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Historia secreta del fallo de la CIJ

Sin entrar en detalle, se expandió el rumor  de que la Corte Internacional de Justicia rechazaría la objeción preliminar impetrada por Chile. Una filtración oportuna aseguró al Gobierno chileno que no solamente debía es-perar un revés, sino que éste sería contundente.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:00 / 04 de octubre de 2015

El impenetrable hermetismo que impera en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) hace que las conjeturas acerca de cuál de las partes podría salir airosa de la inapelable sentencia sean casi nulas. Sin embargo, se pueden recoger a posteriori ciertos elementos, para reconstruir, con alguna imaginación, los posibles escenarios en que se desenvolvió el pleito Bolivia versus Chile, poco antes del 24 de septiembre de 2015.

Después de las deliberaciones internas, el borrador del documento (en inglés y francés) estuvo listo para una primera lectura de los togados a fines de julio, con el propósito de facilitarles el estudio del mismo durante la pausa estival. Restando la excusa de James Crawford (Australia), quedaron disponibles 16 jueces. Mientras 12 de ellos se inclinaron por aprobar el papel, 4 resolvieron escribir su voto razonado. Dos, Mahamed Bennouna (Marruecos) y Antonio Augusto Cancado Trindade (Brasil) por la afirmativa, y dos con voto negativo: el italiano Giorgio Gaja y la juez ad hoc (nombrada por Chile) Louise Arbour (Canadá).

Mahamed Bennouna, en dos páginas, declara que resulta superfluo insistir en un par de artículos el objeto-materia del juicio, toda vez que se determinó que la objeción planteada por Chile no tiene un carácter exclusivamente preliminar.

Cancado Trindade, que habitualmente opta por personalizar su criterio, redactó —en inglés— todo un estudio sobre el tema, en 22 páginas, titulado Opinión separada, justificando su posición contra la excepción preliminar. Las digresiones del brasileño impresionaron fuertemente a sus colegas, por el hecho de ser el único representante de la región concernida.

En cambio, Giorgio Gaja, en dos fojas, simplemente asume que para arribar a la conclusión del carácter no-preliminar de la objeción, hubiese sido prudente adentrarse en parte del fondo del problema. La canadiense Luisa Arbour apoya su desacuerdo en media docena de fojas, reclamando que la disposición acerca de la objeción preliminar de Chile debía haberse adoptado después de que el fondo del caso hubiese sido escuchado en toda su extensión.

A principios de septiembre, el secretario de la CIJ, el obsequioso belga Philippe Couvreur, ya tenía presto el documento final, junto al texto de  los votos razonados, para la segunda lectura, la misma que fue adoptada por 14 votos contra 2 disidentes. El presidente convocó a las partes el 24 de septiembre de 2015, a las 15.00, para la lectura del fallo y los servicios respectivos se encargaron de imprimir el expediente con el máximo nivel de carácter secreto.

Para entonces, sin entrar a detalle alguno, se expandió el rumor de que la CIJ rechazaría la objeción preliminar impetrada por Chile. Una filtración oportuna aseguró al Gobierno chileno que no solamente debía esperar un revés, sino que éste sería contundente. En la Cancillería mapochina cundió el pánico y se ensayó influir en el secretariado de la CIJ para que el magno evento fuese postergado, en razón del viaje de la presidenta Michelle Bachelet a la Asamblea General de la ONU. Para optar el cambio de fecha, se requería el aval de la parte contraria y Bolivia respondió negativamente al sondeo. Ante esa circunstancia, Santiago comenzó a pensar en las opciones que tenía: a) retirarse del Pacto de Bogotá; b) abandonar el proceso; y, c) reorganizar su estrategia y asumir la defensa en su contramemoria.

Anoticiada de esa mala noticia, Michelle Bachelet, agobiada por graves cargos de corrupción de su entorno familiar (que minó su popularidad a un dígito) y apenada por la catástrofe natural que devastó esos días buena parte del país, requería curarse en salud y emplazar a sus antecesores en la presidencia a asumir su responsa-bilidad en el fracaso, definida como política de Estado.

El miércoles 22, acudieron a La Moneda los expresidentes Ricardo Lagos, Eduardo Frei y Sebastián Piñera, para ser protagonistas de una reunión plena de recriminaciones mutuas, en las que el canciller Heraldo Muñoz insistía en que se debería conocer el texto completo de la sentencia y, por lo tanto, esperar con resignación la decisión oficial de la Corte. Alguno reconoció hidalgamente que fue el agente Felipe Bulnes, quien desde un comienzo alertó el riesgo que se corría al presentar la objeción preliminar. Trascendió que ante una Michelle Bachelet dubitativa, fueron sus antagonistas políticos Frei y Piñera quienes insistieron en adoptar una posición fuerte frente a la pretensión boliviana e impusieron su criterio. Los cuatro dignatarios aparecieron ante la prensa y cerraron filas ante cualquier eventualidad que ocurra en La Haya. Se decidió, además, que el pesado fardo de la derrota lo absorbiera el embajador Bulnes, sin ninguna otra autoridad gubernamental presente.

Mientras tanto, en La Paz, otra filtración presagiaba la victoria y el presidente Evo Morales decidió jugar la moderación en el acto de La Haya, pero reservaba la fanfarrea entusiasta en el país. Se decretó vigilia, abanderamiento general y seguimiento del evento de la CIJ, en pantallas gigantes que transmitan la buena nueva al pueblo.

A las tres en punto de la tarde, nueve de la mañana en Sudamérica (en Bolivia), se instaló la solemne sesión de la CIJ y el presidente Ronny Abraham leyó las premisas y la conclusión del veredicto. La admirable síntesis histórica y el resumen de los argumentos de las partes fueron seguidas por bolivianos y chilenos, presentes en sala, con tenso interés. La CIJ se declaró competente para considerar la demanda boliviana y descartó la pretendida objeción preliminar de Chile. Al final, la lectura del voto 14 contra 2, dejó estupefactos a unos y jubilosos a otros.

A la salida del anfiteatro, saludé a un Felipe Bulnes contrito pero sereno; el decirme que me leía, me halagó, pero enseguida añadió “la pretensión boliviana ha sido recortada, a solo la ‘obligación de negociar’”. Su opinión tuvo eco en la presidenta Bachelet que, poco después, declaró “Bolivia no ha ganado nada”. 

Afuera, llovía a cantaros, no obstante reporteros de las cadenas chilenas y algunas bolivianas, deseaban conocer mi opinión y ésta se resumió asi: “Nadie perdió. Ganó el derecho. Sin embargo, la prosecución del juicio no impide que se entable una negociación directa entre las partes”. Había concluido la etapa preliminar para recomenzar el 25 de julio de 2016, con la contramemoria chilena, la madre de todas las batallas para la cual Eduardo Rodríguez Veltzé alista otra vez su escuadra vencedora de abogados internacionales.

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