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Jaque al rey, los efectos del caso Zapata en la consulta

Los efectos de esta denuncia trascendieron en tiempo y distancia gracias a las redes sociales. A ello se sumaron los feriados del Carnaval. Los oficialistas calcularon que en esos días se adormecería la conciencia moral del boliviano.

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Ariñez / La Paz

00:05 / 28 de marzo de 2016

Habían transcurrido apenas cinco meses desde que el presidente Evo Morales jurara a su tercer mandato continuo, el segundo bajo los designios de la nueva Constitución, y ya el oficialismo discutía “en sus adentros” (muchos dicen, en el Palacio) sobre la posibilidad de reformar la Carta Magna con el fin de habilitar al Mandatario a una nueva postulación en los comicios de 2019.   

Apoyado en la confianza que le entregaban los antecedentes, el Mandatario planeaba dar el tiro de gracia a una oposición dispersa que en los últimos diez años fue en franco retroceso. Todo estaba fríamente calculado, al menos así lo desvelaron algunos “dignos” masistas que propugnan el Proceso de Cambio con alma, corazón y vida.

Todo marchaba como se había planificado hasta ese 3 de febrero, cuando Carlos Valverde —gracias al trascendido de “un empresario”— desveló, en su programa Todo por hoy, una “verdad” que el MAS no pudo acallar: El presidente Evo Morales había, supuestamente, procreado un hijo con Gabriela Zapata, la entonces ejecutiva comercial del consorcio chino CAMC que se adjudicó millonarios contratos estatales.

Pero no solo que no pudo, sino que no quiso acallar esta verdad. En el búnker azul “se sabía que este certificado (del menor) iba a salir a la luz”, pero minimizaron el caso. En toda la trayectoria del MAS, nunca se había apuntado al rey; siempre fueron la reina, el alfil, o en la mayoría de los casos, los peones, que afrontaron estoicamente los golpes arteros de la “desalmada” oposición. Ahora era distinto.

Los efectos de esta denuncia trascendieron en tiempo y distancia gracias a las redes sociales. A ello se sumaron los feriados del Carnaval. Los oficialistas calcularon que en esos días se adormecería la conciencia moral del boliviano.

En los coloquios familiares, en la “farras de cuates” de barrio, los prestes y las más lujosas cenas de la alcurnia paceña solo se hablaba de eso: El hijo oculto de Evo. En esta oportunidad, la estrategia fue distinta y bien calculada. Faltaban solo 18 días para el voto. La victoria del No con el 51,3% había herido al ajayu del Proceso. Así, el oficialismo conoció su primera derrota.

Ha transcurrido solo un mes de la consulta y los “ideólogos” del plan mascullan: “No nos resignamos, Evo va a postular en 2019”. Por tanto, como en la cueca, siempre hay una segundita. ¿Loa al rey?”. ¡Ay, Dios tata! 

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