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Jorge Mansilla: Tres veces invitaron a Evo, tres veces lo ‘desinvitaron’

En un modesto departamento en México DF, en medio de no se sabe cuántas cajas de papeles, suyos y ajenos, el exembajador de Bolivia en ese país, en cada palabra recuerda a Bolivia, alista su retorno, dice, para nunca más salir, así haya golpe...

Jorge Mansilla.

Jorge Mansilla. Fotos: Javier Bustillos-México DF.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos / La Paz

00:03 / 19 de enero de 2014

Jorge Mansilla Torres, más conocido como Coco Manto, fue el primer embajador de Bolivia en México (bajo el gobierno de Evo Morales), de 2006 a 2012. Su gestión no pudo ser menos difícil, la de un gobierno de izquierda frente a lo que se considera la derecha en México (el Partido Acción Nacional, PAN), con los presidentes Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012). Aún radica en México DF y desde allí, en su particular estilo, no deja de repensar Bolivia y su experiencia diplomática, arriesgando más de una revelación...

— Una de sus tareas en México habrá sido explicar lo que es el ‘Estado Plurinacional’ boliviano.

— Yo asumo la conciencia, el permanente estado de apronte del pueblo boliviano, la clase trabajadora, sus clases medias y desde hace unos 20 años, sus clases indígenas, campesinas; como en ningún país las clases indígenas, tal vez porque son mayoría, aparecen protagonizando la historia. Los indígenas, que tienen nacionalidad pero sin ciudadanía; que son bolivianos pero no ciudadanos; y de improviso ocurre este milagro laico, donde la clase indígena asume un rol histórico; estas 36 nacionalidades sobrevivientes que estaban siempre en la geografía de Bolivia, pero no eran parte de su historia. Esto es parte de mi discurso acá, en un país como México, con 57 idiomas, de los que tres o cuatro están vigentes, los demás están muriéndose.

— ¿Qué es para usted Evo Morales? ¿Qué efecto tiene para un embajador su particular estilo?

— Evo Morales no es un ideólogo, no es un político; es un producto social, histórico, una flor de nuestra raza, de nuestra eclosión política; tampoco es un accidente electoral; es un hombre que viene de antes, que desde temprano se involucró en la historia social de Bolivia, colectivizó su drama, habla mucho de su padre, de sus hermanos, recuerda su infancia. No es un hombre que hay que ubicar en la pureza histórica ni en el plano de los héroes, tampoco hay que ponerlo en el otro extremo de la balanza. Es un hombre con las contradicciones típicas de los bolivianos, pero llevado más de su patriotismo, de su sentido común, de su forma de ser espontánea, que a veces incurre en desmesuras. Yo estuve en Tiquipaya cuando dijo eso de los pollos... (que comerlos incide en la orientación sexual; nota de editor); yo tengo un problema personal con los pollos porque son mis aliados, tengo una operación y estoy prohibido de comer otra carne que no sea pollo; si el hombre es lo que come, yo soy pollo desde hace diez años.

— Usted fue embajador justo ante dos gobiernos de derecha, del Partido Acción Nacional (PAN).

— Fue traumático. No ha sido fácil con el señor (Vicente) Fox ni con el señor (Felipe) Calderón, con los que teníamos diferencias muy severas, incluso siendo decano del cuerpo diplomático latinoamericano y del Caribe, sufrí ciertos roces con ellos; vi ciertas actitudes de desprecio para conmigo, que no eran para mí, eran a nombre de un gobierno.

— ¿Desdeño hacia el Gobierno boliviano, hacia el Presidente?

— Tres veces invitaron al presidente Evo Morales aquí a venir, y las tres lo ‘desinvitaron’. Tuvimos que traerlo, meterlo por la puerta trasera un domingo, 3 de mayo del año 2011. Trajimos aquí a Evo, aprovechando que él iba a Cancún; hicimos que aterrizara acá y estuvo seis, siete horas... No es cierto que estuvo seis, siete horas, no es cierto que llegó a las dos de la tarde; ahora lo puedo decir ante ti. Él llegó a la una, dos de la mañana del día anterior, ya estuvimos acá y apareció públicamente a las dos de la tarde. La primera cosa que programamos en acuerdo con el Comité de Solidaridad con Bolivia fue que Evo fuera a dejar una ofrenda floral al indio zapoteca Benito Juárez; tuvo un encuentro con el señor (Marcelo) Ebrard, alcalde de México, le dieron los honores correspondientes; tuvo una comida con el mundo político, académico y cultural, 316 personas, y luego una gran manifestación.

— Al parecer se trataba de una mutua desconfianza.

— Evo Morales llegó acá a pesar del gobierno de Calderón; ahora lo puedo decir: hemos sufrido muchas trabas. Tres días antes de que el presidente Evo Morales aterrice acá teníamos prohibido el aterrizaje en el hangar presidencial, porque nos cerraron esa opción. La Cancillería (de México) decía: ‘señor Mansilla, para utilizar el hangar presidencial, que no vamos a abrir para Evo Morales, la gestión se hace con dos meses, o un mes de anticipación; usted nos viene a decir días antes, entonces no vamos a abrir’. Yo le dije al funcionario: ‘no tenga problema conmigo; voy a llamar (a Bolivia) mañana mismo; Evo llegaría pasado mañana, le voy a decir que venga en avión comercial y aterrice en el aeropuerto comercial, no es necesario que llegue al hangar presidencial. Pero le digo, señor director, soy periodista, estoy viendo el titular en los periódicos, porque lo voy a manejar yo: Cancillería prohíbe aterrizaje de avión de Evo Morales, y así se va a conocer en todo el mundo’. Se asustó. No era una respuesta diplomática pero era la más política que pude dar. Se asustó y dijo ‘¿usted haría eso?’; bueno, no lo haría, pero aparecería la nota así, me atribuirían la declaración y yo no la voy a negar, porque usted me está negando el aterrizaje de Evo Morales.

— ¿Y?

— Entonces, consultaron al presidente Calderón; no creo que Calderón haya dado esa prohibición; era una bravuconería de uno de estos cuates. Una vez pregunté ¿por qué no traen a Evo Morales? Y se me dijo ‘porque Evo no invitó nunca a Calderón’. Son viajes de cortesía, de correspondencia. Era un gobierno de derecha frente a un gobierno de izquierda. Bolivia era un mal ejemplo para esos dos gobiernos de México.

— Pese a que usted estuvo de embajador menor tiempo con Fox, parece que fue peor.

— Con él sí teníamos peores diferencias. Esta sola revelación, Iván: la ‘guerra del gas’ en El Alto causó un montón de perjuicios, pero uno de los derrotados por esa guerra, ese levantamiento aymara, fue el presidente Fox. Fox, que tenía arreglos con Goni para traer el gas y potenciar un complejo industrial en Altamira de Tamaulipas para vender electricidad a EEUU; pero se trancó aquella oferta, se arruinó. Yo entonces trabajaba en el periódico Excelsior, y titulé: ‘Indígenas aymaras derrotan a Terminator en El Alto’, porque el señor (Arnold) Schwarzenegger (gobernador de California de 2003 a 2012) tenía que comprar energía (a México); al frustrarse aquella venta, Terminator acabó (derrotado) y otro de los derrotados era Fox. Se dice que Fox montó en cólera y dijo ‘que se lo coman su gas’; estaba furioso.

— ¿Pero luego se encontró con él ya como embajador?

— Cuando supo que yo fui nombrado embajador, él me recibió de muy mal modo, yo guardé mis formas. Los embajadores normalmente hablan con el presidente (de México) entre 11 y 17 minutos (cuando presentan sus cartas credenciales). Cuando él me recibió, (fueron) dos minutos, que para mí se hicieron una eternidad, yo quería salirme ese momento. Un apretón de manos, un intercambio, la carta que entregué y eso era todo.

— ¿Y con el presidente Calderón? El también era del PAN.

— Calderón ganó con mucho trauma. Si el presidente Morales ganó con el 54% de la votación, Calderón ganó con el 0,54%. Bolivia fue el último país en reconocer al presidente Calderón, y ese fue un mal comienzo para mí. Él desde su campaña electoral se refirió contra Evo Morales: ‘yo no soy Chávez, no soy Castro, no soy Evo Morales, voy a ser el presidente del empleo, de la garantía a la inversión’, decía. Sin embargo, el presidente Calderón tuvo un gesto extraordinario: en 2007 El Niño (fenómeno climático) desbordó los ríos en Beni y Pando; yo por intermedio de otra persona me acerqué al presidente Calderón, para pedir ayuda. Él me llamó y me dijo: ‘embajador, México va a ayudar a su país’, y mandó ayuda en cuatro aviones gigantescos, mandó plantas de purificación, medicinas, personal de apoyo. Me dijo luego: ‘después de hablar con usted, hablé con el presidente Evo, lo llamé a las dos de la mañana, y le dije, dice Calderón, ¿Evo, cómo estás?’ ‘Ahogado en agua, tautológico, le dijo Evo. Y Calderón le dijo, ‘¿qué necesitas?’. Agua. Por eso lo de los aviones con purificadores.

— Y con el PRI (Partido Revolucionario Institucional) ¿qué futuro ve a la relación con México?

— Puede que mejore, pero hay siempre esta contradicción: mientras que en Bolivia se promueven nacionalizaciones y rescate de los recursos naturales, y Evo ha pedido que todos los gobiernos tiendan a recuperar, a poseer sus recursos naturales; en México se están haciendo las cosas al revés.

— ¿En eso está la proyección internacional de Bolivia, en el tema de los recursos naturales?

— Tenemos que tener sentido de la historia. La historia no empieza con Evo Morales, como piensa el MAS, como piensan algunos compañeros; la historia, perdónenme. Evo Morales es un suceso, un episodio de esta cadena; cuando termine la gesta, la gestión de Evo Morales, en 4, 8, 10 años, el pueblo va a seguir teniendo conciencia de que su patria son los recursos naturales, la conciencia de que tenemos patria, país, riqueza, porque la patria no es herencia de los abuelos, es préstamo de los hijos. Aparte del rescate que ha hecho Evo Morales de los recursos naturales, lo que más ha rescatado es esta su estima del boliviano; qué cosa éramos antes, un país de narcotraficantes, de pobres; y el hecho de que no haya más violencia, narcotráfico, no es exactamente obra de Evo Morales, es la conciencia del pueblo, la gente, que asume aquello, que decide ‘no más’; cualquiera que quiera entrar al gobierno por la puerta falsa va a tener problemas con un pueblo ya de pie, que tiene conciencia de cómo en sus manos tiene una bomba atómica, una granada, que se llama voto. Este es mi voto y me lo van a respetar, aquí lo deposito y no quiero que lo tergiversen; mientras haya eso, la derecha, una derecha democrática, digna, que tenga conciencia de que hay que respetar estos marcos de la evolución de la conciencia del país, va a haber estabilidad en el país, va a haber sentido de historia, independientemente de quién sea el presidente después de Evo Morales o con Evo Morales o contra Evo Morales.

— El Estado Plurinacional parece un hecho más profundo…

— Mucho más allá de partidos y de personajes.

— ¿Cuándo vuelve Jorge Mansilla Torres a Bolivia?

—Lo más pronto posible; quiero deshacerme de compromisos acá. Creo que en 2014, con apoyo y presión de mi esposa, los primeros meses; pero será llegar para no salir más del país, así haya un golpe militar. Un aforismo de siempre fue que cuando me avisan que hay golpe, me doy por ‘enterrado’. Quiero quedarme a morir; hasta morir, como cuando entramos a una cantina, hasta morir...

— ¿Memorias?

— Para nada...

Perfil

Nombre: Jorge Mansilla Torres

Nació: En 1940 en Uncía

Cargo: Fue embajador de Bolivia en México

Datos

Entre las obras de Coco Manto están: En verso y en directo (1978); Huelga de hambre, mujeres mineras (1978); Arriesgar el pellejo (1983); pienso, luego exilio (1986); Breverías (2002), entre otras.

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