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Homenaje a Luis Ramiro Beltrán

Barranquero: “Beltrán es uno de los pensadores mundiales precursores y más prominentes de la economía política de la comunicación y la cultura, en especial por sus adelantadas aportaciones a las tesis del imperialismo cultural y la dependencia comunicativa latinoamericana”.

La Razón (Edición Impresa) / Esperanza Pinto Sardón

00:03 / 26 de julio de 2015

La Asociación Boliviana de Investigadores de la Comunicación (Aboic) es una entidad que incentiva, promociona y produce conocimiento científico sobre los fenómenos comunicacionales. Fue fundada en 1981 y reconstituida en 1999. A partir de esta fecha, ininterrumpidamente realizó varios eventos académicos con la participación de expositores nacionales e internacionales y la asistencia de investigadores, docentes, profesionales y estudiantes de varios países.

Uno de sus espacios académicos es el Ciclo de Estudios que busca reflexionar sobre un tema teórico, histórico o metodológico relacionado con la investigación comunicacional. Bajo esa noción se llevó adelante el V Ciclo: El pensamiento comunicacional de Luis Ramiro Beltrán: su aporte crítico a la investigación de la comunicación boliviana, latinoamericana e internacional, con el objetivo de ubicar en los marcos epistemológico, teórico, metodológico y político el pensamiento del líder mayor de la investigación comunicacional boliviana y digno representante de la “década de fuego” de la investigación comunicacional latinoamericana. Este temprano homenaje —efectuado del 8 al 10 de noviembre de 2012, en Cochabamba— quedó documentado en la Memoria Académica y que, ahora, a dos semanas de su irremediable partida, se la pone en común con el amable lector, en sus partes sobresalientes.

Luis Ramiro Beltrán Salmón (1930-2015) inició sus primeras reflexiones sobre comunicación en  la década del 50, en el exterior, con una producción referida a la comunicación educativa para el desarrollo. Este énfasis se extiende hasta casi las postrimerías de la década siguiente, a partir de la cual se entrecruza con la finalización de sus estudios de posgrado, en Estados Unidos, en la especialidad de comunicación/sociología, y se configura y consolida, a lo largo de toda la década del 70. Desde esos periodos hasta la actualidad permaneció  su mirada crítica, en el sentido básico, de cuestionamiento a lo que subyace o se pretende ocultar.

En ese marco, los ejes principales de su aporte pueden agruparse en:     a) denuncia de la dominación interna (oligarquías) y dependencia externa (intervención mercantil y política del imperialismo), que se tradujo en una corriente contestataria en el ámbito internacional; b) crítica temprana a los esquemas teórico-metodológicos utilizados en la investigación de la comunicación de la región; c) crítica a los supuestos del enfoque de la difusión de innovaciones que concibe a la comunicación como un factor de la modernización de sociedades atrasadas (“cultura aceptante”) hacia desarrolladas (“cultura donante”); d) aportes pioneros en la formulación de Políticas Nacionales de Comunicación para el desarrollo de una sociedad democrática; e) aportes para la reflexión y la construcción de un nuevo orden de la información y de la comunicación, que supere los desequilibrios Norte/Sur y neutralice el monopolio informativo; y, f) propuesta teórica de un modelo de comunicación horizontal para dejar atrás la concepción instrumental de la comunicación y su modelo vertical.

Lo precedente sirvió de marco al despliegue del V Ciclo, cuyo telón fue levantado para dar paso a la conferencia de Alejandro Barranquero, destacado comunicólogo español, profundo conocedor del pensamiento de Beltrán a quien ubicó como “uno de los pensadores mundiales precursores y más prominentes de la economía política de la comunicación y la cultura, especialmente por sus adelantadas aportaciones, ya desde finales de los 60, a las tesis del imperialismo cultural y la dependencia comunicativa latinoamericana”. Barranquero introdujo el adjetivo “beltraniano”, que alude a un determinado modo de examinar, conceptualizar y hacer la comunicación desde el Sur y cuya síntesis teórica es la Comunicología de la Liberación. Lo “beltraniano” pudo emerger porque el comunicólogo boliviano encarnó los ideales de una época de luchas en la que se enarboló la liberación nacional versus la dependencia, y la emancipación versus el sometimiento.

Otro aporte importante fue del boliviano José Luis Aguirre, que destacó la propuesta de comunicación horizontal y participativa de Beltrán. Aguirre remarcó que el documento central que la contiene es Adiós a Aristóteles: la comunicación horizontal (1980) en el que se da un “giro casi de carácter copérnico” a la comprensión del proceso de la comunicación con sus componentes de acceso, diálogo y participación que objeta la mirada instrumental, vertical y pasiva de uno de los interlocutores, arrinconado a un papel de solo escuchar y obedecer. Aguirre tiene un vasto conocimiento de la obra de Beltrán, a lo que se añade la entrañable amistad que los ha unido.

Frank Gerace, misionero norteamericano que vivió un tiempo en Bolivia y que practicó la comunicación popular, hizo otras contribuciones importantes, entre las que se puede mencionar la ruptura marcada por Beltrán en contra del paradigma dominante modernizador (puesto en circulación a partir de los 50) cuestionando, entre otros factores, su carácter etnocéntrico, la exclusión en su análisis del contexto sociocultural y las causas históricas del subdesarrollo. En una alternancia de frases de admiración, para Gerace, Beltrán fue el “gigante de la comunicación latinoamericana” y para éste el misionero fue “el precursor” de la noción comunicación horizontal.

Varias estudiosas bolivianas expusieron los aportes de Beltrán: Romy Durán se refirió al Nuevo Orden de la Información y la Comunicación, Martha Paz se centró en las Políticas Nacionales de Comunicación, Karina Herrera habló sobre comunicación y desarrollo y Sandra Villegas abordó la vigencia del pensamiento crítico de Beltrán. Por otra parte, Erick Torrico profundizó en la Comunicología de la Liberación.

El momento emotivo lo puso Fernando Andrade, socio fundador de la Aboic, que cultivó una larga amistad con Beltrán. Contó que en la década del 80, en visitas que hacía al país, fue sembrando en los profesionales bolivianos “no solo el amor y compromiso moral con la comunicación, sino la convicción de que ésta debe conectarse con las necesidades de nuestra sociedad”. Tal fue el ánimo que les contagió que en alguna oportunidad, al comentarles que en varios países latinoamericanos estaban conformándose asociaciones de investigadores, les impulsó a que forjaran otra similar en Bolivia. De ese modo, nació la Aboic, un 4 de febrero de 1981.

Andrade tituló su homenaje: “¡Este Hombre!” porque el eje de su discurso fue la “gran calidad humana” de Beltrán, que encumbró su vida en un sitial excepcional. Al final de su intervención, Andrade dijo emocionado: “Por eso irradia tanta energía, convicción y compromiso humanístico que, sin duda, trascenderá su presencia física en este mundo y que él mismo lo escribió con ardor poético: “Ven conmigo, abrázate a mi fiebre, sígueme”.

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