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Jaime Estay: Da vergüenza que la Celac haya nacido tras 200 años

Cabe preguntarse: ¿por qué  la región, Latinoamérica y el Caribe, hasta hace pocos años no tuvo un organismo de integración ‘independiente’ de Estados Unidos y Canadá? ¿Por qué apareció recién la Celac? Jaime Estay comparte algunas pistas. 

Jaime Estay.

Jaime Estay. Foto: Luis Salazar.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:03 / 22 de marzo de 2015

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en lo fundamental es producto de una autoconvocatoria por parte de los países de la región sin Estados Unidos y Canadá. Un esfuerzo de integración autónomo que “suena casi como una vergüenza dicho en el siglo XXI”, tras 200 años de haber nacido estos países a la vida independiente, afirma el profesor universitario, especialista en integración latinoamericana e internacional, Jaime Estay Reyno. Claro que la Celac es un avance, el mayor en décadas; pero el tema, paradójicamente, no es tanto cómo Latinoamérica y el Caribe se construyen como región frente al resto del mundo, que eso finalmente se está haciendo; sino, y lo que es más importante, y difícil, cómo se construye región frente a sí misma...

— ¿Está bien la actual integración latinoamericana, con varios bloques en su interior?

— Hay problemas. Es evidente que América Latina, incluso más que antes, tiene un nivel de heterogeneidad muy elevado; no solo la heterogeneidad estructural, el tamaño de los países, los niveles de desarrollo; sino heterogeneidad de proyectos políticos en marcha, que hace que hoy haya un abanico que va desde la reiteración del neoliberalismo más ortodoxo hasta los intentos de construcción de alternativas no solo contrarias al neoliberalismo, sino hasta al propio capitalismo. Esto se refleja en la integración, da lugar a cantidad de problemas y de indefiniciones en espacios en que ese abanico se expresa más claramente, Unasur, la Celac, que es un tremendo avance: primera vez que los gobiernos de América Latina se reúnen por autoconvocatoria, lo cual suena casi como una vergüenza dicho en el siglo XXI, 180, 200 años después de los procesos de independencia.

— ¿El primer intento regional de alcance?

— La Celac es un avance muy importante, pero los niveles de heterogeneidad en su interior son tremendos; y éste es un problema que ha de haber que, yo no diría resolver, sino procesar. La única manera de resolver la heterogeneidad es con cambios en las correlaciones internas que se vayan expresando en gobiernos con posiciones más afines, y eso no depende para nada de la Celac; más que resolver esos problemas, lo que podrá hacer la Celac es procesarlos, lograr avanzar a pesar de esas grandes diferencias.

— ¿Pero no existe lo que se puede llamar ‘bienes, temas comunes’?

— Claro, sobre lo que se intenta avanzar. Si uno revisa las declaraciones finales y los planes de acción, se puede identificar un cierto número de temas que aparecen sistemáticamente, cuestiones respecto de los cuales hay consenso, y por este consenso ya hay bastante para avanzar. Temas que tienen que ver no solo con la cosa económica; una de las cosas buenas de la Celac es que no solo es integración económica; temas de ciudadanía, género, democracia, aparte de lo económico, de la pobreza. Hay una agenda común, pero evidentemente la Celac tiene grandes problemas cada vez que trata de tomar alguna decisión. 

— ¿La forma de decidir?

— El mecanismo de toma de decisiones. Algunos gobiernos lo han planteado: si seguimos con el criterio de que solo cuando hay unanimidad se acuerdan las cosas, vamos a avanzar a golpes; algunos ya hablan de ‘mayoría calificada, lo que en mi opinión sería bueno, pero muy difícil, porque desgraciadamente en todos los procesos de integración de América Latina existe la práctica de la unanimidad, lo cual en su momento ha generado problemas en el Mercado Común Centroamericano, en Mercosur, Unasur o la Comunidad Andina.

— Con todo, ¿no hay algunas formas de integración, digamos, exitosas?

— Sí. Uno de los temas importantes es que ante el absoluto desorden monetario y financiero internacional, esto obliga a pensar en algún orden monetario y financiero regional; y ahí aparecen un conjunto de iniciativas hasta ahora relativamente dispersas, que no tienen la fuerza suficiente, que avanzan a ritmo lento y de repente a contramarcha, pero que en mi opinión apuntan en la dirección correcta; no es la primera vez que aparece el tema de la coordinación monetaria y cosas así en América Latina, pero yo diría que la propia crisis ha obligado a centrar un poco la atención en este tema. Está el Banco del Alba, el Banco del Sur; el sistema de pago en monedas locales que han hecho andar Brasil y Argentina en 2008, y poco después de eso, el Sucre (moneda virtual entre algunos países de la región). Uno tendría que hacer un balance de estas cosas, en algunos casos francamente negativo. Estamos en 2015, deben ser ocho años desde que se firmó el convenio constitutivo del Banco del Sur, (pero) todavía no existe en los hechos, en la práctica, a pesar de que hace dos años que se dieron las condiciones para echarlo a andar, eso ya está; pero bueno, está parado, así en concreto, por Brasil.

— ¿Brasil?

— En el caso de Brasil no termina de haber, alguno diría las condiciones, otros dirían la decisión política de echarlo a andar. Brasil tiene su propio banco, que es muy grande, el BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), tiene el grupo BRICS, con el cual ya ha asumido compromisos fuertes, 50.000 millones de capital inicial, y tiene niveles de oposición interna a ratificar el Banco del Sur. Pero hay balances también positivos: el Sucre se echó a andar, tiene un cierto número de operaciones, pero siguen siendo pequeñas en relación al comercio real que tienen los países participantes.

— Plantea el tema de las hegemonías regionales, países líderes que llevan el agua a su molino...

— Sí, desde luego, hay estrategias distintas de inserción internacional y dentro de eso estrategias distintas de vinculación regional; por más que los 33 estén en la Celac, lo regional representa algo muy distinto para México, por poner un caso, cuya mirada está claramente puesta hacia afuera, hacia el norte; para Chile, que tiene una mirada mucho más distribuida, donde lo regional tiene un peso muy pequeño, por sus fuertes vínculos con Asia, África, Estados Unidos. Y hay países donde lo regional es prioritario, pudiera ser el caso de Bolivia, siempre que no pensemos solamente en la CAN (Comunidad Andina de Naciones); Bolivia es Brasil, y Brasil no es la CAN.   

— ¿Qué desafíos de todos modos vamos a tener que encarar como región?

— Un primer desafío es avanzar a constituirse realmente como región; por lo menos en dos sentidos: primero frente al resto del mundo; esta idea de avanzar en la identificación y definición de posiciones comunes, de acciones comunes, frente a todos los temas de la agenda global. Ahí se ha avanzado algo en la Celac; de repente se tiene reuniones y negociaciones con China, pues se echó a andar el foro China-Celac. Ahí falta muchísimo por hacer: en general América Latina y el Caribe todavía hoy no aparecen con una voz única frente a la inmensa mayoría de los problemas de la agenda internacional. Y el segundo desafío es constituirse región frente a sí misma, construirse como región.

— Ir más allá de lo económico…

— Una de las cosas buenas de la Celac es la presencia de estos temas no económicos, o económicos no solo comerciales. Un segundo componente de este construirse es avanzar en todos los sentidos, desde cosas que pueden sonar etéreas, como la identidad latinoamericana; hay muy poco de esto, muy poco esfuerzo para crear una verdadera identidad latinoamericana, como si bastara con la identidad nacional; vínculos económicos, culturales, políticos, hay mucho por avanzar frente a un mundo en el que hoy difícilmente basta lo nacional para hacer frente a los grandes problemas.

— Al final, siempre jala la necesidad práctica de la integración, que la unidad hace la fuerza, una cosa así.

— Es cada vez más claro que una cantidad importante de desafíos solo pueden enfrentarse yendo más allá de lo nacional; es nada lo que uno puede hacer frente al desorden económico monetario financiero internacional, por ejemplo, solo con medidas nacionales; ahí obligadamente hay que centrarse en lo regional; y lo regional no tomado como una pérdida de autonomía que se traslada a la región, sino más bien como una recuperación de autonomía, que yo le quito lo que me quitaron los organismos internacionales, los mercados financieros globales, y esto lo traslado hacia la región. Diría que creando espacios regionales se gana más autonomía de la que se pierde. Frente al resto del mundo tal vez no es tan difícil, tener posiciones comunes frente a los grandes problemas; el asunto está en que eso se traduzca en tener acciones comunes a nivel regional, frente a la propia construcción de la región.

Datos

Nombre: Jaime Estay Reyno

Profesión: Doctor en Economía

Cargo: Profesor investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Pueblo (BUAP)

Perfil

Licenciado en Economía en la Universidad Autónoma de Puebla; Maestría y Doctorado en Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Especialista en economía internacional, con énfasis en las relaciones externas de América Latina y los procesos de integración regional.

Un problema también es la duplicidad de organismos

El académico chileno-mexicano Jaime Estay no deja de llamar la atención sobre una costumbre acaso muy latinoamericana: la de permanentemente crear más y más organismos de integración regional sin considerar o prever algún momento su cierre; ver sus instituciones regionales como un fin antes que como un medio. La consecuencia de ello: el caos y la duplicidad de funciones.

— Hay organismos de integración de alguna forma paralelos, la OEA (Organización de Estados Americanos) y Unasur, por ejemplo.

— Está también el problema de la duplicidad, esto de que en América Latina parece ser que los gobiernos son mejores para crear organismos que para cerrarlos. No hay organismo internacional que se haya dicho que ya cumplió su función, que la cumplió bien y que se cierra; no hay esta práctica, y, por tanto, a uno le parece que se están superponiendo los organismos. Ya había motivos para preguntarse esto cuando se creó Unasur, preguntarse sobre el Mercosur y la Comunidad Andina, que es el mismo universo, y que la Unasur lo que hace es agruparlos. Y ahora que se crea la Celac, hay más motivos para preguntarse, ‘qué pasa con todos los anteriores’. No solo con Unasur, sino con el Mercado Común Centroamericano, la Caricom, Aladi; ahí yo no sé cómo se va a resolver.

— Debe haber hasta mutua interferencia.

— Hasta ahora, pareciera que cada organismo trata de hacerse fuerte en lo que mejor sabe hacer o lo que ha venido haciendo. Claro, la Celac sería una especie de foro de acuerdos políticos, pero sus propios planes de acción y declaraciones apuntan más allá: se habla de un arancel latinoamericano, por ejemplo, y esto vuelve totalmente inútil cualquier intento de arancel a nivel de cualquiera de los esquemas que están dentro de América Latina.

— ¿Cómo podría encararse un posible reordenamiento?

— Claro, si hay un mecanismo único a nivel de toda América Latina, sobra decir que también es común dentro de los países de cada esquema, para los 33. Pero hoy dentro de los 33 están los cinco de un esquema, los tres de otro; entonces, falta discutir todo esto, cómo se compagina la estructura bastante compleja, incluso diría bastante cara, que hasta ahora tiene la integración previa; esto de que hay una cantidad de organismos con propias estructuras de funcionamiento, y que no está nada claro cómo se va a hacer para que no entorpezcan, y para que más bien ayuden a la Celac.

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