Animal Político

Intento de partir a la oposición

Comentario crítico al artículo ‘Lo excepcional de febrero’ de Manuel Canelas

La Razón (Edición Impresa) / Jimena Costa es politóloga, diputada nacional

00:00 / 09 de enero de 2019

El domingo 23 de diciembre, en este mismo suplemento se publicó el artículo Lo excepcional de febrero de Manuel Canelas, donde plantea dos premisas: 1) es erróneo sostener que las plataformas ciudadanas sean equivalentes a los movimientos sociales, ya que son una especie de invento de los actores político-mediáticos opositores para encontrar un “sujeto político” que represente el movimiento del 21F; y, 2) pone en duda la existencia de una crisis terminal de los partidos políticos. Quiero comentarlas.

En cuanto a la primera premisa, por supuesto que no son equivalentes, ni son comparables, son diferentes y representan a distintos actores estratégicos de la sociedad boliviana.

1) Los “movimientos sociales” son la cooptación por el MAS de actores corporativos previos al 2005 —excepto Conalcam—, que surgen como organizaciones políticas no partidarias y que gradualmente se vuelven facciones partidarias que responden al MAS. Tienen estructura, asambleas, cabildos y sistema de sanciones —generalmente multas, o amenaza de pérdida del cargo público—; son proclives a las “demostraciones de fuerza” callejeras —similares a las descritas por Nicos Poulantzas en “Fascismo y Dictadura—; y usan la “Revolución” como muletilla mientras disfrutan del acceso a los recursos públicos, a la “diplomacia de los pueblos”; a los curules, ministerios y contratos con empresas públicas como cualquier movimientista, adenista o mirista. Su acceso al poder expresa la profundización y perfeccionamiento de los rasgos más negativos del viejo sistema político tradicional: el asalto al “Estado Botín”, el caudillismo, prebendalismo, clientelismo, patrimonialismo y centralismo. Son MAS de lo mismo con otro discurso.

2) Las “plataformas ciudadanas” provienen de clases medias urbanas, pero no expresan una representación clasista sino ciudadana, plural, no corporativa. No responden a una instancia centralizada ni tienen un liderazgo claro y único. No tienen una sola estructura, pero comparten un programa común: la defensa de la decisión del pueblo en el referéndum del 21F de 2016. Son heterogéneas y hasta contradictorias por esa ausencia de liderazgo y estructura centralizada y actúan más efectivamente desde las redes sociales que desde la movilización callejera. Es un error pedirles “calle” o cuantificarlas para compararlas con organizaciones políticas.

Debo puntualizar que los “movimientos sociales” no lo son, son organizaciones políticas; y las “plataformas ciudadanas” son en realidad movimiento político.  Alberto Melucci plantea la diferencia con claridad: movimiento social es acción colectiva espontánea que se diluye en breve por la ausencia de estructura, programa y liderazgo (ejemplo: movimiento antigasolinazo); el movimiento político surge de un movimiento social, pero cuenta con programa aunque carece de estructura con organización y liderazgo único (ejemplo: plataformas del 21F); la “organización política” surge de un movimiento político con programa, pero cuenta con estructura y liderazgo (ejemplo: COB, CSUTCB); y por último, si la organización política decide competir en elecciones por cargos públicos, se vuelve “partido político” (ejemplo: MAS, MDS).

Vamos a la segunda premisa: como los cocaleros decidieron denominarse “colonizadores” o “interculturales” para no decir que son cocaleros, los “movimientos sociales” decidieron denominarse así para diferenciarse de los tan mal vistos partidos y para hacernos creer que no son políticos. Las “plataformas” quieren ser ciudadanas con el mismo propósito. Detrás está la crisis de los partidos, que nunca estuvieron más lejos del concepto de “instancias de representación y mediación política” de Sartori; ni tan cerca de las “organizaciones patrocinadoras de cargos” de Max Weber. Los “movimientos” sociales o políticos surgen precisamente por la crisis del sistema de mediación partidaria, o buscan “disfrazarse” de “sociales” o “ciudadanas” para diferenciarse de ellos. No es posible negar la crisis de los partidos.

Pero lo más importante del análisis de esta segunda premisa no es si la crisis partidaria es o no terminal, sino el hecho de ¡que el autor intente fortalecer al Movimiento Demócrata Social de Rubén Costas como el segundo partido político más importante después del MAS!

Resumen, el MAS eligió a “su” oposición, la que le resulta menos dañina, para intentar partir el voto de Carlos Mesa y la Comunidad Ciudadana. Si lo mejor que le pudo pasar al MAS el 2014 fue Tuto Quiroga partiendo el voto opositor, para este año no existe tal posibilidad por la extrema polarización. La contienda está entre un binomio ilegal e ilegítimo del MAS y la Comunidad Ciudadana y las plataformas, a pesar del vano intento del MAS de desaparecerlas devolviéndole el monopolio de la representación a los partidos con la Ley de Organizaciones Políticas.

Esa es la tendencia. Los demás binomios son inocuos. Es comprensible que Canelas busque partir el voto opositor, pero eso no resolvería el problema de fondo que es que el MAS —en el poder— se convirtió en lo que buscaba destruir y reemplazar: un partido tradicional, disfrazado de “movimientos sociales”.

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