Animal Político

Hoy, a muchos no les interesa conocer la verdad

El profesor e investigador español llegó a Bolivia para hablar de la globalización. Aparte  de advertir que a las redes sociales ya no es posible controlar, sino solo vigilar, llamó la atención sobre cómo, especialmente en comunicación política, lo que interesa ya no es tanto la verdad, sino la sola creencia.

Manuel Castells. El sociólogo y politólogo boliviano Fernando Mayorga recuerda cómo Castells “en los 70 hizo contribuciones significativas a la sociología urbana desde una perspectiva marxista, renovando el debate sobre el espacio citadino y la acción de los movimientos sociales. En nuestro medio universitario se sigue asociando su nombre a esa vertiente de análisis”. En 2003 Castells publicó “un libro cuyo título podría ser parte del candente debate actual”: ‘¿Es sostenible la globalización en América Latina?’

Manuel Castells. El sociólogo y politólogo boliviano Fernando Mayorga recuerda cómo Castells “en los 70 hizo contribuciones significativas a la sociología urbana desde una perspectiva marxista, renovando el debate sobre el espacio citadino y la acción de los movimientos sociales. En nuestro medio universitario se sigue asociando su nombre a esa vertiente de análisis”. En 2003 Castells publicó “un libro cuyo título podría ser parte del candente debate actual”: ‘¿Es sostenible la globalización en América Latina?’ Fotos: Alejandra Rocabado

La Razón (Edición Impresa) / Elisa Medrano / Iván Bustillos son periodistas de La Razón

00:00 / 26 de marzo de 2017

La semana pasada estuvo en Bolivia Manuel Castells, destacado sociólogo y economista español, dedicado de último al estudio de los ámbitos de la comunicación, de la información y las nuevas tecnologías en ambas esferas. En varias exposiciones, sin embargo, Castells remarcó que si hay algo que unifica todas las investigaciones que ha hecho a lo largo de su vida académica, eso es el estudio del poder. Vino a Bolivia para brindar la charla magistral ¿Es reversible la globalización?; le acompañó en el foro el vicepresidente Álvaro García Linera.

Al día siguiente de su charla, en una conferencia de prensa, Castells sobre las ‘redes sociales’ en internet precisó que éstas ya no son posibles de controlar, como intentan hacer muchos gobiernos; las redes, dijo, a lo más que se pueden es “vigilar”. Ni siquiera China pudo hacerlo, remarcó. Las redes “han hecho caer gobiernos, absolutamente, y harán caer muchos, o han transformado los sistemas políticos profundamente (…) la idea de hacer campaña en las redes es una idea desfasada con la realidad actual, porque las redes son autónomas”, recalcó en la ocasión.

Tras dicha conferencia, en una conversación más extensa que tuvo con algunos medios, en la que pudo participar Animal Político, al hablar de la llamada ‘posverdad’ (neologismo que viene del inglés, ‘post-truth’, que según el Diccionario Oxford es un adjetivo que “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”), el estudioso español afirmó que especialmente en la comunicación política él encontró “algo siniestro”: que al buscar información a mucha gente ya “no le interesa la verdad”, sino solo confirmar, consolidar o sacramentar lo que uno ya piensa.

Doctor Honoris Causa por varias universidades (la paceña Universidad Mayor de San Andrés, UMSA, se lo otorgó en 1998), Castells, sin embargo, no se inhibió en afirmar que hoy día la educación universitaria es “extremadamente deficiente”.

— En la conferencia de prensa, por un lado, usted afirma que la posverdad amenaza a la esfera informativa, que es un riesgo; y, por otro, que hay una suerte de ‘cacofonía informativa’ en el mundo de la comunicación y que la única manera de contrarrestar esto es con una mejor formación de la gente, del público, una mayor capacidad cultural de parte de los receptores, de los usuarios de los medios.

— Vamos por partes, porque son dos preguntas importantes. Primero, actualmente hay un ataque al mundo de medios de comunicación profesionalizado que intenta objetivar las informaciones; un ataque deliberado en todas partes del mundo, partiendo de la base de que los medios de información profesionales no siempre son tan profesionales, de que hay sesgos, desde los propietarios de los medios, de los editores, en función de líneas editoriales que conviene. Un ejemplo de ello: en España han surgido nuevas tendencias políticas, Podemos y sus confluencias, que cambian totalmente el panorama político español, y entonces hay un ataque sistemático de todos los medios contra Podemos, principalmente del principal medio allí, (el periódico) El País, que teóricamente era progresista.

Pero va más allá. Surge una crisis en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), realmente derivada de la necesidad o posibilidad de una alianza de izquierda para gobernar; hay una conspiración, literalmente conspiración dentro del PSOE en noviembre pasado, con el apoyo de sus exdirigentes históricos y una campaña muy fuerte de El País, y esa conspiración acaba liquidando al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que dimite, sin congreso ni nada, simplemente una conspiración dentro de la comisión ejecutiva del partido. Todo, para dejar gobernar a Rajoy, presidente conservador, (para el) que Pedro Sánchez había hecho campaña por el No, y entonces le obligaron: ‘si no votas para que gobierne Rajoy, entonces pierdes la secretaría general’, y salió y renunció a su (cargo) de diputado. Pero al mismo tiempo dijo: ‘ahora voy a hacer campaña para que en el próximo congreso (del PSOE), que será en mayo, voy a presentar mi candidatura a secretario general’. Con un enorme apoyo de las bases, hay absoluto terror en el grupo tradicional socialista en Europa, en España de que realmente pueda volver a ganar y haga la alianza con Podemos, y haya un gobierno de izquierda en España en un momento en que no conviene. Entonces, El País hace una campaña sistemática durante varios meses para liquidar no solo a Podemos sino a Pedro Sánchez, con mentiras, con insultos; eso es un ejemplo increíble de lo que puede ser un sesgo.

Recuerden que el New York Times, el gran New York Times, falsificó información sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, que fue un punto fundamental para convencer a algunos: si lo dice el New York Times... Entonces, lo primero que hay que decir es que el mundo a que se está atacando ahora, que es el mundo del periodismo profesional, es un mundo que a nivel de los periodistas es profesional, pero a nivel de las empresas, de los medios de comunicación, es mucho menos profesional y generalmente tienen sesgos políticos y corporativos. Pero el ataque actual es muy serio, y puede tener consecuencias graves en la geografía de los medios de comunicación en Estados Unidos.

— Lo de la cacofonía [vicio del lenguaje que consiste en la “disonancia que resulta de la inarmónica combinación de los elementos acústicos de la  palabra” (RAE), ‘para la parábola’, por ejemplo] informativa…

— La cacofonía informativa. Quiere decir simplemente que las personas debemos tener la capacidad de que en ese caos informativo de discriminar qué tipos de hechos, de análisis, de información, de imágenes son aquellos a los que les damos credibilidad. Y la primera respuesta es que eso depende de la capacidad cultural, educativa, de los usuarios; por tanto, ahí, para no vivir en la sociedad manipulada en las redes, en los medios de información, otro tema clave es la educación; la educación que también es capital humano para el desarrollo, que es sistema de igualación de oportunidades en la sociedad.

Por tanto, para disminuir la desigualdad, que también es capacidad de no verse invadidos constantemente por informaciones que no son creíbles, la educación es central y es uno de los grandes problemas que hay en América Latina, porque aquí hay escolarización pero no educación; el sistema de educación sigue siendo muy deficiente, en particular la universidad es muy deficiente, extremadamente deficiente, y esa es una de las cuestiones pendientes que tenéis en Bolivia. Yo soy parte de la universidad boliviana, soy Doctor Honoris Causa de la universidad de San Andrés, siempre he sido universitario y seré siempre universitario, pero no hay, no ha habido una modernización o transformación de la universidad en Bolivia equivalente a la transformación que ha habido en otras esferas de la sociedad, y ahí hay que hacer algo, porque hay muchos universitarios de buena voluntad, y sí, hay poco dinero, siempre hay poco dinero, pero se pueden hacer otras cosas.

Para mí lo más importante de la universidad es que sus reglas no sean burocráticas, reglas que no sean corporativas. La universidad en muchos países del mundo, desde luego en España, desde luego en Francia, y sospecho que también en Bolivia, la gestionan los profesores para los profesores, no para los alumnos, y no para la sociedad; primero los profesores, y luego lo que viene; eso es corporativismo, y eso hay que combatirlo desde dentro de la universidad, no autoritariamente desde el gobierno; desde dentro de la universidad tiene que haber un movimiento de renovación universitaria en que los valores de calidad de la educación, de la investigación, de responder a las demandas de la sociedad y no a los intereses de lo que los catedráticos estudiaron hace 50 años y que siguen reproduciendo; eso es clave, absolutamente clave.

Ahora, la otra cuestión, más siniestra. La cacofonía informativa en parte se la puede combatir así, con educación, con capital cultural, pero hay otra cosa, que es que a muchas personas —lo dije en la conferencia de prensa— no les interesa la verdad, solo les interesa la confirmación de lo que ya piensan; eso se ve en los resultados empíricos de las investigaciones sobre comunicación política, por ejemplo. Que la gente mira los programas de televisión que saben que van a reforzar lo que quieren, que no van a tener que estar peleándose; por eso a veces hay tanta indignación en los debates, porque ahí tienen que estar abiertos a otras ideas; por tanto, una cuestión terrible del tema de la posverdad es que hay poco interés en la verdad, y ahí sí que entramos en un mundo opaco.

— Ayer se hablaba de la visión de una nueva globalización, donde converge el retorno del Estado nacional y la idea de mejorar la redistribución de la riqueza, globalizar los derechos humanos, globalizar la democracia.

— Para empezar, estoy de acuerdo con todo eso, personalmente, subjetivamente, como ciudadano. De hecho, es lo que están planteando todos los movimientos sociales progresistas; la globalización tiene que ser de derechos humanos, de solidaridad; globalización ecológica, de los derechos de la mujer, todo eso; segundo, en términos de la redistribución de ingresos, debe ser una redistribución que no sea solamente al interior del país, sino que haya un sistema de compensación global, de que los seres humanos por ser humanos tengan derecho a no morir de hambre, tengan una renta mínima, etcétera. Eso está en el debate de los movimientos sociales y en foros de Naciones Unidas, de Oxfam. Todo eso está; la cuestión, obviamente, es que la construcción de ese proyecto de transformación de las condiciones de los humanos está enfrentado exactamente a todo lo contrario, que es la tendencia actual, que es al contrario: nacionalismo, restricción de derechos, proteccionismo, cerrar las fronteras, no circulación de personas, que los refugiados se mueran en sus lugares; no puede haber una contraposición mayor.

Ahí habría una obvia pregunta, pero que no es honesto plantearle una pregunta así al Vicepresidente: ‘¿y cómo lo hace?’, porque los movimientos sociales mundiales desde hace cinco años están todos pensando en cómo lo hacen. Lo primero que han encontrado en esto es intentando ganar espacios de poder en los espacios nacionales e ir articulando. Los movimientos sociales importantes en España están en ese espacio; pero miren, estamos tan lejos de esa realidad de solidaridad, que en estos momentos el problema serio que puede haber en España es la ocupación militar de Cataluña, para evitar que pueda avanzar hacia la independencia; lo contrario, exactamente lo contrario.

Perfil

Nombre: Manuel Castells Oliván

Nació: 9 de febrero de 1942, en Albacete

Ocupación: Investigador y docente universitario

Vida

Empezó sus estudios en la Universidad de Barcelona; se exilió en París por motivos políticos en 1962. Se licenció en Derecho y Ciencias Económicas en la Universidad de París en 1964 con máster en Sociología en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París, y se doctoró en Sociología en la Universidad de París en 1967 y en la Complutense de Madrid en 1978.

Ha sido profesor en varias universidades europeas y americanas y catedrático de Sociología y Planificación Urbana en la Universidad de Berkeley en California. Es director del Internet Interdisciplinary Institute de la Universidad Oberta de Catalunya. Es Doctor Honoris Causa por más de 20 universidades. Ha escrito 26 libros.

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