hay revolución industrial. Por eso, no nos podemos inclinar reverentemente a Carlos Marx y Federico Engels que escribieron y describieron la realidad de la primera revolución industrial que se hace en Inglaterra; entonces, la heterodoxia para mí en Bolivia es el Nacionalismo Revolucionario.

— ¿Cómo sitúa al MAS dentro de estos procesos sociales y políticos que usted describe?

— El MAS es un fenómeno sumamente interesante y para analizar la contemporaneidad del MAS, quiero señalar que intelectualmente soy respetuoso. Pero ahí aparece una mezcolanza de ideas y acciones; de avances y retrocesos. Los masistas no están preparados para formular lo que realmente hay que hacer. Hay una frase emblemática de nuestro Presidente cuando pide a sus abogados “que le metan nomás”. Esta frase, desde el punto de vista de la teoría del conocimiento es una suerte de decadencia de plano inclinado porque se exalta demasiado la figura del caudillo. Evo Morales es el hombre de las intuiciones y las intuiciones no son razonamientos y los razonamientos son la materia prima que acompaña a los procesos de cambio que se han registrado en el mundo. Evo Morales es un personaje notable, porque su intuición le lleva a arriesgar una serie de elementos que los debe construir en el camino.

— ¿Y los opositores?

— Aquí es bueno señalar que hay una ineptitud de las oposiciones, de la derecha de este país. Al decir derecha, me imagino la derecha y la izquierda de la Revolución Francesa. La derecha tiene una ventaja, tiene capacidad de ocio; en cambio, el proletariado o el empleado que vive de su trabajo cotidiano solo busca el tiempo para descansar, no para razonar. No es ninguna borrachera lo que está viendo la gente cuando el instinto político que tiene nuestro Presidente genera conflictos. Y eso es lo que debería analizar la derecha. La derecha está huérfana, los líderes no están y este elemento genera el endiosamiento del caudillo que aplica la fórmula “Yo le meto nomás”. Pero, la oposición es pobre.

— ¿No llegó a su fin el Nacionalismo Revolucionario con las capitalizaciones, el neoliberalismo, de los 90 o la llegada del MAS?

— La pregunta es compleja. El Nacionalismo Revolucionario va a seguir, porque los que fundaron, en los 40, al MNR tuvieron la virtud de haber sido combatientes de la Guerra del Chaco, como yo llamo a esa guerra absurda, una situación de desvergüenza de las élites. Se combate y se muere; se generan las más duras atrocidades, porque los semidioses que provoca una conflagración son factores en los que la libertad individual se va estrangulando. Creo que en la actualidad el Nacionalismo Revolucionario es la bandera que deben hacer ondear los países subdesarrollados. En África ya está pasando. Allí existen fuertes movimientos de búsqueda de la nación, pero dentro de la democracia que no solo se limita a la definición de los griegos, pues se trata de una manera de vivir.

— ¿Cómo valora la visión de Gonzalo Sánchez de Lozada?

— Lamentablemente, el MNR, que no es un partido sino un movimiento, tomó una decisión estratégicamente vinculada al liberalismo, porque en esa oportunidad Sánchez de Lozada era un genuino representante de una burguesía contrahecha, que no se realizó. Por eso creo que el Nacionalismo Revolucionario es un mensaje para la nación, no para la evolución. Los acontecimientos que culminaron el 17 de octubre de 2003 con la caída del gobierno del MNR fue el tiempo culminante de una democracia de los pactos partidarios que de algún modo expresaba fatiga con la aparición de nuevos actores   y de nuevas estructuras de poder  paraestatal como las organizaciones sociales que generaron un nuevo tipo de escenario político. El estigma esencial, obra de esta caída, se estrelló contra el MNR.

— ¿Pero, qué sentimiento tiene usted con respecto a Gonzalo Sánchez de Lozada?

— He sido muy amigo de él, pero he sido más amigo de su padre, don Enrique Sánchez de Lozada, que era un político muy vinculado a la casta dominante norteamericana. Tenía él una franquicia personal: era un pensador que no sabía expresar sus ideas. Mauricio Hochschild, Víctor Aramayo y Simón Patiño [conocidos por ser los barones del Estado durante la primera mitad del siglo XIX] lo detestaban; nunca le perdonaron a Enrique que él esté inclinado a un marxismo de casta, de intelectuales. Y Sánchez de Lozada cuando tiene que hacer el 21060 [decreto de 1985 sobre el que se basó la década de la política neoliberal] no tiene alternativa: dirige (entre 1989 y 1993) un gobierno acosado. Los partidos estaban desparramados; no había ideología, no habían leído definitivamente lo que hizo la Nueva Política Económica de Vladimir Ilich (Lenin) [1870-1924, dirigió la extinta Unión Soviética; fue un teórico de la doctrina comunista], que fue destruida por el estalinismo (la corriente teórica que lideró Josef Stalin). El contexto de esta medida coincide con el desmoronamiento de la Unión Soviética. ¿Por qué ocurre eso? Precisamente porque la nación prevalece ante el adorno soviético que popularmente fue aceptado pero, desde el punto de vista práctico, no funcionó. Ahí viene el desmoronamiento y es la primera vez en la historia que un imperio cae no por la obra de una invasión o por la pérdida de una guerra, sino por su propia incapacidad de leer las circunstancias que estamos viviendo. Ahora, yo no fui partícipe de la elaboración del 21060 desde el punto ejecutivo, pero desde el punto de vista práctico  Sánchez de Lozada no tenía otra alternativa, porque el imperio predominaba en sus decisiones. Y no era que él era un vendepatria, como se dice hoy; no, porque las circunstancias estaban determinando su arrinconamiento intelectual. Ese es el tema, el núcleo fundamental que a mí me preocupa. Entonces, el 21060 es un imperativo, casi biológico, pero que no estuvo acompañado de un mecanismo revolucionario de información.

— ¿El MNR tiene futuro?

— Tal vez el MNR como tal, no. Porque la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada arrastró una serie de elementos que conforman un movimiento. Lo que sí rescato con serenidad y al margen de la práctica política cotidiana es que el Nacionalismo Revolucionario está vigente en todo el mundo y está opuesto al caudillismo, que es el flagelo más grande que ha sufrido, incluido el caudillismo del Mariscal Andrés de Santa Cruz.

— Cuando fue canciller hubo una negociación con su colega chileno Jaime del Valle (1987) sobre el tema del mar. ¿Cómo fue ese proceso, qué cree que es viable?

— Las circunstancias han cambiado. Chile vive una experiencia actual de vida democrática. Su presidenta, Michelle Bachelet, está adormecida y generosamente considera que el tema del enclaustramiento marítimo está atado a las experiencias que tuvo la mala fe de Chile. El memorándum de los famosos 13 puntos no es una realidad sobre la cual nos debemos apoyar. Creo que el tema es penoso, porque la decisión de la Corte Internacional de Justicia ha provocado un gran debate filosófico sobre si los tratados son inamovibles. La realidad de Chile es que se ha dogmatizado ortodoxamente con respecto al Tratado de 1904 y no ha ensayado, generosamente, en el marco de la integración latinoamericana, una camino viable para que ese tipo de negociaciones generen la solución del problema marítimo con soberanía y eso debemos aquilatarlo desde el punto de vista de qué quiere decir “con soberanía”. ¿Dónde está el soberano? Hay un debate muy bello  en Europa sobre si soberano es quien decide definitivamente. Hans Kelsen [1881-1973, jurista austríaco, militante de la teoría pura del Derecho] dice: “La norma es la norma y por lo tanto hay que acatarla”. La norma, dicen los chilenos, es el Tratado de 1904. ¿Pero dónde está el resto de los elementos que nos llevan a una tensión innecesaria? ¿Dónde está el rol del imperialismo? ¿Tiene sentido pensar que solo se puede negociar sobre la base de los viejos tratados?

— Bolivia ha demandado ahora a Chile ante la CIJ sobre la base de las promesas incumplidas de ese país. ¿Esta tesis se analizó cuando usted era Canciller?

— El juicio está atado a un aspecto concreto que es el problema legal (la norma). Pero este tema requiere fundamentalmente un entorno político para que la sociedad entienda; la chilena, la boliviana; la OEA, las Naciones Unidas, entiendan que este tema roza el corazón de la voluntad del pueblo boliviano. ¿Quién se atreve a decir “no estoy de acuerdo”? Porque es un asunto que lo hemos heredado en nuestra sangre desde que somos país. Sin salida al mar, Bolivia no es.

— ¿Cómo ve a Perú en este escenario?

— Siempre he dicho que el tema no es bilateral, porque la presencia peruana es definitivamente importante, pese a que sus clases dominantes siempre han visto a Bolivia como un aliado de segunda clase. El tema de Ilo, de la época del presidente Jaime Paz Zamora (1993-1997) fue un subterfugio que se trató, por parte de los peruanos de equilibrar lo que Chile proponía. La viabilidad de este asunto es que definitivamente las clases dominantes de los tres países (Bolivia, Perú y Chile) se sienten para resolver un problema que emocionalmente nos está matando. ¿Por qué los chilenos, a través de Heraldo Muñoz, responden simplemente con frases compradas al problema de fondo? Porque la argumentación de Chile en esto es muy pobre y ellos lo saben porque tienen un servicio diplomático excelente, pero el chovinismo, que es la hipertrofia del patriotismo, no permite acomodar esa mesa para sentarnos y resolver definitivamente este problema con soberanía.

— En noviembre de 1979, Bolivia logró una importante declaración en la OEA sobre el mar, pero al día siguiente se produjo el golpe de Estado del que fue parte el MNR.

— Fue un episodio desgraciado, donde la falta de comunicación ante los hechos fue decisiva y fue producto del ansia de poder de la casta militar. El golpe de noviembre, lo que fue la Masacre de Noviembre, fue de autoría y de responsabilidad del MNR, porque no supo calibrar la magnitud del problema en el corazón del pueblo; y también de la ambición    militar, del banzerismo para     perpetuarse en el Gobierno.

Datos

Nombre: Guillermo Bedregal Gutiérrez

Nació: En La Paz, el 17 de octubre de 1929

Profesión: Abogado, economista, político

Perfil

Si bien no participó en la Revolución de 1952, se sumó al MNR poco tiempo después; fue ministro de los  primeros gobiernos emenerristas; diputado por La Paz; canciller del efímero gobierno de Alberto Natusch Busch; ministro de Planeamiento en la época del 21060, nuevamente Ministro de Relaciones Exteriores; llegó a ser Primer Subjefe Nacional del MNR.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia