Animal Político

Irrupción de nuevos liderazgos

La actual situación es como un ajedrez complicado cuando no se han terminado de repartir las cartas...

Carlos Hugo Molina es abogado y docente universitario / carlos hug

00:00 / 11 de diciembre de 2019

Las preguntas nos ayudarán a abordar el fenómeno. ¿Fueron los movimientos de la sociedad civil, de los jóvenes y mujeres, la revolución de las pititas y las rotondas, los únicos que produjeron el debilitamiento definitivo de la fortaleza del MAS? ¿Se habría producido la renuncia y huida de Evo Morales y el desbande de su régimen, a partir de los actores y partidos tradicionales? ¿Habrían logrado los liderazgos cívicos solos un resultado similar? ¿Se habría logrado la caída institucional del régimen sin la presencia de algunos sectores del MAS? ¿La labor cotidiana del periodista Fernando del Rincón, fue quien definió el posicionamiento internacional que debilitó y desestabilizó las mentiras del (anterior) Gobierno?

La lista de actores, acciones y conductas son infinitas, en una combinación de variables que le dan dimensión a las consecuencias que hoy vivimos. Sin el acompañamientos de los organismos internacionales y la iglesia, el cansancio activo de la Policía, los informes de las misiones de la OEA, Ximena Galarza, el ingeniero Édgar Villegas, el CONADE, el temor de los militares a disparar contra la gente, el cerco a las ciudades ordenado por Morales, la decisión de volar Senkata, los cabildos de El Cristo, la estupidez, difundida en tiempo real, contra Camacho de un funcionario de AASANA, los ultimátums, la carta y la Biblia llevadas al Palacio, las renuncias de los funcionarios del MAS, la soledad impotente de un Presidente al que nadie obedecía, las vidas cegadas por la violencia, el descontrol de los estrategas y sus declaraciones infantiles, la huida de Evo Morales, la aparición de Jeanine Áñez, la detención de los vocales del Órgano Electoral por orden del Fiscal General, el comunicado del Tribunal Constitucional reconociendo la legalidad de la sucesión... la lista puede ser, de verdad, infinita.

¿Todo esto fue planificado? Imposible. ¿Es razonable afirmar, analizando estas variables, que estamos frente a un golpe de Estado? Difícil de sostener. ¿Las acciones fueron un acto de discriminación contra un Presidente indígena, comprometido con los pobres, y para cortar una revolución social? No.

¿Se produjeron excesos, en uno y otro lado? Sí. ¿Afloraron nuevamente conductas xenófobas, racistas, fundamentalistas? Sin duda. ¿Las reacciones ideológicas (amigo-enemigo) están marcando la dificultad para terminar de superar lo ocurrido? Lastimosamente sí. ¿Está concluida la crisis? Por desdicha, no.

¿Qué garantía existe que luego de estos actos de madurez colectivos, no se presentará un retroceso democrático en institucionalidad, representación y liderazgo?

Debemos enfrentar las primeras reacciones peligrosas. Si para lograr un resultado como el que estamos viviendo fue necesario la confluencia de tantas variables, suponer que la solución política que necesitamos vendrá del manejo exclusivo de algunas de esas variables nos puede arrastrar a errores previsibles. Estamos todavía terminando la etapa más complicada, pero no la más difícil. Se ha logrado la salida del violador de la Constitución, pero su foto aún encabeza oficinas públicas y dirige a servidores públicos atónitos, pero no vencidos.

El gobierno de la presidenta Áñez lucha por darle coherencia a un conjunto de personas designadas por las más diversas circunstancias, en origen e intereses. Alguno de ellos, francamente contrapuestos. Sin voluntad de insistir en las diferencias obvias, habrá que recordar que ha sido esa diversidad la que ha enriquecido la fortaleza de las respuestas de integrantes de un gobierno que, 24 horas antes, no sabía que integraría esa diversidad.

Para ser responsables, dos circunstancias obvias que los liderazgos deberán enfrentar de manera transparente. Una que tiene que ver con la experiencia de los actores. Luis Fernando Camacho con su renuncia innecesaria al Comité Pro Santa Cruz, adelantar un proceso electoral que no tiene fechas y que genera incomodidad porque intenta que la gente y los actores tomen posición, y verse el mismo autoobligado a asumir corresponsabilidad en un gobierno del que forma parte, lo convierten en un actor más que abandona las ventajas que le habían permitido hacer lo que hizo.

Por otro lado, el retorno de bolivianos de la diáspora política con sus legítimas agendas y aspiraciones, que mantienen también legítimas diferencias con el partido de la Presidenta y su entorno y que pueden profundizar las diferencias en un momento de retos todavía no partidarios. Y aquí están los nombres de Branko Marinkovic, Mario Cossio, Manfred Reyes Villa, Leopoldo Fernández, José Luis Paredes…

Un ajedrez complicado cuando no se han terminado de repartir las cartas…

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