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La Iglesia entiende al nuevo Estado boliviano

El Estado boliviano deberá buscar un relacionamiento con el Vaticano acorde a lo que está definido en la Constitución Política del Estado Plurinacional. La Iglesia, que reconoce con extrema frialdad y objetividad las realidades humanas, está preparada para ello.

La Razón (Edición Impresa) / Armando Loayza

00:01 / 19 de abril de 2015

El Estado Vaticano posee 50 hectáreas. Tiene un estatus jurídico internacional e incluso hay más misiones diplomáticas acreditadas ante el Vaticano que ante la República Italiana. Es un Estado sui generis que no hace lo que hacen el resto de los Estados. La guardia suiza y su correo funcionan como significantes de que es un Estado.

En cuanto a la relación Bolivia-Vaticano, es difícil de desvincular a la Iglesia con la historia de las misiones en nuestro continente. Sin embargo, ya en la República, el Vaticano fue muy pragmático. Los nuevos países buscaron tener relación con la Santa Sede y ésta actuó con bastante frialdad, se dio cuenta del fenómeno de la Guerra de la Independencia y ayudó a generar el reconocimiento de nuestros países, frente a España que tenía una posición muy dura y se negaba a reconocer jurídicamente a los nuevos Estados latinoamericanos. Ahí jugó un rol importante y con frialdad jurídica los reconoció y contribuyó con gestiones para que España hiciera lo propio.

La Santa Sede siempre fue muy pragmática, no le interesaba mucho lo formal y al poco tiempo estaba trabajando con Bolívar, San Martín y otros de manera independiente de España. De hecho, fue un sacerdote quien empezó a gestionar en representación de varios Estados latinoamericanos el reconocimiento de los mismos.

De ahí fue que Andrés de Santa Cruz y Calahumana realizó intensas gestiones que empezaron en los años 20 del siglo XIX para establecer relaciones. De tal manera que en 1849-1850, tras ser designado por Isidoro Belzu embajador en Francia fue al Vaticano. En 1851 presentó sus credenciales y negoció un concordato. Se decía que era masón, sin embargo, ese momento se ve a un Andrés de Santa Cruz distinto y ferviente católico. Acepta casi todas las propuestas de la Santa Sede. El Senado nunca ratificó ese convenio, pero en los hechos sigue vigente hoy. Lo que vale es la aplicación y con los años se ha ido aplicando aunque nunca fue ratificado. Al final, Bolivia se acreditó ante el Vaticano en 1851, al darse cuenta que España era una cosa del pasado.

Hoy, el Estado debería buscar un relacionamiento acorde a lo que está definido en la Constitución Política del Estado Plurinacional. Además, creo que la Iglesia, que reconoce con extrema frialdad y objetividad las realidades humanas, está preparada.

La embajada en la Santa Sede es una misión importante, se trata de una vinculación con una entidad muy particular, que desarrolla una tarea misional en el mundo. Su influencia trasciende a otras iglesias cristianas no católicas que, si bien no lo reconocen como autoridad, valoran al Papa.

En mi misión buscaré permear las estructuras concretas de la diplomacia boliviana; hay que permear las realidades de la Bolivia contemporánea con la característica del laicismo y también la realidad de la política internacional boliviana, lo que incluye al tema marítimo. Porque no podemos ignorar que la Iglesia tiene una influencia enorme. Si bien en la actualidad el Vaticano no gusta de ese rol de la edad media de ser el gran árbitro. Sólo vuelve a asumir ese papel cuando la paz está en juego, como en el caso del arbitraje de Chile y Argentina en el arreglo del canal de Beagle. Últimamente, tuvo un papel decisivo en el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba.

El Vaticano ve que ser el árbitro no es su rol, que no es una Corte. Solo admite esa situación de manera excepcional para evitar un conflicto. También puede ejercer influencias en combinación con sus congregaciones de dos países con alguna diferencia. Por ejemplo, en Bolivia, monseñor Juárez me dijo que desde hace 25 años las iglesias boliviana y chilena han tenido conversaciones muy fraternas y francas. Uno de los temas de esas conversaciones entre episcopados fue el tema marítimo y me señaló que existen posiciones más conciliadoras por parte de los arzobispos de Chile.

Sobre este tema voy a buscar presentar de manera adecuada y pormenorizada la postura boliviana desde mi conocimiento y cercanía a los principios que sustenta la demanda, no para pedir una acción internacional a la Santa Sede, sino para informar. Nuestra misión es gestionar con el Estado Vaticano y su Secretaría de Estado que tiene una diplomacia muy eficiente de muchos siglos de experiencia.

Percibo que se está decantando una mejor situación con Bolivia. Ya la iglesia entiende lo que sucede en el país porque está todos los días en la realidad de Bolivia, por su tarea concreta. Tiene una perfecta conciencia de lo que es el Estado boliviano en el momento actual y la tarea en que está empeñado el Gobierno.  Por el otro lado, el Gobierno también tiene que entender la estructura y el manejo de la Iglesia boliviana y por ende la tarea de coordinación y apoyo moral que siempre le otorga el Papa a la Conferencia Episcopal.

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