Animal Político

Hegemonía versus desconcentración del poder

Se acercan las elecciones subnacionales, y de nuevo se plantea el tema de las autonomías y su desarrollo, lo que alcanzaron hasta ahora y lo que les falta; con el pacto fiscal como la gran deuda, de todos, en realidad. 

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:07 / 01 de febrero de 2015

Falta poco menos de dos meses para que tengan lugar las elecciones subnacionales (departamentales, municipales y regionales), el 29 de marzo. En rigor, los del 2015 debían haber sido los primeros comicios subnacionales de las autonomías plenas, esas con estatutos y cartas orgánicas vigentes; marcos constitucionales locales listos para albergar a las autoridades locales autónomas electas.

Es cierto, el jueves 29 el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) aprobó la pregunta de los referéndums que sobre sus estatutos deberán efectuar Potosí y Oruro, sumándose en esta etapa a La Paz; pronto les seguirán —asegura el TCP— Chuquisaca, Cochabamba y la región del Gran Chaco. En todo caso, estas consultas serán después de la elección subnacional, y no dejan de estar al filo de los cambios de gobierno.

Pero al margen de estos procesos institucionales, hay otro hecho significativo para el actual curso autonómico: las elecciones de marzo aún estarán inmersas y en los hechos “serán parte” de la elección nacional del 12 de octubre de 2014, cuando el Movimiento Al Socialismo (MAS) volvió a ganar la presidencia, esta vez con el 61,36%, logrando los dos tercios en la Asamblea Legislativa Plurinacional; más relevante aún: ganó con el 48,99% en Santa Cruz, el bastión de la oposición autonómica. Así, el tema es la perspectiva de las autonomías en el contexto de un tercer mandato de Evo Morales. 

Para tratar la cuestión, en parte aprovechamos el seminario “Los desafíos de 2015 en los ámbitos políticos, institucionales, económicos e internacionales” organizado por el Instituto Prisma el martes 27, encuentro en que sintomáticamente era recurrente el tema autonómico. 

Así, para la socióloga María Teresa Zegada, con tercer mandato encima, el Gobierno hoy no deja de moverse en “la contradicción entre una suerte de tendencia a la concentración del poder político y la necesidad de descentralizar el Estado, cumpliendo el mandato constitucional (de las autonomías)”, que el propio Presidente apoyó.

ABANDONO. Por esta razón, si las autonomías hasta ahora no se completaron, es evidente —afirma— la falta de una voluntad política, tanto en el oficialismo como en la oposición; en el MAS se explica por la referida tendencia a la concentración del poder; pero llama la atención el práctico abandono del tema por parte de sectores que en 2008 prácticamente impusieron la autonomía, llevando adelante incluso referéndums que mayoritariamente ganaron: Santa Cruz, el antiguo abanderado, aún no tiene un estatuto adecuado a la Constitución.

Para el nuevo ministro de Autonomías, Hugo Siles Núñez del Prado, en cambio, el tercer mandato del presidente Morales no llega sino a terminar de consolidar un “extraordinario” avance de las autonomías hasta la fecha, “porque en cinco años tenemos ya resultados visibles”.

La autonomía —arriesga Siles una medición— “ha avanzado hasta en un 70%”: de los nueve departamentos, solo uno (Santa Cruz) no concluye de adecuar su estatuto a la Constitución; 119 municipios (de 339), esto es, el 35%, ya elaboraron sus cartas orgánicas; solo 45 no empezaron; además de que tres municipios (de iniciales 11) ya están listos para ir al referéndum aprobatorio de su estatuto de autonomía indígena, destaca.

El nuevo mandato del Presidente coincide —añade— con la aplicación de una “segunda fase” del proceso autonómico: la entrada en marcha del “régimen competencial efectivo que deben tener las entidades autónomas para aplicar sus competencias”, esto porque varios municipios y departamentos hoy no ejercen de pleno lo que la ley ya les permite hacer, afirma Siles.

La politóloga Moira Zuazo, en el seminario de Prisma, introdujo la noción histórica, de que ante la descentralización del país, de todos modos el MAS ha aceptado que es un proceso inevitable, que las autonomías, con todos sus retrasos, al final están terminando por imponerse. Esto como nadie lo intuye el presidente Morales —afirma Zuazo—, de ahí que su nueva campaña sea ahora lograr la denominada “gobernabilidad horizontal”, el predominio político en los espacios regionales.

PODER. Cuando el Presidente señala que para una buena gestión él desea alcaldes y gobernadores “de confianza” (del MAS, se entiende, porque “cuando son de otros partidos algunos hacen oposición y perjudican”. La Razón, 11 de diciembre de 2014), esto muestra que para el MAS es de primera importancia sumar poder en las regiones; por esto mismo es un partido nacional, de vocación de poder total. “El único partido que se está jugando acumulación de poder es el MAS”, destaca Zegada. Del lado opositor, en cambio, si bien en todos los lados surge fuerzas que le hacen frente al MAS, su signo es el localismo, y no están “en el mismo juego de acumulación política del MAS; las elecciones subnacionales tienden a la aparición de muchos liderazgos, que sí le disputan al MAS pero con interés localista, sin articular paralelamente un proyecto nacional”.

Cuando la autonomía era una bandera regional-nacional, hoy se la ve olvidada, particularmente en los departamentos de la denominada “media luna”. Esto plantea la cuestión de hasta dónde la identidad regional fue cierta, o en qué condiciones lo es. Si bien refiriéndose a la composición de la actual Asamblea Legislativa Plurinacional, Zegada sugiere que la demanda regional, así como la sectorial, hoy se han particularizado bastante.

El representante regional o sectorial trae mucho para gestionar algo para su sector o territorio, y en este camino se ha perdido la noción, por ejemplo, de la lucha por una identidad regional o nacional. Como que los intereses se han hecho ‘particularísimos’, corporativos, y no se aspira ni al interés nacional ni, en otro nivel, al interés regional.

“La propia bandera de la autonomía ya no es tan fuerte como los años anteriores. Se busca responder a intereses más específicos, de gestión, antes que a intereses de identidad regional, de valores de tipo identitario”.

Para el politólogo Marcelo Silva, que también participó del seminario de Prisma, el actual momento del MAS, el del tercer mandato, también trae la nueva “variable” de lo que se anima en llamar el “evocentrismo”, el afán del entorno del Presidente de elevarlo “a otro nivel, más allá del bien y del mal, de características ya no solo políticas, sino casi mesiánicas”. Una forma de “fetichización” de la imagen del Presidente, según Zegada, que convierte su liderazgo “en un elemento simbólico insustituible, y se hace muy difícil disputar con esta figura”.

FISCAL. Ahora, una cuestión autonómica que sí o sí debe resolverse en este tercer mandato del presidente Morales, es el de la llamada “descentralización fiscal”, lo que para fines de negociación vino a ser el “pacto fiscal”. Según el Gobierno (ver la entrevista de la página 10), el pacto fiscal sobre todo debería comprender la mejora de la actual administración de los recursos, del gasto y de la inversión de los niveles subnacionales, y no quedarse en que el pacto solo implique la distribución de los fondos. 

Para el economista, exministro de Hacienda, Herbert Müller (que también expuso en el seminario de Prisma), en primer lugar el pacto fiscal no hay que reducirlo a la temática del gasto, a “cómo nos vamos a repartir los ingresos, sino también ver cómo vamos a generar ingresos en el futuro”. En este sentido, para Müller, el punto de partida es revisar el sistema impositivo o tributario (el cobro de impuestos): hay que nomás ampliar la universalidad de contribuyentes, hacer desaparecer los regímenes especiales o tener un impuesto a la renta de personas, aparte del aplicado a las utilidades de las empresas, señala.

Pero específicamente —destaca— “con miras a las autonomías, se va a tener que discutir mucho sobre los dominios impositivos, dónde y qué impuestos se generan, para todo el país o para las regiones”, que haya impuestos municipales, departamentales y nacionales, cada uno en el marco de sus competencias.

También hay que revisar, insiste el exministro, la forma que se tiene en Bolivia de gastar e invertir: “Hay que definir con qué criterio vamos a hacer el gasto público y el gasto social, que por ahora es muy discrecional”; Müller plantea también poner en debate algo hasta ahora intocado: las regalías departamentales: “cómo vamos a encarar el tema de las regalías, los recursos naturales son del país, no de una región; entonces, deberían contribuir al resto”. Así —insiste—, por el alcance social y nacional que tiene, un futuro pacto fiscal deberá estar precedido por un “pacto social” entre el Gobierno, la clase política, la empresarial y la trabajadora, la sociedad civil en general.

También en el ámbito del pacto fiscal, no deja de ser llamativo el cuestionamiento que hace el candidato a la Alcaldía de Tarija, Rodrigo Paz Pereira (que también llegó a La Paz para participar del seminario del Instituto Prisma).

El Presupuesto General del Estado de 2014 —apunta— ha sido 259.000 millones de bolivianos; de este total, 101.000 millones se invierten a través de 23 empresas nacionales estratégicas, “con 23 gerentes que son puestos por la jerarquía del Estado central, que no son electas”.

En el otro lado, hay 362 instituciones (donde entran municipios, gobernaciones, universidades y otras autonomías), “que tienen como cabeza a funcionarios electos por la voluntad popular; estas instituciones autónomas solo manejan 40.000 millones de bolivianos”. Para Paz Pereira, se trata de una auténtica “distorsión”, de una “deformación del manejo del Presupuesto General del Estado: 23 gerentes de este país manejan dos veces y media los recursos de salud, educación y de toda una serie de servicios que prestan 362 instancias autónomas”.

PACTO. Así, al hablar del pacto fiscal, son estas cosas las que hay que empezar a revisar, propone: “La idea es establecer reglas claras para un pacto fiscal que genere cohesión social y que genere garantías de que los recursos van para la producción, para la salud, educación; van para potenciar todo aquello que signifique futuro para el país”.

Es cierto —admite—, una de esas empresas es YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos), pero esto no invalida el cuestionamiento: “Un municipio o gobernación tienen mayor impacto en la vida de los ciudadanos, en salud, educación, que Cartonbol, Lacteosbol, o la Empresa de Construcción del Ejército o una serie de empresas que hoy son deficitarias y que no tienen el sentido de ser; tenemos que reordenar la visión de desarrollo productivo nacional, la visión de desarrollo humano”.

En lo relativo a la inversión y la burocracia en los niveles subnacionales (que también tiene que ver con el pacto fiscal), el candidato a alcalde de Tarija reclama: Si el Presidente confía en la Upre (Unidad de Proyectos Especiales, dependiente del Ministerio de la Presidencia, que maneja el programa Bolivia Cambia, Evo Cumple), “que no licita obras, que ejecuta proyectos de forma directa; ¿por qué no, con esa misma fe, se permite a los gobiernos departamentales y municipales establecer mayor agilidad, que tengan su suerte de Upres propias, para proyectos de mayor agilidad? ¿Por qué para unos hay confianza (la Upre) y para otros (entidades subnacionales) no?”

Finalmente, para el especialista en descentralización Vladimir Ameller, el pacto fiscal tiene que ver con otros temas, como la calidad del gasto en Bolivia, “¿nuestro gasto es productivo, en términos de beneficio-costo?, un segundo tema es saber si el gasto municipal, departamental y nacional responden a un modelo; creo que hace varios años los gobiernos no hacen políticas de Estado, sino acciones de gobierno, que no responden a la planificación, a lo estratégico; también hay que revisar aquello de que la distribución de recursos sea por población y los recursos que tiene cada región”.

El MAS cumple las tareas del 52: María Teresa Zegada, socióloga

El MAS ha ido tendiendo a cumplir las tareas incumplidas de la revolución del 52: desarrollo, integración, inclusión social, la agenda “patriótica” 2025, que no “plurinacional”, que interpela a distintos sectores ciudadanos en la construcción de este Estado-nación que no lo hemos terminado de construir, y que es aglutinador, policlasista, aquí radica por ahora su fortaleza política.

El Gobierno busca copar la región: Moira Zuazo, politóloga

Recentralización? Una cosa es lo que el MAS quiere hacer, y otra, lo que puede. Pese al intento recentralizador, la descentralización nos muestra que el sistema (centralista) se muere, y el presidente Morales lo sabe, porque tiene una intuición muy desarrollada. El gran desafío del MAS es la gobernabilidad horizontal, tener una articulación en el espacio subnacional.

El pacto fiscal es un acuerdo político: Herbert Müller, economista, exministro de Hacienda

El pacto fiscal es el acuerdo político de los distintos sectores sociales, mediante el cual parte de la agenda pública es convertida en programa y en políticas públicas, sin descuidar los equilibrios macroeconómicos, sin lo cual no existe la estabilidad que permita la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, con el objetivo de conformar un país más homogéneo.

Algunos estatutos son solo declarativos: Vladimir Ameller, especialista en descentralización fiscal

En esta coyuntura, los estatutos y las cartas orgánicas son secundarios, accesorios, porque el ejercicio de la autonomía ya está; no necesitas hacer ejercicios tan caros, con procesos declarativos; he revisado cartas orgánicas y un estatuto... realmente declarativos, poco innovativos. ¿Vamos a esperar a que 339 cartas estén aprobadas para empezar a desarrollar la autonomía?

Estabilidad económica, base de la política: Marcelo Silva, politólogo

Como nunca, hemos tenido la construcción de un imaginario político en base a la estabilidad económica. El mismo Presidente lo dijo. Pero cuando ya no tienes plata, no eres tan sexy. Hoy hay unas relaciones más prebendales, entre el MAS y otros sectores, con las élites cruceñas, por ejemplo, con quienes no comparte ningún horizonte ideológico, sino un interés económico.

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