Animal Político

Influencia de la propaganda política en la precampaña

La Razón (Edición Impresa) / Edgar Toro Lanza

22:58 / 09 de marzo de 2014

Lenin dijo que “lo principal es la agitación y la propaganda en todas las capas del pueblo”. Hitler afirmó que “la propaganda nos permitió conservar el poder y nos dará la posibilidad de conquistar el mundo”. Estos conceptos de dos grandes personajes de la historia, nos permite entender  la dimensión y la importancia de la “propaganda política”, para ganar y conservar, por sobre todas las cosas, el poder en el trono y en el gobierno de turno.   

“En la jerarquía de los poderes del totalitarismo moderno, la propaganda política ocupa, innegablemente, el primer puesto”, sostiene Jean-Marie Domenach en su libro La propaganda política. Es decir, está por encima de muchos poderes, porque sin él, sencillamente un gobierno se cae.

La finalidad de la propaganda política es ejercer influencia en la actitud de las masas en puntos que están sometidos a la propaganda y que son objeto de opinión, afirma Princeton en su texto Propaganda, comunicación y opinión pública. Claro, un gobierno sin opinión, o una oposición sin opinión, prácticamente serían cadáveres en la arena política.

Vale la pena recordar lo que dice Barlett en su obra Propaganda política, que la propaganda es una tentativa para “ejercer influencia” en la opinión y en la “conducta de la sociedad”, de manera que las personas adopten una opinión y una conducta determinada. Exactamente pasa en nuestro medio, mucho más en esta época de la precampaña en un año electoral.

El oficialismo se esfuerza por demostrar que gobierna bien y que hay resultados positivos para una “continuidad” en el poder. Mientras que los “partidos bonsái” —como les llamaba la exsenadora del MIR Ericka Brockman a las pequeñas fuerzas políticas — intentan convencer a la opinión pública que “todo está mal” y que se debe apostar por otro gobierno. Así es la pugna política, para eso todo vale, incluso, jugar con los sentimientos de la gente en momentos de desgracia como las inundaciones en el oriente. “No sólo hay que ponerse el chalequito verde, sino hay que llevar los alimentos a la gente sin importar de dónde vengan”, cuestionó el vicepresidente Álvaro García Linera al gobernador del Beni, Carmelo Lens. Éste contestó: “La soberbia es bajar ayuda de un helicóptero y retrasar la asistencia...”. Habrá más, esto recién comienza.

(*) El autor es periodista de La Razón

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