Animal Político

Hugo Rodas: Hay un uso instrumental de Zavaleta

Rodas lleva trabajando décadas para reconstruir  la figura de René Zavaleta Mercado, el autor presentó en México una tesis que la convirtió en libro.  Habló con Animal Político y dio algunas pinceladas sobre un político y ensayista que no pierde actualidad.

Hugo Rodas.

Hugo Rodas. Foto: Fernando Cartagena.

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

00:03 / 28 de marzo de 2016

Tiene la certeza de que no ha escrito la última palabra de su libro pues le cuesta dar por finalizada una obra y estar conforme con el texto acabado. Hugo Rodas Morales es un detallista al que le gusta la perfección.  El autor trabaja y vive en México; llegó a Bolivia para presentar su último libro René Zavaleta Mercado: El nacional-populismo barroco. Se trata de una aproximación minuciosa a uno de los intelectuales más importantes de Bolivia del siglo pasado y un ícono del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

— Tengo entendido que el libro que presentará es producto de su tesis en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). ¿Cuánto tiempo le ha llevado investigar a René Zavaleta Mercado?

— Diría que se trata de un retorno a Zavaleta que cuenta tres décadas y no concluye debido a la actualidad renovada, en el ámbito latinoamericano, de dicho intelectual boliviano. Plural Editores publica un texto corregido y aumentado del aprobado por el Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos (Ppela) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 2014 y que es una investigación eminentemente académica. Si bien la tesis estuvo concluida en 2013, proviene de lecturas mías desde un año antes del lamentable y prematuro fallecimiento de Zavaleta, esto es, desde que la editorial Juventud publicara en La Paz Las masas en noviembre (1983). En 1991 publiqué un primer artículo de prensa en el desaparecido diario Última Hora de esa ciudad, reaccionando a mi lectura de Lo nacional-popular en Bolivia (México, 1986) y luego participé y colaboré en distintas intervenciones públicas sobre la obra de Zavaleta, tanto en La Paz como en Ciudad de México, a partir de tareas de investigación en la Facultad Latinoamericana en Ciencias Sociales (Flacso, 1996). Una década después formé parte del texto colectivo: René Zavaleta Mercado: Ensayos, testimonios y revisiones (México-Buenos Aires, 2006).

— ¿Comparte la opinión de que a Zavaleta se lo tiene muy “olvidado”, especialmente en Bolivia?

— En absoluto. Esa opinión, de quien fuera amigo e investigador junto a Zavaleta en la UNAM, el notable marxista ecuatoriano Bolívar Echeverría, pretendía estimular a quien escribe, desconociendo las tesis académicas bolivianas existentes para entonces, hace algo más de una década.

— Pero en el último tiempo Zavaleta ha cobrado notoriedad. Por ejemplo, el vicepresidente Álvaro García Linera ha explicado que Bolivia era, hasta 2005, un “Estado aparente” pues no logró “condensar la totalidad de la sociedad”. Ésta sería una explicación “zavaletiana”. ¿Usted, comparte este punto de vista?

— Como es evidente para la comunidad académica, que ha estudiado a René Zavaleta Mercado con un rigor ajeno a derivaciones de su obra con fines instrumentales (paraestatales), lo que se tiene del “más importante ensayista del siglo XX” —a decir del doctor Mauricio Souza, que ha establecido las Obras completas de Zavaleta, publicadas en cuatro volúmenes por Plural Editores recién el año pasado— es un corpus teórico no menos desafiante que la dinámica sociedad boliviana, frente a la pobre institucionalidad estatal, por mucho que se llame plurinacional. Pretender que un Estado “condense la totalidad de la sociedad”, es debatir definiciones en un lenguaje aparentemente teórico; la mera existencia de un Estado implica algún grado de unificación de lo social y en ningún caso, realmente existente, de la “totalidad de la sociedad”.

La interpretación de Álvaro García sobre la noción de “Estado aparente”, si exceptuamos la función que eventualmente ocupa como vicepresidente, tiene por “aparente” una condición que habría sido superada por la “realidad” del actual Estado Plurinacional, ocultando el que la mediación para dicha forma estatal anterior y la actual es la misma: el carácter prebendal de la lealtad al Estado por una sociedad a la que el partido de gobierno expropia la política, monopolizándola (ayer el MNR y su derivada barrientista y banzerista, hoy el Movimiento Al Socialismo, MAS), mientras declara discursivamente unificarla.

— ¿Cree que Zavaleta acertó o se equivocó al hablar de “neopopulismo”, en Bolivia? ¿él empleó ese término?

— Zavaleta no se refirió al neologismo mencionado (neopopulismo), sino al populismo como corriente conciliadora de posturas encontradas. Me parece que la valoración que se haga al respecto debe considerar las distintas valencias que históricamente asumen las posturas en tensión, las que el actual neopopulismo inspirado en autores afines a Ernesto Laclau interpretara como una racionalidad de distintos significados articulados como hegemonía posible. Quizá sea un error pretender “ver” en la realidad la teoría, no solo sino especialmente de Zavaleta, por los matices que “Bolivia” como unidad poco homogénea exige trazar, si se quiere algo mejor que la ficción de una “teoría aplicada”.

— El autor del libro Lo nacional-popular en Bolivia ha sido un personaje clave del MNR ¿fue uno de los más críticos del partido rosado o fue lo contrario?

— Fue siempre un “intelectual del orden”, como decía por su parte con toda razón de Hegel respecto al Estado prusiano. ¿Cómo podría ser autocrítico quien promoviera, más que cualquiera en su partido, al general René Barrientos para la vicepresidencia del MNR en 1964; o que silenciara el papel protagónico de su oscuro conmilitante y amigo Guillermo Bedregal en la masacre de Todos Santos de 1979, mediante el coronel Alberto Natusch y otros altos oficiales como Luis García Meza? La teoría no emana autocrítica, así como existen filósofos marxistas que no debaten, es decir que no luchan por la realidad en curso.

La noción de la “unidad de los opuestos” en Hegel puede servir como alegoría para entender el que una obra altamente productiva en lo teórico sea esencialmente conservadora, es decir que su ambigüedad estructural podría disuadir la revolución antes que alentarla. Algo semejante se puede desprender del bonapartismo de Zavaleta, que aparece acentuado en los momentos de la historia boliviana en la que el proletariado acosaba al MNR, al MNRI (Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda) de Hernán Siles Zuazo por ejemplo, a comienzos de los 80 del siglo XX. Esto se debe, según entiendo, a que Zavaleta mitificaba el hecho revolucionario de abril de 1952 como un origen de nuestra sociedad y ampliaba esto al lenguaje (que tampoco tiene origen) de la revolución.

— Cree que habría “sobrevivido” el MNR siguiendo el camino que Zavaleta proponía?

— Esta pregunta quizá podría replantearse colocando el lugar de la determinación en el colectivo y no en el individuo que es parte de la misma. El MNR tuvo “segundas vidas” antirrevolucionarias, mientras que la obra de Zavaleta deja mucho para aprender en un sentido renovador.

— Zavaleta era un personaje con marcados afectos y desafectos. Durante su investigación, usted explica que él fue muy crítico de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Además, menciona una escena curiosa cuando ambos fueron confinados a Madidi. ¿Cómo era la relación entre ambos?

— Fue una relación de mutuo distanciamiento, cuyos aspectos anecdóticos importan menos que sus implicaciones histórico-políticas. El confinamiento de Zavaleta en Madidi (1968) se debió a su participación crítica en foros universitarios, sobre el destino del gas que imponía el régimen de Barrientos, muy poco después de haber sido un candidato del MNR al que Zavaleta promoviera en la universidad pública y mediante un libro de su autoría. El confinamiento de Quiroga Santa Cruz era resultado del enjuiciamiento previo en el Congreso al Presidente en ejercicio y su Ministro de Gobierno, Barrientos y Arguedas, además del tema del gas. Lo que esta anécdota oculta es una cuestión central inscrita en el lenguaje y que mi estudio intenta explicar: que el lenguaje sea ejercitado como anterior al sí-mismo (esto es, reconozca al otro como fundante de nuestra individualidad; el caso de Quiroga) o como un origen definido (en Zavaleta).

— Pero, ¿cómo era su relación? Quizás había algo de celos intelectuales entre ambos...

— Fue una relación de mutuo distanciamiento y por celos que eran comprensibles: Quiroga destacó fuera de Bolivia como escritor, era un miembro de la prensa reconocido y apreciado, un parlamentario descollante y que encabezó dos juicios de responsabilidades, fundador del Partido Socialista con arrastre en el proletariado minero, polemista imbatible de prosa cristalina... Zavaleta tuvo una presencia menor en estos ámbitos, en los que buscara especialmente ser reconocido, su influencia académica era el aspecto más notable. La clave de todo ello corresponde, me parece, a lo que podríamos llamar la dialéctica del lenguaje.

— Quisiera que me explique cuál es la influencia que tuvo Zavaleta en las siguientes generaciones de políticos, en Bolivia.

— La recepción dispersa de su obra ha favorecido quizá usos y abusos poco rigurosos, en especial en el ámbito político, en el que, como Zavaleta dijera, la llamada izquierda demostró un talante antiintelectual; lo intelectual supone, por supuesto, autonomía respecto al discurso hegemónico e importancia de la teoría. Zavaleta señaló (en Lo nacional-popular en Bolivia), como tendencia conservadora en Bolivia y en América Latina, que se apelara al excedente antes que a las ideas; esto es lo que la mejora económica boliviana, sin reforma intelectual y moral, expresa como rasgo conservador nuestro.

— ¿Qué opina cuando el Vicepresidente usa como referencia constante a Zavaleta?

— Siendo esa práctica discursiva un lugar común de la ciencia social boliviana, convendría problematizarla. En el caso del Vicepresidente, existe un antecedente público: al salir de la cárcel, después del fracaso del EGTK (Ejército Guerrillero Túpac Katari), declaró que “desde sus 18 años despreciaba” (el término es suyo) a toda la izquierda partidaria boliviana, incluido el PS-1 (Partido Socialista 1) dirigido por Marcelo Quiroga Santa Cruz. Solo exceptuaba a Zavaleta por su teoría marxista. Esta reducción de la política y la historia boliviana a una teoría, además vinculada a un solo autor nacional, es expresiva del sentido autorreferencial que para Álvaro García tiene la mención de Zavaleta.

Me parece que al igual que con otros autores a los que el Vicepresidente alude reiteradamente, como una “marca” de pensamiento en el mercado de las ideas autodenominadas progresistas, como (Antonio) Gramsci, (Pierre) Bourdieu, el resultado del debilitamiento de la teoría en favor de su instrumentación burocrático-estatal es incontestable.

Datos

Nombre: Hugo Rodas Morales

Nacimiento: 3 de agosto de 1965, Cochabamba.

Profesión: Politólogo, diplomado en Estudios Andinos, posgrado en Estudios Latinoamericanos.

Perfil

El politólogo e historiador cochabambino vive dos décadas en México. Sin embargo, la mayor parte de sus investigaciones son pensadas en Bolivia. Entre sus obras más conocidas están: Marcelo Quiroga Santa Cruz: El socialismo vivido y Huanchaca: Modelo político empresarial de la cocaína en Bolivia.

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