Animal Político

Hugo Zemelman, pensar nuestro tiempo

Hugo Zemelman Merino (1931-2013) exigía que articulemos nuestro pensamiento con un proyecto político. Ahí nos dimos cuenta de que la idea como idea no nos llevaba a ningún lado.

La Razón (Edición Impresa) / Felipe Terán Gezn

00:00 / 27 de septiembre de 2015

Escribir sobre mi maestro, cuando el 3 de octubre se cumplirán dos años de su partida, no fue desafío sencillo; me evocó muchas emociones y sentimientos que contuve y en su momento no pude expresar. Tal vez podría atribuirse a la conmoción de su partida, o a mi incapacidad de reaccionar ante su muerte.

Generalmente, cuando uno está aquí, en Bolivia, y las cosas parecen suceder a larga distancia, que no hay cambios y algún día Hugo Zemelman Merino volverá a visitarnos, como lo hacía siempre, y que sostendríamos otro largo café que nos llevaría horas de plática. Pero más allá del recuerdo de mi amigo y maestro, creo que es importante recordarlo por el gran pensador y por su obra. Al final de cuentas, de qué sirven los homenajes póstumos o las referencias si no nos dedicamos a repasar su dedicación de vida, su trabajo.

Para recorrer, brevemente, su pensamiento, prefiero hacer énfasis en mi interpretación y las enseñanzas aprehendidas antes que mostrarme como un buen repetidor de sus argumentos; principalmente porque él lo hubiera querido así y no sería un digno aprendiz siendo un teórico zemelmaniano.

Leer a Zemelman no es un acto de erudición, quien busque eso en sus lecturas lo más probable es que se tope (como yo me topé al principio) con un laberinto indescifrable. En la lectura de su obra, nos encontramos con el maestro que no enseña “conceptos”, “teorías”, ni tampoco nos coloca ante una posición confortable de crítica al capitalismo y sus consecuencias. Sino, todo lo contrario, la exigencia es pensarnos, enfrentarnos al futuro como algo indeterminado y entender nuestro momento histórico. ¿Cuál fue nuestra mayor dificultad? Las universidades nos habían enseñado a repetir teorías, como si fuesen dogmas, por los intelectuales que Franz Tamayo en su tiempo calificaba de bobarystas, y hoy son personajes representativos de la academia boliviana.

Por el contrario, Zemelman exigía que articulemos nuestro pensamiento con un proyecto político. Ahí nos dimos cuenta de que la idea como idea no nos llevaba a ningún lado, sino que corría el riesgo de convertirse en un discurso cargado de posición, pero sin perspectiva de transformación del presente. La tarea dejada era reconocer la novedad, y nos dimos cuenta que ésta no tiene recetas, menos teorías, ideologías y/o manuales que la expliquen, por eso es lo nuevo, y generalmente hablar de lo nuevo es enfrentarse a la incertidumbre.

Para responder a las exigencias de la práctica, los esquemas teórico-conceptuales no son adecuados, pues se necesita un modo de pensar capaz de manejarse en distintos parámetros sin perder consistencia. Con este propósito se requiere reorganizar el razonamiento con base en un conjunto de categorías que sin identificarse con una estructura explicación permita el análisis de lo potencial presente en un momento de desarrollo histórico. 

Por consiguiente, nuestro punto de partida no es teórico, ni ideológico, ni ajeno; más bien, nosotros somos el punto de partida. Desde ahí que le hallamos sentido a la revelación, porque es el momento cuando lo nuevo se manifiesta. A partir de ahí apareció con fuerza la idea de que nuestra realidad no estaba siendo tematizada y, por ende, nos es necesario producir conocimiento para potenciar la transformación de nuestro tiempo.

Para el propio maestro, su experiencia en Chile en el gobierno de Salvador Allende le enseñó que mientras allí estaban limitados por las teorías predominantes de la época, especialmente el marxismo clásico del siglo XX, la realidad seguía su curso y la teoría era incapaz de dar cuenta del movimiento de la realidad. Por eso, el golpe de Estado sufrido ese 11 de septiembre los tomó por sorpresa, y Zemelman término exilándose en México.

Él se dio cuenta de que las corrientes teóricas del siglo XX estaban siendo utilizadas sin sentido del tiempo y espacio para el cual eran pertinentes, y posteriormente el neoliberalismo se había encargado de potenciar este oscurantismo con modas teóricas positivistas. Mostrando que las consecuencias de razonar desde la teoría nos lleva a encubrir nuestra realidad y a negarnos como sujetos. Entonces, fue cuando caímos en cuenta que la función explicativa de la teoría no era capaz de dar cuenta de la realidad. Por consiguiente, el problema de trabajo de Zemelman fue construir una forma de razonamiento para ir más allá de una comprensión teórica de la realidad:

Esta apertura de la razón hacia lo real rescata la idea de una objetividad como contenido potencial, en cuyo caso se plantea que la relación con la realidad no se establece con reducciones a las formas teóricas, sino de manera abierta, lo que demanda un razonamiento capaz de concebir y observar lo real-objetivo como trascendente de cualquier forma teórica. 

Dentro de las enseñanzas del maestro resaltamos aprehender a pensar, abrirnos a lo nuevo, saber utilizar las teorías como herramientas del conocimiento y no como plegarias. Así, no reducir la realidad a la teoría, sino, en todo caso, subordinar la teoría a la realidad. A la pregunta, ¿para qué necesitamos producir conocimiento?, encontramos su respuesta en la transformación de la realidad en función de potenciar una forma de vida que construya un nuevo orden civilizatorio más justo. Por eso, decimos que razonar de forma epistémica, es articular el pensamiento a la política, ya no fragmentariamente, sino entendiendo cómo el mundo se desenvuelve, lo que Zemelman llamaba totalidad.

La tarea de hacer pensamiento crítico no es criticar algo, sino, por el contrario, implica la exigencia de entender la totalidad, y dar cuenta de nuestra colocación en el mundo. No se trata de mirarnos el ombligo, sino, de poder poner nuestro pensamiento en una perspectiva universal, lo que nos da la posibilidad de construir otro mundo posible y nos exige una argumentación inteligible para mostrar con contundencia la decadencia del sistema civilizatorio moderno, capitalista, eurocéntrico y occidental, y fundamentalmente poder dar cuenta de lo nuevo, para potenciar la transformación de nuestro presente.

Para concluir, la obra y pensamiento de Zemelman han ido más allá del pensamiento teórico y ha logrado construir lo que él llamaba pensamiento epistémico. Considero que si la epistemología hoy tiene contenido es gracias a él. La pérdida física, no solo fue un hecho muy doloroso para este servidor, sino para el pensamiento latinoamericano y mundial. Él encontró en Bolivia la potencialidad de sus argumentos y, posteriormente, su pertinencia. Para todos los que no lo conocieron, les recomiendo que lean su obra, porque les garantizo que les será de provecho, igual que lo fue para mí. Quisiera terminar, con un: “gracias maestro y hasta siempre”.

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