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Gustavo Rodríguez: ‘Retornan’ dos soldados bolivianos del Alto de la Alianza

El anuncio del hallazgo de un soldado peruano y dos bolivianos en el campo de batalla del Alto de la Alianza hace de metáfora del actual acercamiento entre Bolivia y Perú. Los cuerpos de los bolivianos serán repatriados.

Encontraron sus restos tras 135 años.

Los restos de los soldados que combatieron en el Alto de la Alianza. Foto: Embajada de Bolivia en Perú. Embajada de Bolivia en Perú.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:03 / 28 de junio de 2015

En isla Esteves (Puno), el Gobierno de Perú hizo el anuncio del hallazgo de los restos de dos soldados bolivianos y uno peruano muertos en la Batalla del Alto de la Alianza. Los despojos hicieron de metáfora del presente acercamiento entre Bolivia y Perú. La significación del hecho valió que la Declaración conjunta le dedicara el punto 34: “En el marco del Encuentro Presidencial y I Gabinete Binacional,  el presidente Ollanta Humala dio a conocer al presidente Evo Morales el hallazgo de los cuerpos de dos soldados bolivianos que perecieron en la batalla del Alto de la Alianza, durante la Guerra del Pacífico. En tal sentido, puso a disposición del Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia la repatriación de dichos combatientes, para que puedan descansar en su patria, en fecha que acordarán ambas cancillerías.”

— ¿Cuál fue el origen del hallazgo?

— Todo comenzó hace muchos años. En 2008, un equipo que se llama “Brigada Naval Combatientes del Pacífico”, encabezados por Percy Graham, hacía estudios en el área sobre la delimitación del campo de batalla del Alto de la Alianza. Ahí encontraron —casualmente, porque no es lo que estaban buscando— los restos de lo que parecía, aunque no había modo de determinar en ese momento, un soldado boliviano semienterrado en el campo de batalla del 26 de mayo de 1880. Ellos volvieron a enterrar los restos y dieron parte a las autoridades en Tacna del Ministerio de Cultura peruano.

— Esto en 2008...

— 2008, sí. Ellos dieron parte a las autoridades, pero probablemente algo pasó y no se hizo más nada. El año pasado, el grupo de Graham conoció a alguien en Bolivia y le contó del hallazgo e incluso le mandó fotos de los restos. Esta otra persona se contactó primero con la Academia de Historia Militar. Ellos fueron con las autoridades militares y, por algún camino, se comunicaron con la Cancillería o el Palacio de Gobierno en Bolivia. El 8 de diciembre de 2014 me llegó una comunicación diciéndome que haga todo lo posible para encontrar estos restos.

— ¿Desde el Gobierno boliviano?

— Es una comunicación que me la manda Juan Carlos Alurralde (Vicecanciller) y dice que realice las gestiones para obtener la información. Entonces yo, historiador, finalmente, comienzo a buscar, a veces con los datos dispersos, a los miembros del grupo, a Percy Graham, y doy con él.

— El que dirige la brigada que mencionó.

— Sí, que no es una brigada militar, sino civil, es un equipo de investigación. Me explica qué es lo que había hallado, etcétera. Comienzo a trabajar con la gente del Ministerio de Cultura del Perú. Hablo con la ministra Diana Álvarez-Calderón, con quien hemos trabajado en temas comunes entre Bolivia y Perú. Ellos deciden hacer la investigación. Después de algunas dudas sobre cómo se habían encontrado los restos, se hace la investigación. En febrero de este año voy con la gente de esta brigada, del Ministerio de Cultura, más gente del mismo ministerio en su regional de Tacna. Vamos a la zona.

Es un desierto. Llegamos donde el GPS indicaba y comprobamos que nadie había excavado. Es una zona por donde no transita la gente.Recuerdo que en los alrededores, uno de los arqueólogos encontró un proyectil, aparentemente de una bala chilena, lo cual mostraba que estábamos en lo que fue parte del campo de batalla. Luego de esa información volví a reunirme con la ministra. Entonces Cultura decidió involucrarse, pero dadas las relaciones, nosotros ya no trabajamos con ellos, sino con el Ministerio de Relaciones Exteriores.

— ¿De Perú o Bolivia?

— Perú, Bolivia no. Porque no se puede. Nos dijeron que era un proceso suyo y que tenían la capacidad y autoridad política para recuperar los restos. Además, nadie tenía constancia, en ese momento, si eran soldados bolivianos, peruanos o chilenos. No había forma de establecerlo ese momento.

— ¿Cómo se llega a la conclusión de la nacionalidad?

— En la foto que mandó Percy Graham se veía una parte del pie. Ahí se veía un bota doblada, un pantalón remangado, que es una característica de los soldados bolivianos.

— Por el pantalón, entonces.

— Sí, el pantalón blanco doblado. Bueno, ellos nos informaban mientras hacían la investigación. El resultado final fue transmitido por el presidente Ollanta Humala en la reunión (del Gabinete Binacional Perú-Bolivia, martes 23 de junio). En la mañana en que se presentaron los informes de las cuatro comisiones, Humala dijo que se encontraron los restos no de uno sino de dos soldados bolivianos. Incluso en el acta final de la declaración, consta el hallazgo y que serán devueltos a Bolivia.

— Es el punto 43 de la Declaración de isla Esteves, si no me equivoco.

— Sí , exacto.  Ahora, ¿quiénes son los dos soldados?

— ¿Qué sabemos de ellos? Tal vez si no su identidad o sus grados, sí datos de su pasado?

— No se puede establecer su identidad, sabemos que ellos eran parte del batallón que usaba chaquetas amarillas, que se llamaba el Batallón Sucre. Como es una zona árida se conserva muy bien.

— Los pigmentos.

— Claro, además los arqueólogos están entrenados para eso. Entonces, es claro que ellos tenían chaquetas amarillas. Eso hace que sean del Batallón Sucre, es decir, los soldados que venían de Sucre. Lo interesante del caso es que había un tercer cuerpo.

— ¿Chileno o peruano?

— Era peruano. Es decir, había un cuerpo aislado y como 15 metros más allá de los otros dos. El peruano estaba encima del boliviano.

— ¿El boliviano y el peruano estaban juntos y el segundo boliviano metros más allá?

— Sí, lo cual a mí me parece altamente simbólico. La excavación ha permitido encontrar un conjunto de detalles adicionales porque se ve que han hecho una excavación muy profesional y han encontrado muchas cosas.

— ¿Cuáles?

— Una de las cosas que han encontrado en los bolsillos son hojas de coca. Es muy interesante. El peruano también tenía hojas de coca que están bien conservadas. Parecen unas hojas secas de unos cuatro o cinco días.

— ¿Qué otros objetos?

— Hay varios objetos. Los bolsillos de ellos estaban dados la vuelta.

— Los chilenos los “bolsiquearon”.

— Los han bolsiqueado. Es decir, presumimos que una vez muertos, les han saqueado todo y como la coca no tenía ningún sentido para ellos (los chilenos), entonces quedó. En los alrededores han quedado varias cosas, como proyectiles de Remington (arma que utilizaban los bolivianos); una botella de coñac; puchos de cigarro; un recipiente para poner la cal para mascar la coca (a modo de lejía); el peruano tenía un detente, o sea, un amuleto para detener las balas. Lo importante de esto es que nos aproxima a una perspectiva más social de la guerra, ver quiénes eran estas personas, de qué se alimentaban, cómo estaban vestidas, qué usaban en la vida cotidiana de la guerra. Han encontrado agujas, botones. Eso va a permitir aproximarnos a otra cara de la guerra, por un lado a esa mirada más heroica de los bolivianos que dieron la vida por defender su patria; luego, el hecho mismo de que hayan sido enterrados —no hay forma de saber si murieron juntos— un boliviano y un peruano reafirma esta fraternidad; y, por último, nos dan huellas de una perspectiva distinta de esas historias más políticas de la guerra: tratados, generales. Aquí hay otros testimonios. Uno de los bolivianos era probablemente un oficial. Uno tenía abarcas, el otro no.

Entonces, tú ves abarcas gastadas y te das cuenta que caminaron mucho en el desierto, que es pedregoso, arenoso. Te los imaginas sedientos, con temores, con dudas, o con gestos heroicos, mascando su coca, sintiéndose protegidos o no por el detente, fumando su cigarro, tomando su coñac, esperando el día de la batalla. Y te imaginas también a las rabonas, a las mujeres de estos soldados corriendo a llevarles alimentos, o después de la batalla yendo a buscar a sus seres queridos a ver si los encontraban vivos o heridos. Todo permite una lectura diferente de la guerra, te aproxima a esa cotidianidad. Estuve muy emocionado al ver las hojas de coca.

— Debe ser impresionante.

— Yo he quedado absolutamente impresionado. Hice casi lo mismo con el tema de Teoponte, buscando a los guerrilleros, los he encontrado, he visto los restos, pero eso era otra cosa. Fue una mezcla de la tarea de historiador y de diplomático; como diplomático mi responsabilidad era responder a la demanda del Gobierno y decirle dónde estaban los soldados. Como historiador, me permitió esta aproximación diferente. Además, los arqueólogos peruanos han trabajado con profesionalismo y compromiso. He visto a las mujeres emocionadas, casi llorando, les han dado nombres a los combatientes, a uno Manuel y a otro Enrique.

— ¿Por alguna razón?

— No, por ellas mismas, que han estado semanas excavando, mirando.

— Nombrar al anónimo también es simbólico.

— Sí, es simbólico. Es interesante que existe un diario (no ahí) de un soldado de los Casacas Amarillas llamado Manuel. Un boliviano que sobrevivió. Era de Mizque y fue con la tropa de Cochabamba. No recuerdo si con la Vanguardia o con la Aroma. Como había estudiado Derecho en Sucre, se pasó al grupo de los Libres, los amarillos de Sucre. El diario nos permite ver dónde estaban situados en la batalla, qué les pasó en la batalla. Eso nos va a dar rastros para ver cómo murieron estos hombres. En términos formales, los restos han sido encontrados; se va a proceder a la devolución, con todos los honores, a Bolivia, porque a Bolivia pertenecen y murieron defendiéndola y querían volver. Lo que no está cerrado es una investigación histórica respecto a una perspectiva social de la guerra con todas estas huellas: zapatos, puchos, botellas, coñac, coca, escapularios, detentes, fajas, canamas, proyectiles.

— Que es de alguna manera la tendencia de la historia de ya no estudiar grandes hechos, grandes nombres, sino lo cotidiano.

— Exactamente y yo ya estaba, antes de esto, tentado en hacer un trabajo que se va a llamar Tropas en la Arena. Claro, nuestros hombres venían de muy lejos, tenían que caminar semanas para ir hasta Tacna y permanecer casi un año en la arena, en el desierto. A veces en sus notas, porque hay varios diarios publicados, registran su sorpresa al ver el mar, porque nunca lo habían visto. Como tú bien dices, lo que necesitamos también es una historia de la guerra que salga de los grandes nombres, de los tambores, de los fusiles, de las urnas y nos lleve a la vida más cotidiana de estos hombres o esas mujeres.

— Como historiador y diplomático, ¿cuál es el significado del hallazgo justo la mañana del 23 y que esté en la Declaración de la isla Esteves. La carga simbólica ligada al presente.

— Si uno creyera en estas cosas diría que estos hombres quisieron volver a su país en el momento más justo. Hay ciertas cosas… Cuando hice Teoponte habían cosas inexplicables, aparentemente fortuitas: encuentros, cosas que no tenían explicación racional, pero que sucedían. Si uno creyera, diría que ellos quisieron volver justo en este momento y yo solo fui como su intérprete. “Búscame”, está bien, los buscamos y los llevaremos con los honores que corresponden y los repatriaremos a donde querían volver.

Datos

Nombre: Gustavo Rodríguez Ostria

Nació: 27-06-1952

Profesión: Historiador

Cargo: Embajador de Bolivia en Perú

Perfil

Sin tiempo para las palabras: Teoponte, la otra guerrilla guevarista en Bolivia (2006); Tamara, Laura, Tania: un misterio en la guerrilla del Che (2011); Morir matando: poder, guerra e insurrección en Cochabamba (2012).

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