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Jaime Paz: ‘El G77 no tenía nada que celebrar en 1990’

La primera presidencia boliviana del G77 en 1990 tuvo pocas repercusiones. El presidente Jaime Paz Zamora habla de ese año en que el G77 ‘no tenía qué festejar’. Asimismo, tres excancilleres comentan la gestión de ese año.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:06 / 08 de junio de 2014

Poco se sabe de la primera presidencia del G77 ejercida por Bolivia. El presidente de ese entonces, Jaime Paz Zamora, cuenta los detalles de la Cumbre que el país presidió en Nueva York, además de interpretar lo que sucedía geopolíticamente y afectaba al grupo.

—¿Cómo fue el papel de Bolivia presidiendo el G77 ese año?

—En los años 90, el tema central era el final de la Guerra Fría y con qué perspectivas estaba concluyendo. Como fenómeno histórico, sus consecuencias económicas y políticas en el ámbito internacional lo envolvían todo. Lo que hiciere o no hiciere el G77 tenía una relativa poca relevancia.

La agenda de esa Asamblea estuvo totalmente marcada por la necesidad de buscar un posicionamiento conjunto del G77 frente al desenlace de la Guerra Fría, como en realidad se logró al final bajo la presidencia de nuestro país. Alcanzó particular interés la preocupación de lo que podría derivarse de este nuevo fenómeno en hegemonismos militares políticos ideológicos, geopolíticos, como en realidad se dieron, lo cual venimos aún, en gran parte, soportando hoy.

—Entonces, ¿la caída del muro de Berlín (1989) afectó a la identidad del Grupo de los 77?

—En los 90 todo giraba alrededor del fin de la Guerra Fría con el triunfo del capitalismo mundial. Efectivamente, el G77 no tenía nada que celebrar en 1990. Quedó del lado de los derrotados con la victoria política y militar de los Estados Unidos y la imposición ideológica del liberalismo a nivel planetario en su relanzamiento neoliberal bajo el liderato de la señora (Margaret) Thatcher en Inglaterra y (Ronald) Reagan en los Estados Unidos.

Si bien el G77 surge como la agrupación de los países que se colocaban equidistantes tanto del capitalismo del libre mercado como del socialismo comunista y en su momento conformaba el cuerpo fundamental de los No Alineados, estaba claro que había nacido impulsado por éstos y la Unión Soviética en el contexto de la Guerra Fría. Por ello, sin lugar a dudas, un fenómeno como la caída del Muro y el derrumbe del bloque soviético representaban un claro debilitamiento en las posibilidades de influencia internacional del G77.

—¿Qué determinó que la presidencia no haya tenido tanta repercusión?, ¿fue porque la cumbre se realizó en Nueva York?

—Como le dije antes, en los 90 solo tenía relevancia lo que se refería al fenómeno de la Guerra Fría. En lo que se refiere al G77, hay que tener en cuenta que los gastos básicos de funcionamiento se financian por los países miembros y sus encuentros normalmente se los realizan en la sede de Nueva York, para evitar costos, aprovechando la ocasión de otras reuniones globales de la ONU como es el caso, por ejemplo, de las Asambleas Generales Anuales. Si por el contrario, es el Estado que ejerce la presidencia anual quien desea por razones políticas particulares reunir a la asamblea del G77 en su país, se hace cargo de los costos que tal decisión supone, como es en nuestro caso la reunión en Santa Cruz. Además, si somos realistas, la repercusión se espera que sea alta solo en términos bolivianos; más aún con esta extraña coincidencia con la inauguración del campeonato mundial de fútbol en Brasil.

—Volviendo a la presidencia, ¿qué otros temas se tocaron?

—El año 90 la preocupación de Bolivia era consolidar la frágil estabilidad económica alcanzada e iniciar el crecimiento, por ello mi gobierno estaba volcado en el proyecto de la exploración y explotación de hidrocarburos como un nuevo horizonte productivo. Por ello, en octubre de ese mismo año pudimos anunciar al mundo el descubrimiento de los megacampos de gas del Chaco iniciado con el pozo San Alberto X9 de Caraparí, base de una verdadera revolución económica que sostiene la Bolivia de hoy, incluidos, claro está, los costos de la actual Asamblea Extraordinaria del G77 en Santa Cruz… Es así que nuestra presidencia del G77 fue utilizada en función de objetivos nacionales, como fue el caso de plantear, en un evento en el Vaticano y a nombre del grupo, nuestra posición de la responsabilidad conjunta en el caso de la producción de drogas con los países consumidores; o, con el mismo asunto, haber planteado en la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra que esa institución llevara adelante la investigación sobre el potencial de la hoja de coca en los campos de la alimentación y de la salud.

—Otro tema. Bolivia no vetó el reingreso de Chile al grupo y luego Chile vetó, ese año, una declaración sobre el tema marítimo en el bloque, lo cual venía haciendo desde que Chile había sido expulsado del G77. ¿Podría contar este incidente?, ¿cómo reaccionó ante la maniobra chilena?

—No creo que se tenga que hablar de maniobra. Chile fue retirado del G77 por la dictadura de (Augusto) Pinochet, por la ruptura democrática y la consecuente violación a los derechos humanos en ese país. Por tanto, restaurada la democracia en Chile en los años 90, era absolutamente normal su reincorporación. No era pues el problema de los derechos marítimos de Bolivia lo que estaba en juego, sino la democracia en Chile. Luego, en otro momento, en la discusión de los derechos bolivianos al mar, Chile votó como vota en todas partes: negativamente. Por otro lado, no hay que olvidar que la elección de Bolivia en la presidencia del G77 (en el 90) se debió en gran parte a un reconocimiento a la instauración histórica de la democracia en nuestro país. 

Se empezó a hablar del cambio climático

Pero no solo Jaime Paz Zamora recuerda esa presidencia, sino también quien fue canciller ese tiempo, Carlos Iturralde, quien además presidió la cumbre de 1990 en Nueva York (Estados Unidos).

“Esa ocasión se formó el grupo Sur-Sur en busca de un bloque negociador frente a grupos más poderosos, ese tema fue tal vez el más importante de la reunión. Así, se discutió la fórmula para lograr mejores condiciones de comercio con el norte. Algo importante fue que se comenzó a hablar del problema climático que se venía encima”.

El excanciller Armando Loaiza da la razón a Paz Zamora sobre la caída del Muro y el G77. Observa que en los años 1989 y 1990 el grupo sufrió “una fuerte crisis de identidad”. “La razón es muy fácil de comprender: el desplome de la Unión Soviética. El Movimiento de Países No Alineados (MPA) casi desaparece por el shock. Los 77 también sufrieron esa crisis por dos o tres años”.

Por su parte, el excanciller Javier Murillo de la Rocha es crítico con las cumbres multitudinarias porque “muchas de las propuestas se pierden en un océano de debates y discursos”.

No obstante, considera que para Bolivia “es importante” ser sede este año de la reunión porque promociona la imagen local e internacional del país “despertando interés en muchas áreas”.

“Tal vez, en 1990 hubo una pálida actuación porque la cumbre no se realizó en Bolivia. No tuvo mucha repercusión, porque como el G77 no implica el tema del mar, entonces pasó desapercibida”, juzga.

Otro tema que apunta Loaiza es que la “irrupción vigorosa” de las leyes del mercado y el posicionamiento de los Estados Unidos como la “única potencia materialmente hablando”, debilitaron a los 77. Este periodo va de 1990 a 1994, según su interpretación.

Posteriormente retomó “su norte”, pues hay “nuevos temas del comercio, la Agenda del Milenio, el medio ambiente y otros que hoy son temas de importancia”, concluye. En estos nuevos temas y otros más se centrará la atención de la Cumbre Extraordinaria (por el 50 aniversario del bloque) que comienza este sábado.

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