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Hernán Brienza: La identidad nacional, proceso posterior a la independencia

Un coloquio en La Paz debatió las características de la historia común, como una revisión necesaria para la profundización de las identidades nacionales. El argentino Hernán Brienza ofreció importantes aportes.

Hernán Brienza.

Hernán Brienza. Miguel Carrasco.

La Razón / Jorge Soruco / La Paz

00:02 / 26 de mayo de 2013

El historiador y periodista argentino analiza la historia común que su país y Bolivia comparten. Considera que es necesario que las naciones latinoamericanas se replanteen la forma en que se estudia la construcción de las identidades nacionales y la creación de mitologías particulares que limitan la comprensión de los diversos procesos que definen la realidad actual. En ese sentido, enfatiza las similitudes existentes a lo largo de los 204 años de existencia. La semana pasada estuvo en La Paz.

Con motivo de la revolución del 25 de mayo, fecha importante para Argentina y Bolivia, el historiador y periodista Hernán Brienza participó en un coloquio sobre la historia compartida y la construcción de identidades. Considera que este proceso, por la historia común de los países de la región, fue posterior a la independencia.

Así, cree que las luchas por la emancipación tuvieron más convicción regionalista (latinoamericanista) que nacional, en todos los casos. Por ejemplo, “la argentinidad no es superior a la americanidad; surgió después, fue construida”.

— ¿Qué planteó el coloquio “Argentina y Bolivia: 204 años de historia compartida”?

— Fue la oportunidad de buscar un nuevo paradigma en la historia de Latinoamérica, en estos 200 años en común. Creo que hay que pensar seriamente si realmente tenemos una historia en común, no solamente entre Bolivia y Argentina, sino en la mayoría de los países que conforman la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Si uno analiza nuestra historia, se dará cuenta de que hay momentos en los que pareciera que el continente se puso de acuerdo en sus políticas públicas, en las elecciones de los gobiernos y en varios otros procesos.

— ¿Qué momentos?

— Me refiero a periodos como el proceso de emancipación, la llegada del positivismo liberal de finales del siglo XIX, la supuesta “descolonización” de las décadas de 1960 y 1970, las dictaduras militares de esos mismos periodos, con las diferencias según cada país; también el regreso de las democracias y el ingreso del neoliberalismo, desde México hasta la Argentina. También incluyo en la lista este nuevo proceso de gobierno que podría denominar, lo más ampliamente posible, nacional y popular, para no caer en estereotipos académicos, ya que no es populismo ni tampoco corresponde a sistemas de la izquierda ideológica de los 60 y 70.

Asimismo, me parece una gran oportunidad para analizar las diferencias que se han manifestado en las naciones y cómo eso afectó al mismo desarrollo de la identidad. Son estas características, que parecen indicar que nuestros países han tenido un desarrollo común, que me obligan a pensar que debemos replantearnos la manera en que vemos nuestra historia.

— ¿Cómo entran Bolivia y Argentina en esto?

— Tenemos un pasado en común, una integración territorial en común de prácticamente 30 años (en el siglo XIX), si uno une el Virreinato del Río de la Plata y la independencia. Creo que las historias nacionales han logrado construir mitologías locales que no terminan de comprender los procesos.

— Teniendo en cuenta que todos los países de Latinoamérica han sido enemigos en algún punto, ¿cómo se puede abordar eso frente a los mitos locales?

— Es muy difícil, porque tiene que ver mucho con el enfoque. Mira que ustedes hablan de la dictadura de (José Manuel) Rosas y nosotros no tenemos tan claro que haya sido tal. Sí que hubo una serie de gobiernos muy fuertes en la región —como el de Santa Cruz en Bolivia, Gaspar Rodríguez en Paraguay o el de Rosas (en Argentina)—, que fueron, con sus problemas y contradicciones, procesos de solidificación de la identidad nacional. Creo que América Latina ingresó en un proceso de construcción de nacionalidades que combina algo de identidad cultural y algo de mitología.

Yo podría hacerte una pregunta que no sabrías responder: ¿qué diferencia hay entre un tupiceño y un jujeño? ¿Por qué deben estar enfrentados? ¿Qué diferencias culturales, idiomáticas, ideológicas tienen esas dos personas? Las construcciones geográficas, las construcciones de límites entre países, incluso de experiencias compartidas, nos obligan a repensar las construcciones que la historia hizo con relación a las élites.

Posiblemente, al pueblo de Buenos Aires le convenía más un país centralizado en esta ciudad que una nación que tuviera la posibilidad de exportar el estaño por el norte de Chile o Perú. Entonces decidió deshacerse de   Bolivia como parte de una integración mayor. Y eso lo pensó la burguesía porteña. Posiblemente al puerto de Valparaíso en Chile le convino más mantener la exportación de cobre hacia el Reino Unido, sin tener que negociar o pasar por otras burguesías, sean bolivianas o peruanas, más que discutir su propia identidad latinoamericana.

Lo que pasa es que esas experiencias son resultados de procesos posteriores al de la independencia. ¿Qué hace la nacionalidad boliviana? ¿Qué constituye un argentino? ¿Por qué hablamos de uruguayos, chilenos, peruanos? ¿Qué hace que el sueño americano de los principales líderes de la emancipación —Bolívar, San Martín, Artigas, Murillo— que hablan de lo americano se transforme en lo regional? No había una esencia nacional en sus inicios.

— ¿Entonces no hay diferencias?

— Claro que hay diferencias culturales. Argentina ha tenido un desarrollo cultural con mucha presencia europea. Yo creo que el fracaso  del Congreso de Panamá de 1826 es el fracaso de la independencia, del sueño americano.

— ¿Se puede decir que somos víctimas de nuestra historia?

— La política de parcialización del continente fue una política que benefició al Reino Unido. Para Londres era mucho más fácil negociar con cada una de las oligarquías regionales que con un Estados Unidos del Sur, o como quieras llamarle. Siempre es más fácil tratar con gobiernos locales que con una potencia. Las experiencias de la independencia uruguaya o lo que pasó con la Confederación Perú Boliviana nos hablan de esa política británica de división.

— ¿Cuáles son los puntos álgidos de la historia compartida?

— Yo creo que el gran problema es que Argentina siempre le dio la espalda a América Latina y que siempre miró a Europa. Y para mí, en eso Bolivia es esencial, ya que la ruptura de 1826, en la cual Bernardino Rivadavia, presidente argentino, dice que no se reclaman derechos sobre Bolivia, puede ser vista como una mirada de reconocimiento de la libertad de ese país, pero, fundamentalmente, el desdén de la élite porteña.

En el caso de Bolivia, lo que podía ser un gran país quedó desmembrado en naciones más pequeñas. Yo no digo que no soy argentino, sino que la argentinidad no es superior a la americanidad; surgió después, fue construida...

— ¿Es artificial?

— Todas las nacionalidades son artificiales, producto del siglo XIX. Italia y Alemania comenzaron sus procesos de unidad en 1870.

— ¿Qué opina de la tendencia a la revisión histórica? ¿A qué se debe esta escuela?

— Yo creo que es necesaria una revisión histórica, una nueva mirada sobre el pasado. La historia es una mirada desde distintos presentes. En Argentina tenemos dos grandes miradas: la liberal oficial y la popular, y esto influye en cómo se estudian los procesos. Asimismo, creo que es importante hacer una revisión de la revisión. Yo creo que la necesidad de revisar la historia tiene que ver con el descontento que tenemos con nuestro pasado y presente. Y, fundamentalmente, con la posibilidad de construir un futuro diferente.

Esto que parece una obviedad no lo es tanto en cuanto se abre un proceso en Latinoamérica, que está revisando su política y busca legitimarse. En Argentina, este proceso se basa en las críticas a las oligarquías locales, al positivismo del siglo XIX, al desmembramiento de las unidades nacionales... Supongo que en el caso de Bolivia debe ser diferente por el factor de los pueblos originales y su relación con los mestizos y criollos. Digo esto en función de lo poco que he leído.

— ¿Cuál es la utilidad de este tipo de encuentro?

— Mucha, ya que las estructuras oficiales parcializadas nos hacen creer que no somos parte del mismo proceso, además de aparentar que cada historia es única y específica, y que no tiene nada que ver con lo que pasa en el continente. Y, como dijimos al principio, esto falso, ya que compartimos muchos procesos. No es casual que (Juan Domingo) Perón se sentara con (Víctor Paz) Estenssoro, ni que las dictaduras más cruentas se hayan dado en la misma década.

Perfil

Nombre: Hernán Brienza

Nació: 11-02-1971, en Buenos Aires

Profesión: Periodista e historiador

Ocupación: Escritor y columnista

Carrera

Es politólogo y periodista, miembro de grado del Instituto de Revisionismo Histórico Iberoamericano Manuel Dorrego. Es editorialista del diario Tiempo Argentino. Escribió, entre otros, los libros El Caso Von Wernich, El Loco Dorrego y Éxodo Jujeño.

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En lo que ahora es Bolivia, en 1809, una revolución destituyó al gobernador y presidente de la Real Audiencia de Charcas o Chuquisaca, Ramón García de León y Pizarro, acusado de apoyar al protectorado portugués. El mando militar recayó en Juan Antonio Álvarez de Arenales. En este lado de la región fue considerado como el primer levantamiento de este tipo en Latinoamérica. Fue seguido por la revuelta en La Paz.

En Argentina se conoce como la Semana de Mayo al periodo entre el 18 y el 25 de mayo de 1810, que se inició con la confirmación de la caída de la Junta Suprema Central de Buenos Aires y desembocó en la destitución de Baltasar Hidalgo de Cisneros y la asunción de la Primera Junta.

Pese a la importancia de ambas fechas, Hernán Brienza reconoce que en Argentina se tiende a considerar la revolución de Charcas como un simple preludio a la iniciativa independentista porteña. El periodista participó junto al boliviano Gustavo Rodríguez Ostria en el coloquio “Argentina y Bolivia: 204 años de historia compartida”, que se realizó el 22 de mayo en la Vicepresidencia del Estado Plurinacional. Se trataron temas como la revisión histórica,  el éxodo de poblaciones y la construcción de las identidades nacionales en los dos países.

Ayer, en Sucre, en el marco de la conmemoración del Primer Grito Libertario de América, la Embajada de Argentina tenía previsto  realizar un acto en conmemoración a la revolución de mayo y con motivo de cumplirse diez años de la asunción del presidente Néstor Kirchner, ya fallecido.

Para el 28 de mayo se ha programado el inicio del Encuentro sobre Diversidad Cultural Argentina-Bolivia. En ese marco se emitirá el documental Davueltando: Música y fiestas en los altos Valles de Altura de Jujuy. Ese mismo día se podrá disfrutar de una ejecución de instrumentos andinos, canto de coplas y charla sobre la cosmovisión musical andina, llevada a cabo por el músico jujeño Wálter Ábalos. Las actividades se realizarán en la Casa de la Cultura de La Paz, a las 19.00.

El 29 de mayo, por su parte, se emitirá el documental Tocaña: Historia de un pueblo y habrá un espectáculo de cantos y danzas de   la Saya Afroboliviana.

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