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Informe 12 sobre la salud

El autor plantea varias tareas y estrategias en favor del sector, sin perder de vista el derecho de la sociedad de acceso a la salud.

Informe 12 sobre la salud.

Informe 12 sobre la salud.

La Razón (Edición Impresa) / Guido Zambrana

00:00 / 27 de diciembre de 2017

El primer paso para rectificar un fracaso es reconocerlo. En el caso del sector Salud, el señor Presidente del Estado fue el único que, en sus 11 informes anuales de gestión, lo asumió —alguna vez con ira— por los pocos logros. Ese sentimiento lo compartimos todos los bolivianos, con frustración acumulada  ahora ya por estos 12 años.

En 2006, cuando se intentó aplicar el primer plan sectorial que fracasó totalmente, se anunciaba que al terminar 2007 se contaría con el seguro universal gratuito para todos los bolivianos. En los siguientes años, y con sucesivos planes, también se aseguró lo mismo. Después de varios ministros, que en promedio permanecieron menos de dos años, no hay seguro universal gratuito, tampoco un nuevo sistema de salud, menos una ley integral de salud y, naturalmente, ningún plan para ejecutar.

Los sucesivos planes, elaborados cupularmente y con consultores, no se cumplieron en lo sustancial ni estructural. Lo más cercano a lo racional y factible que se propuso fue poner en marcha un seguro “universal” gratuito con prestaciones básicas y limitadas que gradualmente se irían incrementando. Esa propuesta no fue comprendida y siguió la cadena de desengaños.

Al no existir un plan serio, concertado y comprometido de largo plazo, cada ministro fue haciendo lo que se le ocurría o le aconsejaba alguno de las decenas de “asesores técnicos” que pasaron por allí. Se intentó al inicio fusionar los subsistemas públicos y de la seguridad social, centralizando los recursos en el Ministerio de Salud para redistribuirlos desde allí; se realizaron acciones erráticas, dispersas y no sistémicas como la política SAFCI, los programas Mi Salud, Telemedicina, Juana Azurduy, Sistema de Atención de Emergencias centralizado en el ministerio, ferias de salud y otras sobre las que se informa maravillas sin que se conozcan evaluaciones transparentes de su impacto en los indicadores de salud. Se tiene certeza de que algunos de esos programas no son exitosos.

El esperanzador mega plan de hospitales no se está cumpliendo como se esperaba y no va concordante con el imprescindible potenciamiento del primer nivel. Otra evidencia de la falta de coherencia entre lo que se necesita y lo que se hace, es que en 12 años no se logró aplicar políticas para asegurar que todas las mujeres se hagan papanicolau como procedimiento esencial en la prevención del cáncer de cuello uterino, primera causa de mortalidad.

Los componentes del sistema de salud no solo están fragmentados, ahora se sabotean, interfieren y enfrentan entre ellos cuando el Gobierno central, departamental o municipal no son del mismo partido. El ministerio centraliza y usurpa competencias de los otros niveles, como pasa con los programas Mi Salud o Juana Azurduy.

Aunque se dicen muchas cosas para explicar la antipatía del Presidente con los médicos, es evidente que los sucesivos y diversos ministros le alentaron para reforzar ese sentimiento injusto al no orientarle adecuadamente; probablemente, porque al ser tan limitados les conviene tener a quienes culpar de la situación del sector. El enfrentamiento permanente con los médicos por temas coyunturales fue de fracaso en fracaso. El poco tino de la ministra actual hará que su gestión se la recuerde por la suma sistemática de conflictos irresueltos, el enfrentamiento personal y permanente de muy bajo nivel con un dirigente de los médicos y el mantenimiento sostenido de escenarios conflictivos para favorecer proyectos políticos personales. Paradójicamente, el ministerio no quiso aceptar la participación proactiva de la facultades de Medicina en la construcción integral y estructural del sistema de salud.

Revertir la desilusión alcanzada en estos años requiere de una reformulación radical del modelo de gestión en el Ministerio de Salud. Eso significa, incorporar sin prejuicios líderes y equipos técnicos de alto nivel para la construcción y gestión del Sistema de Salud, asegurándoles estabilidad e incentivos. Convocar a un acuerdo nacional para edificar las nuevas estructuras y condiciones necesarias para que todos los bolivianos ejerzan su derecho de acceso a una salud con dignidad. Conformar un órgano incluyendo a representantes de las instituciones involucradas que elabore las propuestas concertadas para el nuevo sistema, el seguro y nueva ley integral de salud a efectivizarse en el marco de un plan nacional concertado. Todo es posible.

Guido Zambrana es docente emérito de Medicina en la UMSA

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