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Inédito: seis presidentes en un solo día

En la pelea entre militares el 6 de octubre de 1970, fue la COB la que decidió el desenlace final.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Pinto P. es periodista

06:00 / 10 de octubre de 2018

El 6 de octubre de 1970, Bolivia tocó fondo. Ese día, cuando el fantasma de la guerra civil rondaba por sus calles, el país vivió el cenit de una pugna entre militares nacionalistas y liberales y, en menos de 24 horas, tuvo seis gobernantes. Nadie quiso ceder. A la Central Obrera Boliviana (COB), tras declarar una “huelga general”, le tocó definir el conflicto. Así, Juan José Torres asumió un gobierno colmado de tensiones, hasta agosto de 1971.

Respaldado en el “Mandato Revolucionario de las Fuerzas Armadas”, el general Alfredo Ovando Candia, el 26 de septiembre de 1969, ocupó la presidencia; el 19 de octubre nacionalizó el petróleo. Esa medida, junto a otras de tinte progresista, polarizó la patria. Los obreros se reorganizaron. En ese marco, un año después, los jubilados del Ejército, mediante una “carta pública”, le exigieron a Ovando “devolver” el cargo a una “Junta Militar”.

La misiva fue secundada por el comandante del Ejército Rogelio Miranda, quien el 3 de octubre de 1970 se “levantó en armas”. Al día siguiente, varios jefes militares se parapetaron en el Gran Cuartel de Miraflores y apoyaron el motín con una proclama que fue leída por la Radio Batallón Colorados, cada cinco minutos. El golpe de Estado marchaba a todo vapor.

Renuncia. En un ambiente político lóbrego, desde las 00.45 del 5 de octubre, los responsables de la Nunciatura Apostólica mediaron para “evitar un choque armado”. En las negociaciones, los militares acordaron realizar un plebiscito interno.

A las 19.30, de 364 oficiales, 317 ordenaron la renuncia de Ovando y Miranda a sus cargos. El coronel Hugo Banzer fue “propugnado” como Presidente. Empero, ninguno de los bandos se resignó. Ovando destituyó a Miranda del Alto Mando Militar. Eso ahondó la crisis estatal. Ante la presión, a las 06.15 del martes 6 de octubre Ovando dimitió y se asiló en la Embajada de Argentina.

La renuncia entusiasmó al sector de Miranda, que lo proclamó “Presidente”. En la crónica “Tras la renuncia de Ovando visitas a Miranda”, el periódico Hoy confirmó que a las “08.35, el portavoz oficial del movimiento encabezado por Miranda, mayor Víctor Aguilar Dorado, hizo conocer un comunicado indicando que el comandante del Ejército encabezaba la Junta Militar de Gobierno”.

Contienda. La acción “derechista” generó críticas. Enseguida, radio Altiplano informó que el general Torres se había “atrincherado” en el Grupo Aéreo de Caza de El Alto, donde, luego de una reunión con oficiales y civiles armados, también fue declarado “Presidente del gobierno revolucionario”. La nación se estremeció.

Las decisiones del grupo liberal, no obstante, se tomaban en otro lado. En el libro De Torres a Banzer, Jorge Gallardo —quien logró ser ministro del Interior de Torres— reveló que la resistencia congregada en El Alto obligó a los sediciosos locales y foráneos a “marginar” a Miranda y optar por un Triunvirato. “(…) El coronel de la fuerza aérea Óscar Adriázola realizó una breve consulta telefónica con la embajada americana sobre la composición del futuro gobierno”, precisó.

De ese modo, Miranda renunció a su cargo y dejó el poder en manos del Triunvirato conformado por el general Efraín Guachalla, el contralmirante Alberto Albarracín y el general de brigada aérea Fernando Sattori, que en 10 días debía nominar a un “jefe de la Junta Militar”. Sin embargo, el gobierno de tres cabezas nació débil y fue forzado a desarticularse.

Fernando Kieffer, en su libro La revolución del 21 de agosto de 1971, detalló lo que ocurrió a las 16.50 de ese día: cuando miles de manifestantes aclamaban al nuevo régimen, “dos aviones sobrevolaron la plaza Murillo, comenzando a ametrallar el área (con municiones de fogueo), sembrando pánico, confusión y temor entre el público que huyó en desbandada. Los propios mirandistas se sintieron atemorizados y perdieron el control de la situación”.

Victoria. Ese suceso lo definió todo. El general Sattori, a nombre del régimen tricéfalo, se trasladó a El Alto para negociar. Pero la correlación de fuerzas había cambiado. Cerca de las once de la noche, Sattori hizo conocer a la prensa su renuncia y se unió al bloque nacionalista. El acto consolidó la victoria del “gobierno revolucionario” de Torres.

Al amanecer del 7 de octubre, Torres analizó con los militares liberales algunas condiciones para su ingreso al Palacio Quemado. A las nueve de la mañana marchó victorioso, en medio de emotivas reacciones colectivas, a la plaza Murillo para ratificar su juramento a la presidencia ante el pueblo.

El triunfo de los nacionalistas, según el texto El Poder Dual, de René Zavaleta, no hubiera sido posible sin la declaración de huelga general de la COB, que desniveló el conflicto. Desde entonces, los obreros edificaron la Asamblea Popular que buscó destruir el mundo del capital.

Así, Bolivia, en 24 horas llenas de incertidumbre, tuvo seis presidentes y quizás logró un Récord Guinness.

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