Animal Político

Indígenas, mestizos e identidades complejas

Debido a los resultados del censo equívocos con relación a la identidad pertenencia, es difícil establecer los criterios con los que los ciudadanos se expresaron al respecto.

La Razón / F. Xavier Ruiz Collantes

00:03 / 01 de septiembre de 2013

Qué porcentaje de indígenas hay entre la población boliviana? 40,5%, según el último censo, y 62%, de acuerdo con el censo de 2001. La cuestión se ha convertido en un eje central en la discusión sobre la identidad boliviana y, por derivación, sobre el modelo de Estado. En general, se discute sobre la realidad del peso de lo indígena y de lo mestizo en la conformación de la identidad de los ciudadanos bolivianos, pero los enfoques pretendidamente objetivos con que se aborda este tema esconden, ineludiblemente, planteamientos ideológicos.

Los criterios por los que se establecen las identidades de pertenencia de los individuos, en todo el mundo y en todas las situaciones históricas, nunca son objetivos u objetivables, sino establecidos social y culturalmente. Se trata de criterios definidos ideológicamente a partir de estrategias de confrontación o de negociación que buscan procesos de integración, exclusión, dominación, liberación e, incluso, de supervivencia o exterminio, etc. Estas estrategias responden generalmente a los intereses propios de diferentes colectivos y sectores de población y son elaboradas y legitimadas por los intelectuales y políticos ligados a dichos colectivos y sectores. Veamos algunos ejemplos que actualmente se dan en diferentes contextos sociales y culturales.

Cuántos negros hay en Estados Unidos parecería una pregunta fácil de responder de una manera objetiva, al margen de toda determinación ideológica y cultural. Nada más lejos de la realidad. Se dice y se acepta sin cuestionamiento que Barack Obama es el primer presidente negro de Estados Unidos; sin embargo, la madre de Obama es blanca y, si tomáramos otros criterios diferentes a los imperantes aquel país, Barack Obama no sería negro sino mulato y lo único que se podría decir es que es el primer presidente no blanco de Estados Unidos. Otro caso semejante: se dice que Halle Berry ha sido la primera actriz negra que ha conseguido un Oscar a la mejor actriz principal, pero su madre es blanca.

En Estados Unidos existe una cultura dominante que impone el criterio de que, en el eje étnico-cultural negro-blanco, quien no es totalmente blanco, es negro. Éste es un principio ideológico básico de clasificación étnica de los individuos y de segregación identitaria impuesto por la población blanca que es la que detenta el poder. A nadie hoy se le ocurriría plantear para Estados Unidos el principio opuesto al realmente dominante, un principio según el cual quien no fuera totalmente negro sería blanco y, sin embargo, se trata de un criterio tan arbitrario como el que efectivamente se utiliza.

Si trasladáramos el criterio norteamericano a Bolivia y éste se convirtiera en fundamento de una ideología dominante y/o de un consenso social sobre el tema, resultaría que, en el eje indígena-blanco, quien no fuera totalmente blanco sería indígena y, entonces, la inmensa mayoría de la población boliviana  pasaría a considerarse indígena.

Tomemos otro caso: Cataluña. Es una comunidad autónoma del Estado Español con una fuerte migración de otros lugares de España y del resto del mundo, y con un intenso sentimiento de identidad propia. En Cataluña, dada la gran cantidad de población procedente de fuera de la comunidad autónoma, una cuestión fundamental es definir quién puede considerarse catalán y quién no. En 2008 un organismo dependiente del gobierno de Cataluña me encargó una investigación sobre las identidades de pertenencia entre la población residente en Cataluña; uno de los resultados fundamentales fue que en Cataluña hay dos criterios para establecer la catalanidad de un individuo. Los sectores de izquierda de la población catalana mantienen una posición abierta e integradora y, para ellos, catalán es aquel que se siente catalán y habla catalán. Los sectores de derecha defienden posiciones mucho más cerradas y excluyentes y consideran que, para ser considerado realmente catalán, además de las dos condiciones referidas anteriormente, se debe lucir algún apellido originario de Cataluña. Aquí tenemos un caso claro de conflicto ideológico sobre las identidades de pertenencia, conflicto que se enmarca en procesos históricos de largo alcance y que sólo se resolverá cuando una de las posiciones pase a ser hegemónica o cuando se alcance algún consenso.

En todo caso, a pesar del conflicto señalado, una cuestión fundamental y coincidente para todos los sectores de la población catalana es que la identidad catalana se fundamenta principalmente en criterios culturales y más concretamente lingüísticos y no en criterios étnicos o de otro tipo. En Cataluña hay un consenso social sobre el hecho de que sentir la lengua catalana como propia y usarla en la vida cotidiana de manera habitual es el eje nuclear del “ser catalán” para cualquier ciudadano que viva en Cataluña. Todo ello es lógico, puesto que es la lengua el elemento diferenciador e identificador de los catalanes frente al resto de los españoles y europeos. Sin embargo, lo que resulta natural e incuestionable en ciertos contextos socioculturales y nacionales se convierte en inadecuado en otros.

Si trasladáramos el criterio de identificación por la lengua, propio de los catalanes, a Bolivia, ello daría lugar a resultados inaceptables como que el presidente Evo Morales no podría considerarse indígena, puesto que al parecer no domina ni utiliza de manera habitual ninguna de las lenguas propias de los pueblos indígenas.

En resumen, los criterios de pertenencia a una nación, a una etnia, a una comunidad cultural, etc., no son ni objetivos ni naturales ni universales, sino que se definen en la dialéctica de los procesos históricos en cada contexto concreto.

En Bolivia, actualmente, lo que hay es una confrontación por imponer criterios de identidad de pertenencia, una confrontación ideológica difusa y confusa que se disfraza constantemente con argumentos que pretenden aparecer como objetivos. De hecho, por ejemplo, no existe una posición dominante ni un consenso social sobre los criterios por los que un individuo puede considerarse a sí mismo y puede ser considerado por los demás como sujeto perteneciente a algún pueblo indígena. 

El hecho de que no exista una posición dominante o un consenso social sobre el tema hace que un gran porcentaje de ciudadanos, cuando se les pide responder sobre su identidad, caigan en la duda y la perplejidad, utilicen criterios dispares para dar una respuesta e incluso puedan cambiar el sentido de dicha respuesta en periodos relativamente breves de tiempo.  Como conclusión de todo lo expuesto, puede decirse que los resultados de las encuestas son equívocos y poco esclarecedores sobre la realidad identitaria de la población boliviana.

Dado que no se conocen realmente los criterios con los que los diferentes sectores de ciudadanos establecen sus propias identidades de pertenencia, es imposible saber qué significa para estos sectores responder de una manera u otra cuando dicen pertenecer o no pertenecer a algún pueblo indígena y también es imposible saber por qué cambian en el tiempo los porcentajes de las respuestas o qué sentido tiene dicho cambio.

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