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La Iglesia y Evo: encuentros y desencuentros

Si bien en la Iglesia existen todas las tendencias ideológicas, su jerarquía siempre fue conservadora. A continuación, un recuento del papel de la Iglesia en Bolivia en las últimas décadas. 

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:06 / 23 de noviembre de 2014

Desde antes de que Evo Morales asumiera la presidencia, en 2006, los partidos de oposición hicieron una campaña de temor en los medios de comunicación creando una mitología de cómo sería si el dirigente campesino llegaría a la presidencia. Mencionaban expropiaciones y toda clase de medidas vinculadas a la propiedad común, la exclusión de los no indígenas, entre otros aspectos. La Iglesia, o más bien sus autoridades visibles, desde la Conferencia Episcopal de Bolivia, participó en la difusión de esta mitología.

Al final, Morales posibilitó la nueva Constitución, se recuperó la mayoría de las acciones de las empresas estratégicas en favor del Estado y se implementó políticas de redistribución dirigidas a los más pobres. La realidad despertó a aquéllos que habrían esperado cambios más radicales por parte del Gobierno y disipó progresivamente los temores del poder financiero local, el cual hoy es aliado del partido de gobierno, que ha ampliado su inclusión a los sectores empresariales, de clase media y profesionales (aspecto que el analista Fernando Mayorga llamó “giro programático”).

INSTITUCIONALIDAD. A todo esto, la Iglesia pasó de un discurso opositor radical a uno más moderado, sobre todo cuestionando la institucionalidad de la democracia bajo el gobierno del MAS, con uno que otro gesto de reconocimiento en otros campos. En cambio, el Gobierno mantuvo su posición crítica con la Iglesia Católica boliviana casi inalterable, aunque el matiz lo da la postura del presidente Evo Morales respecto del Vaticano a partir del nombramiento de Jorge Bergoglio como el papa Francisco.

Por supuesto que para entender la relación eclesiástica-gubernamental de estos últimos años hay que ver, aunque sea por encima, el rol que jugó la Iglesia en Bolivia en la segunda mitad del siglo XX. En la Iglesia Católica en general es claro que existe “de todo” —advierte el exjesuita Rafael Puente— “desde extrema izquierda hasta extrema derecha”. En Bolivia se ve esa misma tendencia, si bien la jerarquía eclesiástica siempre estuvo en manos de la facción de derecha.

Del ala de la izquierda o una más progresista, durante las décadas del 60, 70 y 80 cabe mencionar a Jorge Prats, Jaime Zalles, Luis Espinal, Gregorio Iriarte, Federico Aguiló, Julio Terrazas (“uno de los más progresistas” según el periodista Remberto Cárdenas, aunque luego daría un giro a la derecha), Miguel Lefebvre, la exmonja Amparo Carvajal, Xavier Albó, entre muchos otros.

A la derecha no hay tantos nombres, si bien eran la mayoría de los sacerdotes, según la exmonja y actual presidenta de la Asamblea de Derechos Humanos de La Paz, Amparo Carvajal. Entre ellos destacan Genaro Prata, vinculado a la dictadura de García Meza (según el reportaje de Wilson Mérida en el que relata que este sacerdote huyó a Italia tras robar un “millonario” lote de joyas de la Virgen de Urkupiña, además de desfalcar a la Iglesia de la que era arzobispo: Cochabamba), el sacerdote Rojas de Santa Cruz (que estuvo en la dirección de Culto de la Cancillería durante la dictadura de García Meza), Clemente Maurer, Alejandro Mestre, entre otros.

Como ejemplo de esta variedad dentro de la Iglesia, el exjesuita Rafael Puente cuenta la anécdota de monseñor Jorge Manrique, quien tras la Masacre del Valle, en 1974, dijo que Banzer tenía las manos manchadas de sangre, por lo que no estaba invitado a las celebraciones de Semana Santa en La Paz. “Al día siguiente, Maurer, ese tiempo obispo de Sucre, salió diciendo que Banzer sí era bienvenido en las ceremonias de Semana Santa en Sucre. Ahí se ven los extremos de los que está compuesta la Iglesia Católica”.

Según Puente, en la jerarquía eclesiástica sigue habiendo un predominio conservador desde que se fuera monseñor Manrique, “un hombre con una conciencia política muy bien puesta”, que fue Obispo de La Paz en los años setenta.

MEDIADORA. Posteriormente, la Iglesia, en las décadas de los 80, 90 y principios de 2000, tuvo un rol político central como mediador de los conflictos sociales. Así lo nota Francesco Zaratti al decir que ese papel le permitió “pasearse por los palacios del poder”.

Ya cuando subió Evo Morales al poder en 2006, la Iglesia se le opuso abiertamente con una campaña contra el proceso constituyente. Temían que el Estado sea laico, como al menos en tinta quedó escrito, si bien en la práctica puedan haber cuestionamientos al alcance del laicismo.

Zaratti ve a la nueva Constitución, en relación a la Iglesia, como “muy positiva por reducir su accionar al campo religioso y social y ya no al político, si bien algunas homilías del Cardenal o algún documento han sido, desde el punto de vista del servicio a la gente, para que entendiera hacia dónde van algunos procesos, únicamente para guiar, porque la Iglesia no tiene cómo obligar a la gente a nada. Esa función crítica se ha reducido”, asegura.

En todo caso, la jerarquía eclesiástica, si desde 2006 se oponía abiertamente, en 2008 lo hace de manera frontal. El punto de quiebre que enoja al Gobierno y hace que la relación empeore, según Puente, es la declaración del cardenal Julio Terrazas en 2008.

“Se nos habla de que hay lugares llenos de esclavos… Que nos muestren la verdad, que nos digan dónde los encontramos. (...) No nos dejemos llenar la cabeza solo con zumbidos de odios y rencores”, dijo en una homilía. Esta radicalización opositora tiene como síntesis, según el diputado electo por el Movimiento Al Socialismo Manuel Canelas, la participación del mismo Cardenal en el proceso del estatuto de Santa Cruz. “Ése fue quizás un hito de esta manera errónea de expresar su oposición al Gobierno”.

Como anécdota —señala— queda que el diario El País, “que suele ser muy crítico con las intervenciones políticas de la Iglesia en España, eligió, sin más interés que encontrar una figura que se oponga a Evo, ese mismo año (2008), al cardenal Terrazas como una de las 100 personalidades más destacadas en el mundo”.

Hoy, los ánimos vuelven a calentarse a causa del doble aguinaldo que deberá pagar la Iglesia (que es tratada por el Estado como cualquier empresa privada) a los trabajadores de sus obras sociales, las cuales —replican los obispos— son solidarias y no les dejan ganancias. Francesco Zaratti las califica como obras para la sociedad que con el doble aguinaldo tendrán que ser reducidas. Ejemplifica que si antes los centros de la Iglesia podían atender a determinado número de adictos a las drogas, ahora atenderán a menos...

La polémica del doble aguinaldo dio pie a una serie de dimes y diretes en la que aún no hay ganador. Las acusaciones van y vienen. Por ejemplo, la declaración de tinte chauvinista del diputado Marcelo Elío, que pidió que no hayan obispos extranjeros, o acusaciones de despilfarro en la Iglesia y réplicas de los obispos que enumeran despilfarros concretos por parte del Gobierno. En ese sentido, Canelas recomienda “evitar las declaraciones inoportunas”.

No obstante, hay que admitir que la historia de los últimos nueve años muestra que ni el Gobierno ni la Iglesia han sabido evitar ese tipo de declaraciones uno respecto del otro.

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