Animal Político

(In)disimuladas primarias de la oposición

La campaña por el No no es otra cosa que una elección primaria entre viejos actores opositores que, cuando se presentan a los ciudadanos de frente, con un proyecto nacional, no suelen obtener grandes resultados en las urnas.

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Canelas

00:02 / 18 de enero de 2016

No hace falta ser un perspicaz observador para saber qué tiene poco de verdadera la campaña ciudadana por el No en el referéndum de febrero. Primero, porque resultaba poderosamente llamativo que los que enunciaban esto eran políticos profesionales. Muchos, por no decir todos, políticos que no han tenido buenos resultados —el apoyo de las mayorías— cuando han pasado, no en pocas ocasiones, por las urnas.

Por supuesto que estos políticos encontraban alguna “fórmula” para disimular un poco su protagonismo: simplemente apoyarían a la ciudadanía; fundarían, ellos, plataformas ciudadanas; seguramente financiarían alguna marcha o algunos panfletos. Todo para que la cosa arranque, siempre espontáneamente, y después dar un paso al costado. Tampoco muy al costado, no vaya a ser que no salgamos en la foto final. En toda esta operación contaron con la inestimable ayuda de buena parte de los medios de comunicación, los que suelen ser —y esto no es negativo en absoluto— celosos de toda acción gubernamental; hasta de las que no ocurren. Buena parte de la trinchera mediática boliviana —verdaderos partidos políticos— no pone mucho reparo en convertir en sus noticias a los alcaldes opositores en ciudadanos activos contra el Gobierno; a exconstituyentes o exdiputados de partidos de oposición en analistas independientes; a excandidatos a alcaldes en la voz objetiva del análisis; y a asesores vigentes de la campaña de la oposición en sesudos observadores sin intereses partidarios.

Esta elección en particular ha provocado incluso que algunos periodistas, sin dejar de señalar que son los más independientes, entren de lleno en el ruedo —en el que ya estaban casi sin disimulo— e inauguren programas específicos para hacer campaña por el No o sean más activos, y partidistas, en las redes sociales que los asambleístas oficialmente opositores. Todo siempre con el loable objetivo de estimular la campaña ciudadana que parece que cobrará fuerza a partir de marzo. Después del referéndum, sea cual sea el resultado, habrá mucho que reflexionar sobre el estado de nuestros medios. De todos.

LA ‘POLE POSITION’. Como marzo parece una fecha algo tardía, nuestros políticos opositores se han visto en la obligación de generar más estímulos y, por ejemplo, Jorge Quiroga le ha encontrado el gusto a dar unas tres ruedas de prensa semanales. Que nadie piense mal, no lo hace para estar en una posición preferente que le permita reclamar paternidad sobre un buen resultado del No, lo hace para estimular el despertar ciudadano —ése que no le gustaba mucho cuando él estaba al mando. Curiosamente, cada vez que Tuto se ha presentado a unas elecciones ha ido perdiendo la confianza de la gente: 2005 obtuvo alrededor del 28%; para las elecciones a la Asamblea Constituyente de 2006, el frente político que lideraba llegó al 15%; en 2014 no llegó ni al 9% del apoyo ciudadano.

Es evidente, como buen comunicador que es, que sus ruedas de prensa se siguen con facilidad. Ahora bien, no suele decir necesariamente la verdad. Cuando se le sindica de seguir demasiado apegado a las líneas norteamericanas para la región, uno no tiene que hacer un esfuerzo imaginativo muy grande, es cuestión de remitirse a los antecedentes y preguntarse si Quiroga representa hoy algo diferente a lo que representaba en los años 90. La respuesta es no. Por mucha vocación de outsider que tenga —cualquiera que lo escuche por primera vez juraría que no tuvo responsabilidad alguna en el pasado— podemos ver, en ruedas de prensa o entrevistas antiguas, tan buenas como las de ahora, lo que significó Quiroga en nuestro país y qué relación con Estados Unidos defendía como “inevitable”. Como en los 90 era sentido común de nuestra élite gobernante el decir que esta relación, nos gustase o no, era imprescindible, uno puede escoger casi cualquier recorte al azar y encontrarse con declaraciones muy francas que entonces no suponían problemas  y que hoy, gracias a la recuperación de nuestra soberanía nacional y a exigir un trato respetuoso, nos suenan imposibles de aceptar en alguien que aspira a representar a los bolivianos. Declaraciones de Quiroga como éstas, octubre de 1996 —un año antes de que asumiera como Vicepresidente:  “ Yo recuerdo cuando llegó la misión del FMI el 92 a negociar el programa con Bolivia, lo primero que pidieron es una copia de la resolución donde Bolivia votaba en favor de la invasión a Irak. Ellos bien sabían que lo habíamos hecho, pero era una forma de decirle al Gobierno de Bolivia que si no hay eso, no se puede negociar”.

Dijo que este tipo de vinculaciones existen y “uno puede tratar 20 años de cambiarlas , pero la realidad es que hay el peligro de que te descertifiquen, que nos quiten las carreteras, proyectos del Banco Mundial y la ayuda de las Naciones Unidas”.

Que nos quiten las carreteras...  No, no hace falta WikiLeaks para encontrar esto, basta con la edición de Presencia del 3 de octubre de 1996. La soberanía, según lo dicho por Quiroga, no estaba ni se la esperaba hasta al menos 20 años… finalmente bastaron, por la voluntad y la lucha de la gente, muchos menos años ,y que Tuto y sus amigos dejasen el poder previamente, para tener otra relación con Estados Unidos.

Pero los que pelean por la pole no están solo en occidente, no. Rubén Costas decidió, cuando las encuestas marcaban un No en ascenso, fichar por algo parecido a Ferrari y dejar que su Alcalde de Cochabamba lo proclame candidato presidencial con nada menos que cuatro años de antelación… así taponamos preventivamente el acceso a algún espabilado joven demócrata que tenga ambiciones inconfesables. Por supuesto, Costas piensa, al igual que los demás, ser el padre del buen resultado del No, resultado que, con seguridad, superará el 24% que alcanzó Costas yendo de la mano de Samuel y Ernesto Suárez en 2014 —elección en la que incluso el MAS le ganó Santa Cruz. Es difícil creer que Costas representa algo distinto al hombre que quería un Estatuto Departamental que regulase la migración interna —fronteras entre bolivianos— o que habla(ba) mucho más de autonomía que de patria.

Otro que ha seguido esa estela, no vaya a ser que no salga en la foto, es Félix Patzi, quien, después de montarse en bicicleta para huir de su polémica iniciativa que pretendía exigir a las mujeres un examen de papanicolau para poder hacer sus trámites  —ocurrencia que mejoró con la exigencia a los hombres de un examen de cáncer de próstata—, dice que irá de candidato a presidente en 2019…no sabemos si ya lo consultó con su aliado Luis Revilla, quien también parece más ocupado en la carrera presidencial que casi todos los anteriores. Y claro, al último pero no por eso menos importante, tenemos a Samuel Doria Medina, que no solo estrenó hace poco un programa de radio, como espacio solicitado, sino que difunde en periódicos encuestas que favorecen su liderazgo y que, extraña o casualmente, no toman en cuenta a Tuto Quiroga.

Un No para repartir entre demasiados: Esta campaña no es otra cosa que una elección primaria entre viejos actores opositores que, cuando se presentan a los ciudadanos de frente, con un proyecto nacional, no suelen obtener grandes resultados. Sin embargo, han encontrado en la posibilidad de un buen resultado del No el oxígeno necesario para mantenerse artificialmente vigentes. Ninguno de ellos representa hoy los intereses y las aspiraciones de la mayoría de los bolivianos; ninguno, tampoco, tiene algo parecido a un proyecto de país; su único proyecto a corto plazo, después de conseguir el oxígeno necesario, es desear que Evo —que supera el 60% de aprobación de su gestión según cualquier encuesta— no sea su rival en las elecciones de 2019 para la cual todos se ven ya candidatos. La campaña ciudadana ha sido el último disfraz que, de manera irremediable, ha mostrado sus costuras en cuanto las ambiciones de nuestros resabios de la partidocracia se han dejado ver.

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