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Ingredientes para una posible negociación

Sería ingenioso incluir en la negociación las aguas del Silala. Para ello es menester convocar lo antes posible a un    estudio internacional serio que certifique definitivamente que estos recursos hídricos no son un río, sino un reservorio natural de agua de miles de acuíferos subterráneos.

La Razón (Edición Impresa) / Raúl Alcázar Machicado

00:00 / 24 de mayo de 2015

Prestar atención a Perú, replantear la posibilidad del uso del agua en las fronteras como elemento de negociación e integración, guardar prudencia con respecto a lo que se dice del juicio en La Haya, son algunos hechos que cabe reflexionar.

I. Será indispensable instalar una misión diplomática de alto nivel en Lima, Perú, antes de proceder a cualquier negociación con Chile, aun en el caso de que el fallo del Tribunal de La Haya no fuese favorable a Bolivia, y explorar la construcción de acuerdos preparatorios. Asunto que hasta donde es público, el Estado ha postergado con indolencia.

II. El patrocinio de la causa marítima boliviana por parte de gobiernos amigos debe ser buscado infatigablemente y no solo por el expresidente Carlos Mesa. Como tanto sugerimos antes (algunos nombres ya fueron incorporados), figuras como Guillermo Bedregal, Antonio Araníbar, Carlos Iturralde, Agustín Saavedra, Gustavo Aliaga, Ramiro Prudencio, Juan Ignacio Siles, por citar algunos, deberían ser embajadores permanentes y rentados de la causa marítima boliviana. El papel de las altas autoridades bolivianas en el Palacio de la Paz en La Haya fue muy austero.

III. La simpatía del papa Francisco con el pueblo boliviano debe ser redituada hasta el empalago, respetando la honra que su Iglesia representa en el mundo y en la nación. El pueblo es multitudinariamente católico. Todas las facilidades, así como las distinciones y gentilezas deben ser provistas a tan ilustre visita. El pontífice es y será, si se obra con sutileza, el mejor emisario de la causa marítima boliviana. El embajador Armando Loaiza deberá atesorar esa misión.

IV. La propuesta sobre las aguas del lago Titicaca aún puede retornar a la mesa de los acuerdos. Es imprescindible recordar que las aguas del Titicaca no serían ni usufructuadas ni entregadas ni negociadas. El proyecto efectuado por el ingeniero chileno Luis Lagarrigue en 1920, contemplaba la captación de las aguas del río Desaguadero, para luego ser llevadas a través de un canal hasta la frontera chilena y posteriormente (por medio de un túnel de doce kilómetros de extensión) al otro lado de la cordillera de los Andes hasta la hoya hidrográfica del río Loa. Esta caída sería generadora de energía eléctrica y se utilizaría con fines de regadío en las pampas hasta hoy inhóspitas del norte chileno. Se trata del rebalse del lago que llena el caudal del río Desaguadero entre los kilómetros 226 y 398 de la geografía boliviana, cuya desembocadura sería parcialmente dispensada a Chile. Ni una gota de la superficie del Titicaca.  Este volumen hídrico está hoy día muy afectado por los canales de Uchusuma que Perú ha construido sobre el río Mauri sin autorización boliviana, y que han ocasionado la desaparición de al menos 800 hectáreas de bofedales en Charaña; pero aún es una opción valiosa.

V. Sería ingenioso incluir en la negociación las aguas del Silala; en lugar o en coincidencia con las del Desaguadero. Para ello es menester convocar lo antes posible a un estudio internacional serio que certifique definitivamente que estos recursos hídricos no son un río, sino un reservorio natural de agua de miles de acuíferos subterráneos en Potosí, que afloran a la superficie en el 100% en territorio boliviano.

Estudios que desde los reportes de mayo de 1997 aún no ha sido concluidos por el desinterés boliviano y por el atoramiento chileno. Chile no es un país ribereño del (imaginario) río Silala. El concepto de río no es aplicable porque no existe un flujo de curso sucesivo de una corriente de agua hacia un destino. Esas aguas son captadas de manera poco ortodoxa por Chile muy cerca del Hito LXXIII y podrían servir como parte de la futura concertación entre Bolivia, Chile y Perú, ya que sin ellas la provisión de agua al norte chileno (ya muy exigua) se vería extraordinariamente afectada. Es probable que la perforación en la zona, explorando acuíferos subterráneos, abastezca a Bolivia, Chile y Perú por un siglo.

VI. Las apreciaciones públicas de las autoridades bolivianas sobre cualquier evento chileno que no refleje lo sucedido en La Haya, deben ser silenciadas. Ironizar o desairar a cualquier funcionario de Santiago no solo es  impropio, sino también poco conveniente. Suponer que la intelectualidad o la clase media chilena simpatiza con la causa boliviana es un desacierto. Esta reflexión incluye a las más altas autoridades del Estado.

VII. Si la respuesta del Tribunal de La Haya fuere favorable, conminando a Chile a “negociar” una salida con soberanía al Pacífico, será menester exponer al mundo la propuesta boliviana con el beneplácito del Perú. Esta “socialización” pública de la moción basada en las siete oportunidades en las que Chile negoció con Bolivia, no solo traería claridad a los observadores externos, sino también respaldaría a que las otras acciones diplomáticas ya proyectadas por Bolivia se lleven a cabo con lucidez, incluso si la resolución en La Haya no fuere favorable.

VIII. Pensar que el moderado éxito boliviano en La Haya depende de la permanencia en el Gobierno de la actual administración no solo es una coacción al ciudadano, sino también una maniobra excesiva, innecesaria de parte de un grupo político que goza del más del 60% de la preferencia de la población. La causa marítima ha tocado ya un límite nacional insoslayable y no depende de ningún partido o funcionario en particular.

IX. Toda negociación debe incluir beneficios para todas las partes. Perú estará interesado en conectar el gas boliviano a su red de exportación sur-norte, a integrar sus sistemas de energía eléctrica con la creciente oferta energética boliviana, a resolver con diligencia las desavenencias del río Mauri, tan indecorosamente bifurcado.

Estos escenarios geopolíticos, casi desconocidos, suponen la creación de una “Corporación de las Aguas” que Bolivia tendrá que fundar con prontitud. En 2004, un estudio refirió que la calidad del agua potable en Arica es la peor de Chile. Y el acuífero de Tamarugal podría quedar seco dejando a Iquique sin la reducida cantidad de agua arsenicada y tóxica presente hoy.

Chile pretende ser parte del proyecto bioceánico de Brasil, Perú y Bolivia (si el proyecto incluyera a Bolivia) además de consumir el gas boliviano. Aprender a acceder con juicio a todas las partes debería ser un propósito de este nuevo consorcio boliviano a crearse, compuesto por personal extremadamente versado.

X. Desterrados los nacionalismos y los belicismos, los actores deben tener la empatía necesaria para extraviar la desconfianza mutua, la idea de flexibilizar la definición clásica de Bodin sobre la soberanía (territorio, pueblo y poder)  y aprender a combinarla con el futuro desarrollo de un polo industrial y comercial trinacional (imitando a Hong Kong y Macao, por ejemplo) en una zona de exclusión militar irrestricta que tendría una oportunidad única de prosperar con dividendos para todas las partes. De seguro se los agradecerán nuestros hijos y nuestros nietos.

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