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Esta Iglesia (Fadocracia)
La Razón Digital / Exeni / La Paz
17:49 / 18 de febrero de 2013
Si la profecía de San Malaquías fuese verdadera, el próximo Papa será el último. Luego sobrevendrá el Juicio Final. Y entre desolación y turbulencias la Iglesia (o el mundo, no se sabe bien) será destruida. La terrible profecía, publicada en 1595, volvió a escena con la sorpresiva renuncia de Benedicto XVI. Y no es la única.
Como van las cosas, Malaquías deja pocas esperanzas. Si asumimos que con el próximo pontífice se acaba esta historia, es deseable que el elegido sea un Papa joven, digamos sub 60 (para que dure unos buenos años). El problema es que el cónclave de cardenales, entre ellos los “papables”, parece un geriátrico. La gran mayoría tiene entre 71 y 79 años de edad. La Iglesia joven no ha podido en estos siglos contra el dominio absoluto de la achachiglesia.
Pero sigamos con las profecías. Se atribuye a Nostradamus otra curiosa predicción: en medio de plagas, catástrofes, cambios climáticos y guerras, llegará un Papa negro. Y anunciará el fin de los tiempos. Si bien entre los posibles nuevos Pontífices —corren apuestas— figura el ghanés Peter Appiah Turkson, el gran problema es que África tiene presencia residual entre los cardenales electores. La doctrina anticolonial no ha podido en estos siglos contra el poder ilimitado del eurocéntrico Vatik’ara.
¿Y si el próximo Papa fuese una Papisa? Nadie, ni Malaquías ni Nostradamus, ni ningún otro vidente, se han animado a tanto. Y no lo hicieron porque la jerarquía de la Iglesia Católica Apostólica Romana (sea del siglo XXI, sea en los tiempos de San Pedro hace más de dos mil años), es cosa de hombres. No hay profecía posible, entonces, ya que los potenciales papables, todos ellos, los 117, son hombres. La igualdad de género no ha podido en estos siglos contra la trinchera irreductible del falobispado oficial.
Así las cosas, no se puede esperar mucho cambio en la anquilosada Iglesia con el nuevo Papa. Ni será el último ni con él, o después de él, vendrá el fin del mundo. Como sea, lo mínimo que habremos de exigirles, desde la vereda de la emancipación social, es que no se hagan llamar “Iglesia Universal”, porque el Universo de la fe no se reduce a Roma ni puede asentarse en un credo apestado de exclusiones
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Exeni, Fadocracia, Iglesia