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Huelga política derrota el golpe de Natusch

Una huelga general política, decretada por la COB, así como la movilización combativa de pobladores paceños, sin ser afiliados a esa organización, pero en convergencia y/o bajo la dirección de esa instancia social y política, enfrentaron a los golpistas y los derrotaron en las calles.

La Razón (Edición Impresa) / remberto cárdenas morales

00:03 / 01 de noviembre de 2015

Los generales Arturo Doria Medina y Griwoski, asumieron la jefatura militar y ordenaron la matanza en la plaza Pérez Velasco de La Paz, confesó uno de los civiles que participó en la ejecución del golpe de Estado, que encabezó el entonces coronel Alberto Natusch Busch, el 1 de noviembre de 1979, por lo que a una de las consecuencias de esa acción militar y política se la denominó: “Masacre de Todos Santos”. Defensores de los derechos humanos de Bolivia difundieron que fueron 36 los muertos, sobre todo, en La Paz; a los que se sumaron decenas de heridos.

A pesar de que lo negaron hasta horas previas al 1 de noviembre, dirigentes del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) y del MNRI (MNR de Izquierda) fueron los principales aliados civiles de Natusch Busch, algunos de los cuales asumieron como ministros, aunque varios de ellos ni siquiera ocuparon sus oficinas durante los 15 días y sus noches que los golpistas permanecieron en el Palacio Quemado. Acaso por eso Irving Alcaraz tituló su libro, Prisionero de Palacio, como una confirmación de que el jefe del golpismo que comentamos, entró allí autoproclamado Presidente y salió derrotado, en ese corto tiempo.

En ese momento, ejercía la presidencia de Bolivia Wálter Guevara Arze, considerado uno de los principales ideólogos del MNR. Él había sido elegido Presidente interino, institución inexistente en la Constitución Política del Estado, como resultado de un acuerdo entre las organizaciones político-partidarias con mayor representación parlamentaria y ante la imposibilidad de que esos congresistas elijan al Presidente Constitucional de entre los dos más votados en recientes elecciones generales.

La condición de “Presidente interino” de Guevara Arze fue un pretexto, agitado por los golpistas, los que ofrecieron nacionalizar la minería mediana (que se convirtió en el nuevo poder minero durante el neoliberalismo), así como aumentar sueldos y salarios. Sin embargo, pudo más la resistencia del pueblo al golpe de Estado, a la que las fuerzas militares trataron de aplastar a sangre y fuego, sin conseguirlo.

Una huelga general política, decretada por la Central Obrera Boliviana (COB), así como la movilización combativa de pobladores paceños, sin ser afiliados a esa organización, pero en convergencia y/o bajo la dirección de esa instancia social y política, enfrentaron a los golpistas y los derrotaron en las calles paceñas, a pesar de que a las armas accionadas por los militares, antepusieron barricadas, piedras, bloqueos y sobre todo la fuerza de las masas, para decirlo con René Zavaleta Mercado.

Esas masas acataron la dirección, más sindical que política de la COB, en el enfrentamiento al golpismo. Sin embargo, en la resistencia al golpe de Natusch Busch hubo mucho de espontaneidad, es decir, de respuesta antigolpista nada o poco organizada.

La huelga general política derrotó a los golpistas del 1 de noviembre de 1979, así como no pudo aplastar los golpes de Estado jefaturizados por Hugo Banzer Suárez (21 de agosto de 1971) y de Luis García Meza y Luis Arce Gómez (17 de julio de 1980). La huelga general política triunfante llevó a Isaac Sandóval Rodríguez a incorporar, en un proyecto de código de trabajo de su autoría, aquella acción de fuerza como institución jurídico-laboral. Sin embargo, hubo diferencias  en el campo popular respecto, especialmente, del jefe golpista de Todos Santos.Zavaleta, que estudia en profundidad aquella crisis estatal y/o política, habla de las dubitaciones de la izquierda respecto de ese golpe.

Movimientistas, incluido su jefe de todos los tiempos, Víctor Paz Estenssoro, que participaron por intermedio de militantes y dirigentes suyos en el golpe de Banzer, constituyeron con su “mortal” enemiga, la Falange Socialista Boliviana (FSB), un frente “nacionalista” como base de sustentación social de esa dictadura militar-fascista. Entonces ocurrió lo que señaló Guevara Arze respecto de su viejo partido: El MNR —le dijo a Carlos D. Mesa Gisbert en el espacio de entrevistas De Cerca— cuando está en el llano se alía con Dios o con el Diablo para volver al poder. El mismo Guevara afirmó, en varias ocasiones, que los “doctores” Paz Estenssoro y Siles Zuazo se opusieron a que él sea postulado, por el MNR, a la presidencia del país. Hablamos de la izquierda y del MNRI si se admite considerar a éste realmente como un partido político de izquierda dentro de la crisis política mencionada.Paz Estenssoro —y ésta es más que una anécdota— asumió el compromiso de hablar en una concentración, en la plaza Murillo, que debió organizar con el MNR la que no se realizó. Natusch Busch —según el libro Prisionero de Palacio— por teléfono le había dicho al líder movimientista: “Doctor, yo ya hice mi parte, ahora le toca hacer la suya”.

Dirigentes del Partido Comunista de Bolivia (PCB), además de visitar al “prisionero de Palacio”, decían por Natusch Busch que era el Megistu Mariam “boliviano”, por el militar que encabezó un golpe de Estado con el que depuso a una dinastía que gobernaba Etiopía. Dirigentes de ese partido tenían relaciones políticas con jefes militares, como Alberto Natusch Busch, a los que en el Palacio de Gobierno aquél les habría explicado las medidas que aplicaría durante su gobierno que, supuestamente, serían similares al mandato de las Fuerzas Armadas que enarboló Alfredo Ovando Candia mientras gobernó Bolivia. Por supuesto que Marian no se iba a repetir en Bolivia con Natusch Busch, por lo que advirtió Marx: Los hechos en la historia (y las personalidades, añadimos) se dan como tragedia y se repiten como comedia.

Otro hecho que cobra importancia en estas circunstancias ha sido rememorado, varias veces y hace días, por el canciller de ese momento: Una asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) clausuró sus actividades el momento en el que empezaba el golpe del 1 de noviembre de 1979, la que aprobó una resolución de respaldo a la reivindicación marítima de Bolivia. Ese antecedente, añadió Gustavo Fernández, se suma al éxito de nuestro país dentro de su demanda en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Inmediatamente después del cruento golpe de Estado que recordamos se dijo, además, que esa acción golpista ensombreció el respaldo que recibimos los bolivianos de la OEA (1979).

Aquel intento de Alberto Natusch Busch y sus seguidores, de gobernar al estilo de Megistu Mariam de Etiopía, con supuestos millonarios créditos de los países árabes productores de petróleo, ocurrió en el momento de paso de una dictadura militar y fascista hacia una democracia limitada.

Asimismo, la fuerza del pueblo fue suficiente, mediante una huelga general política, para derrotar al golpe de Estado de Todos Santos, a pesar de la sangre que vimos por las calles de La Paz. Sin embargo, esa fuerza no consiguió que el pueblo asuma el poder porque, luego de que fue derrotado ese golpe, continuaron en el gobierno y en el poder las viejas clases sociales gobernantes y sus operadores políticos.

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