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João Luiz Pereira : Visita de Rousseff a Bolivia es una deuda mutua

João Luiz Pereira Pinto es el Encargado de Negocios de Brasil en Bolivia desde hace unos siete meses. Ésta es la primera entrevista que da a un medio de comunicación. El diplomático asegura que la visita de Dilma Rousseff a Bolivia se dará ‘tarde o temprano’.

João Luiz Pereira.

João Luiz Pereira. Foto: Víctor Gutierrez.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:03 / 06 de abril de 2014

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, hasta ahora no efectuó una visita oficial a Bolivia; Evo Morales tampoco hizo lo propio. El encargado de Negocios de ese país en Bolivia (con rango de embajador), João Luiz Pereira Pinto, señala por ello que se trata de una deuda “mutua”, que “tarde o temprano” será pagada, antes de que Rousseff termine su mandato.

Al final de la entrevista, ya con mayor soltura, hace una analogía de que bien podría haber sido la frase inicial de la conversación, considerando el enfoque que tienen sus respuestas: “La única cosa que no nos integra en Latinoamérica es el fútbol, todas las demás cosas podemos integrarlas”.

— ¿Cómo evalúa el estado de la relación bilateral?

— Para responder es necesario colocarme en contexto. Antes de venir a La Paz fui director de Itamaraty América del Sur por nueve años (con rango de embajador). Entonces, ya llevaba los temas entre Brasil y Bolivia desde 2004. Lo importante es decir que las relaciones están lejos de estar en su momento más bajo. Al contrario, el diálogo entre cancilleres (el lunes 31 de marzo) y en las reuniones que tuve acá con ministros y funcionarios fue fluido y positivo.

— ¿Se levantaron susceptibilidades por el caso del senador Pinto?

— Que la relación sea buena no quiere decir que estemos de acuerdo en todo, pero esto no se puede entender como un mal momento. Entre dos países con una frontera de 3.500 kilómetros, una historia de 200 años, temas comunes importantes y aspiraciones comunes, es inevitable que hayan puntos más candentes que otros.

— ¿La cercanía entonces causa una relación compleja?

— Conversaba con un colaborador sobre el hecho de que tenemos excelentes relaciones con Mongolia, pero Mongolia está al otro lado del mundo. Por eso es que río cuando oigo decir que las relaciones están mal, sé la verdad, y no están mal.

— ¿Y con el incidente específico de la fuga del senador Róger Pinto?

— Es un caso que ya está enterrado y que no tiene más repercusión en la relación (bilateral). Sí existen malentendidos, pero raramente en funcionarios de gobierno. Los malentendidos tienen que ver con la falta de conocimiento. El caso de Pinto, como de (Marcelo) Soza (exfiscal del caso Terrorismo que busca refugio en el país vecino), no están en manos del Gobierno del Brasil, sino del Conare (Comisión Nacional para Refugiados) que es un colegiado de varios órganos brasileños, Naciones Unidas, Sociedad Civil. Sus decisiones son técnicas y no políticas.

— ¿Qué significa que un embajador venga a Bolivia de Encargado de Negocios?

— Es una señal muy fuerte de la importancia que Bolivia tiene para Brasil, porque un Encargado de Negocios normalmente es de un rango más bajo; yo soy embajador. Es un precedente el que haya venido a Bolivia, nunca antes Itamaraty había mandado a un embajador como Encargado de Negocios.

— ¿Su gobierno le manda entonces para bajar susceptibilidades?

— Sería delicado que yo diga por qué me mandaron. Lo que deduzco es que como acompañaba las relaciones bilaterales por nueve años, me mandaron porque ya conocía Bolivia. Aunque de hecho llegué en un momento muy delicado para Itamaraty.

— ¿Por qué aún no hay un embajador de Brasil en Bolivia?

— Algo que nos da un poco de gracia es que se mencione que Brasil no haya designado embajador. Ya lo hizo, pero no puede asumir sus funciones porque en el Senado algunos integrantes de la oposición al Partido de los Trabajadores (PT) lo han trabado. Es un problema de política interna de Brasil.

— ¿Qué debaten en el Senado sobre la designación, si es que debaten?

— Hay discusiones. Han agarrado la designación del embajador como herramienta para presionar al Gobierno, el tema no solo es Brasil y Bolivia, hay otros temas de política externa que están en el paquete de presiones al Ejecutivo. El embajador designado es Raimundo Magno y en este momento es Embajador en Rumania.

— En el juego de señales que es la diplomacia, se leyó como signo negativo que Rousseff no haya venido al país…

— Ésta es una deuda mutua grande que tenemos, pero ha sido muy difícil conciliar las agendas de los presidentes. Este año es electoral en Brasil y Bolivia. El movimiento electoral en cierto momento cobra vida propia y no hay agenda que resista. Pero la visita es algo que tarde o temprano va a ocurrir.

— Tal vez la Cumbre del G77 sea el escenario propicio.

— Es una posibilidad, aunque todavía no tenemos la confirmación.

— Con la reunión de cancilleres, ¿se puede hablar de una nueva fase, de un reimpulso?

— No me gusta el término “nueva fase” porque da la impresión de cambio. Lo que tenemos que hacer es ahondar lo que estamos haciendo. Hay muchísimos frentes que podemos seguir trabajando. La visita de cancilleres fue provechosa para identificar esos frentes y dar prioridad a los temas. A veces, los deseos son mayores que la capacidad de ejecución, entonces muchas veces hay que priorizar.

— Y, ¿qué se ha priorizado?

— En realidad, las reuniones de cancilleres son políticas y las ejecuciones técnicas, entonces se crean mesas de trabajo técnico que van a determinar cómo, cuándo y dónde. Se tocaron temas que son de interés común, desde lo energético, lo educacional, medioambiental; en fin, nuestra agenda es inmensa y, a veces, nos detenemos en cosas muy puntuales y en general negativas. El lado positivo es mayor que el negativo.

— En estas mesas habrá temas grandes, ¿podríamos hablar de alguno en específico, por ejemplo, el narcotráfico?

— Si hay un área que muestra que la cooperación bilateral va viento en popa es la lucha contra el narcotráfico. Las reuniones de las comisiones mixtas, nunca, ni aún en el momento mediáticamente más impactante del senador Pinto, estuvieron cortadas. Las autoridades brasileñas están muy contentas y parece que las bolivianas también, si bien siempre se puede hacer más.

— ¿Cuáles son las limitantes? 

— Hay límites de presupuesto, de personal, de equipos. Lo que se tiene se usa al máximo. Se podría hacer más si tuviéremos más, sin embargo, la voluntad política y el deseo de cooperar están presentes.

— La extensión de la frontera dificulta este trabajo...

— De hecho es más larga que la de México y Estados Unidos. Tenemos cuatro comités de frontera: Cobija-Brasilea, Guayaramerín-Guajaramerín, Puerto Suárez-Corumbá y San Matías-Cuiabá. Si se observa, dos son al norte y dos al sur; en medio hay un gran vacío. Además, (en este medio) no hay grandes ciudades, son pueblos. Es una región difícil de controlar y sabemos que no podemos contar con la ayuda de las poblaciones.

— ¿Cómo trabajar conjuntamente en los asuntos fronterizos?

— Las comunidades fronterizas tienen anhelos. Los gobiernos centrales aún están en deuda con ellas. En el lado brasileño había mucho prejuicio de que la frontera era un lugar de problemas, en realidad es un lugar de soluciones, donde empieza la integración. Tenemos que atender estas zonas. En Bolivia está Ademaf (Agencia para el Desarrollo de las Macrorregiones y Zonas Fronterizas) y en Brasil hay una Comisión Permanente para el Desarrollo de la Faja de Frontera que involucra a 22 ministerios y otras agencias.

— En las mesas técnicas también está el tema de las represas, ¿cómo se encarará?

— Hace un mes, el vicecanciller (Juan Carlos) Alurralde estuvo en Brasilia y se vio la creación de un grupo de trabajo conjunto. El grupo de trabajo aún no empezó, pero ya tenemos algunos informes en Brasil sobre el impacto de esas represas de turbinas de baja presión en los ríos. Pero es algo que los técnicos de ambos países tienen que presentar para que no haya desconfianza. Solo lo que salga de un grupo binacional será creído por los dos países.

— En Brasil, un juez dio una sentencia negativa para las represas…

— Fue una (determinación) liminar (preliminar) al Gobierno de Acre que impactó en Brasil, pero fue una decisión jurídico-política, no técnica. La Agencia Nacional de Aguas va a dar los datos y van a tener que cambiar esa decisión.

— Seguramente uno de los temas importantes en las mesas es el del gas, ¿esto “gasifica” la agenda?

—A mí me parece interesantísimo desgasificar la agenda, como fue “desitaypuzar” la agenda entre Brasil y Paraguay (Itaypu es una gigantesca hidroeléctrica en la frontera entre Brasil y Paraguay resultado de intensas negociaciones en los 60). Hoy, Paraguay es el país de América del Sur donde está el mayor número de empresarios de Brasil. Con Bolivia sucedió algo parecido, pero es curioso porque el gas es un tema comercial y no político que toma un peso tan grande que ofusca lo restante de la agenda. Para nosotros, diplomáticos, el tema del gas es importante, pero no fundamental.

— ¿Qué temas son esos?

— Hay muchísimos; por ejemplo, la interoceánica, cooperación técnica, todo en función de la integración. Por ejemplo, se inaugurará un banco de leche con tecnología brasileña que se repetirá en toda Bolivia.

— Sin embargo, el gas es un tema central, ¿cómo se ve al gas boliviano? Lula comenzó una política para dejar de ser dependientes.

— La importancia es enorme. En la matriz energética es muy grande.

— ¿Hay algún porcentaje?

— Entre el 30% y 40% de nuestro consumo de gas viene de Bolivia. La mayor parte va a Sao Paulo y es fundamental para la industria de Brasil.

— ¿Y la política de Estado brasileña de dejar de ser dependientes del gas boliviano?

— Por mucho que se diga, no tenemos alternativas; se puede importar gas de Qatar, pero, en fin, el gas de Bolivia es muy importante.

— Se dice que el descubrimiento de yacimientos en el Atlántico brasileño hará de Brasil un actor energético mundial en 20 años.

— Se espera eso, pero la voracidad del consumo brasileño es tal que no creo que Brasil se torne en exportador, sea de gas o de petróleo.

— Volviendo al presente, Brasil quiere más gas para la termoeléctrica de Cuiabá.

—Sí, eso nos permitiría cerrar tres termoeléctricas a diésel, lo que reduciría el costo de operación que es complejo ambiental, térmica y logísticamente.

— Entonces, los negocios continuarán...

— Mientras Bolivia quiera vender gas, Brasil va a comprar. El límite que tenemos es la capacidad de transporte de Gasbol (gasoducto).

— ¿Es una limitación boliviana que no vendamos más?

— No. Gasbol tiene sus limitaciones, también Brasil no puede importar más porque tendríamos que aumentar más el gasoducto. En fin, la relación del gas es meramente comercial y no de política binacional. Es importante para los dos países, pero nuestras relaciones tienen cosas más importantes.

— Su mensaje final...

— Que las relaciones Bolivia-Brasil están lejos de estar en su punto más bajo.

Perfil

Nombre: João Luiz Pereira Pinto

Fecha de nacimiento: 2 de junio de 1955

Nacionalidad: Brasileña

Cargo: Encargado de Negocios de Brasil en Bolivia

Carrera

João Luiz Pereira Pinto inicia sus estudios para la carrera diplomática en el Instituto Río Branco en 1981. En 1986 hace el posgrado en Análisis de Sistemas en la Universidad Católica de Brasilia. Funge diversos cargos en jefaturas de Itamaraty relacionadas a la informática. En 1997 recibe la Medalla del Pacificador; la Cruz Mérito Mauá en 2006; la Medalla Mérito Tamandaré en 2007, entre otros reconocimientos.

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