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Jorge Siles Salinas y el mar

“Bolivia, dijo Jorge Siles Salinas, no pidió en esa fecha la concesión o devolución de un territorio; lo que pidió fue un acceso, una salida al mar. Quiso recuperar su cualidad marítima, por reducido que fuese el espacio que limitase esa salida”.

Sobre el ‘enfoque fresco’ con Chile de 1987.

Sobre el ‘enfoque fresco’ con Chile de 1987. Mauricio Quiroz.

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

00:02 / 09 de noviembre de 2014

Don Jorge Siles Salinas, el esclarecido intelectual nacional recientemente fallecido, aparte de muchos otros temas relacionados con la cultura tanto interna como internacional, también se preocupó grandemente por el magno problema del país: su reintegración al océano Pacífico.

Como se tiene conocimiento, él participó en una de las más importantes negociaciones que se llevaron a cabo en el siglo pasado sobre la cuestión marítima, la denominada del “Enfoque fresco”. Pero además escribió un valiosísimo libro sobre el particular, intitulado Sí, el mar.

Para comprender la negociación del “Enfoque fresco”, es menester tener presente lo sucedido en los dos lustros anteriores sobre el tema marítimo.  Sobre todo en la Negociación de Charaña, cuando Chile presentó una propuesta formal, en diciembre de 1975, con el ofrecimiento de un corredor al norte de Arica, con continuidad territorial desde Bolivia hasta el mar. Esta zona incluía el aeropuerto de Chacalluta y el ferrocarril de Arica a La Paz.

Pero, en compensación por ese corredor, el gobierno del general Augusto Pinochet había exigido un canje de territorios.  Lamentablemente, hubo en el país una muy fuerte oposición a la compensación territorial, lo que determinó al gobierno del general Hugo Banzer, andando el tiempo, a romper relaciones diplomáticas con Chile y dar fin con ello a tan trascendental negociación.

Desde ese momento, el rechazo a la compensación territorial se fue convirtiendo en el país en un dogma de fe. Y poco tiempo después, en la resolución de la OEA (Organización de Estados Americanos) de 1979, Bolivia incluyó un párrafo que señalaba que la solución debería “tener en cuenta el planteamiento boliviano de no incluir compensaciones territoriales”.       

CONSENSO. Pero pese a ello, en 1983, se llegó a una resolución en la OEA consensuada con Chile, donde se manifestaba que se incluiría en la futura negociación “una fórmula que haga posible dar a Bolivia una salida soberana al océano Pacífico, sobre bases que consulten las recíprocas conveniencias y los derechos e intereses de todas las Partes involucradas”.

Esta resolución dio lugar a un nuevo acercamiento, el cual se inició en 1984, pero caminó en forma muy irregular, “dando tumbos”, hasta llegar a la denominada negociación del “Enfoque fresco”. Se la llamó así por las palabras del presidente Víctor Paz Estenssoro, a principios de 1986, en sentido de que era necesario encarar la relación con Chile con criterios innovadores y frescos, en búsqueda de un arreglo a las diferencias entre los dos Estados. Paz incidía en que las economías de Bolivia y Chile eran complementarias, agregando que con ningún otro país Bolivia podía hallar una más adecuada armonización de intereses.

Estas expresiones fueron muy gratamente recibidas en Chile, donde se comentaba que ellas demostraban que en Bolivia había un cambio de visión en su relación con el gobierno de Pinochet, buscando adecuarse a las responsabilidades del momento.

Cuenta Jorge Siles que fue llamado por el subsecretario de Relaciones Exteriores, Valentín Abecia, quien en nombre del canciller, Guillermo Bedregal, que se encontraba ausente del país, le invitó a asumir la representación de Bolivia en Chile con el cargo de Cónsul General. Gran asombro de Siles por esta invitación. Él tenía muy mal recuerdo del gobierno del MNR de los tiempos revolucionarios, que le costó un largo exilio de doce años y, además, había escrito dos libros contra dicho régimen.    

Pero primó en él el deseo de servir a su país en un trance tan importante ya que se trataría nuevamente de buscar la anhelada salida al mar para Bolivia. Es preciso congratular a Jorge Siles por esa patriótica decisión; pero también al doctor Guillermo Bedregal por haber tomado la resolución de elegirlo, sabiendo que había sido un fuerte adversario del MNR; y, asimismo, a Paz Estenssoro, quien aceptó dicha designación pese a que tendría poca simpatía por el falangista Siles Salinas.

Sabemos cuál fue el motivo determinante para la designación de Jorge Siles como representante nacional ante el gobierno de Chile: su gran conocimiento de ese país, donde vivió muchos años, tanto en la época colegial como en el destierro; y, fundamentalmente, porque era cuñado del canciller chileno, Jaime del Valle.

Del Valle fue uno de los cancilleres que duró más tiempo en el cargo durante el gobierno del general Augusto Pinochet. En su labor de canciller había culminado importantes gestiones con dos de los países vecinos, Argentina y Perú. Ahora solo quedaba arreglar los asuntos pendientes con el tercero, es decir con Bolivia. Pues bien, él se abocó con gran decisión para culminar también esa tarea.

ENFOQUE. Pese al interés del canciller Del Valle para buscar un arreglo, la complejidad de las relaciones entre Bolivia y Chile no permitía avanzar  en un problema tan difícil como el marítimo. Por ello, solo cuando el presidente boliviano efectuó el comentario del enfoque fresco se pudo iniciar verdaderamente una conversación seria sobre la materia.

Como comenta Jorge Siles, desde su llegada a Santiago tuvo una muy feliz recepción, tanto de los miembros de la Cancillería chilena como de la opinión pública en general, principalmente de los intelectuales y miembros de las academias de la Lengua e Historia. En cuanto a la prensa, ésta destacó el hecho de que Siles había residido muchos años en Chile, desempeñando labores universitarias y periodísticas. (El periódico) El Mercurio de Santiago llegó a señalar que “Como el Cónsul General lo ha declarado, habiendo Chile resuelto los diferendos pendientes con los otros dos países limítrofes, Argentina y Perú, hay circunstancias favorables para procurar la obtención de análoga meta con Bolivia”.

Es importante señalar que el canciller Del Valle recomendó a Jorge Siles que tratara de relacionarse con los partidos de oposición, la Democracia Cristiana y los partidos de izquierda. Consideraba que éstos, por atacar al gobierno de Pinochet, bien podrían oponerse a la relación con Bolivia. Pues bien, Siles se abocó a esa tarea y tuvo el mérito de que tanto la Democracia Cristiana como las corrientes de izquierda, le manifestaran que no solo no se opondrían a un entendimiento con Bolivia, sino que lo apoyarían decididamente.

Como se había definido que fuesen los dos cancilleres, Bedregal y Del Valle, quienes conducirían la negociación, se procuró que ellos tuviesen un contacto frecuente. Se reunieron varias veces en el curso del año 1986. La principal de ellas se realizó en Nueva York, en septiembre, en ocasión de la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En esa oportunidad, se conformó la Comisión Binacional de Acercamiento que tenía como misión estudiar todos los asuntos de la agenda bilateral, menos la cuestión marítima. 

CANCILLERES. Luego los dos cancilleres consideraron que sería pertinente que Bolivia presentase una nueva propuesta de solución al problema marítimo, como había sucedido durante la Negociación de Charaña. Cabe recordar que con fecha 26 de agosto de 1975, el gobierno del presidente Banzer hizo entrega de una Ayuda Memoria con una propuesta formal de solución del problema marítimo. Ahora se haría algo semejante.

En consecuencia, y con el fin de oficializar la recepción de la futura propuesta boliviana, ellos decidieron reunirse en Montevideo, capital del Uruguay, país que siempre demostró gran interés en la cuestión marítima boliviana. De este modo, con los buenos oficios del gobierno uruguayo presidido por don Julio Sanguinetti, y con el apoyo decidido de su canciller, don Enrique Iglesias, las delegaciones de Bolivia y Chile, encabezadas por sus dos cancilleres, se reunieron en esa capital los días 21 y 22 de abril de 1987.

En esa oportunidad, la delegación nacional hizo entrega oficial de la nueva propuesta de solución al problema de la mediterraneidad de Bolivia. Ella consistía en dos memorandos. El primero se refería a la cesión de una zona costera al norte de Arica, “unida al territorio de Bolivia a través de una franja de terreno igualmente propio, soberano y útil”. 

Como compensación, el memorando proponía la conformación de una Comisión Mixta “que estudie el aprovechamiento racional de la zona fronteriza boliviano-chilena de los recursos hídricos existentes en la cuenca del Altiplano boliviano, preservando el equilibrio ecológico, el clima y las necesidades vitales de las poblaciones bolivianas”.

El segundo memorando se refería a la cesión de un enclave al sur del territorio comprendido por el tratado chileno-peruano de 1929. Ello solo se daría lugar en el caso de que Perú vetase la cesión del corredor al norte de Arica. Se presentaron tres enclaves, de los cuales Chile debía elegir uno de ellos. Como bien dice Siles, “la propuesta debió haberse enviado por los conductos diplomáticos regulares para evitar que se diera a conocer a la opinión pública antes de haberse llegado a un preacuerdo”.

Ahora bien, mientras en Bolivia se creó un espíritu esperanzador de que la reunión de Montevideo estaba encaminando al país hacia el mar, en Chile sucedió lo contrario. Comenzaron a surgir publicaciones en contra de la negociación. El punto clave de las críticas que se publicaban allá se refería a la compensación que Bolivia daría por el territorio litoral que recibiría. Como recuerda Siles, pocos días antes de que la delegación boliviana partiese al Uruguay, se manifestó explícitamente que Bolivia no aceptaría en ningún caso un planteamiento relativo a compensaciones territoriales. 

Ante esta determinación, corrió la voz en Chile de que Bolivia pedía dos territorios costeros, uno en el corredor al norte de Arica y otro en el enclave. Y por esos dos, solo admitía compensar con cuatro gotas de agua, ya que Bolivia había manifestado que solo enviaría aguas que no afectaran la ecología del Altiplano.

PREOCUPACIÓN. Muy preocupado, Siles con esta adversa reacción cursó notas a nuestra cancillería advirtiendo que la situación se había complicado y que se temía una respuesta negativa. Y así ocurrió. El general Pinochet consideró pertinente instruir a Del Valle que rechazase la propuesta nacional.

Para tal fin, el subsecretario de Relaciones Exteriores de Chile, general (Sergio) Covarrubias, citó a Siles para hacerle entrega de un comunicado de prensa donde en su parte principal se señalaba que: “La Cancillería siente el deber de informar que no resulta admisible para Chile el fondo de la aludida propuesta boliviana en sus dos alternativas, eso es, la concesión de un territorio chileno soberano, sea a través de un corredor al norte de Arica o de un enclave a lo largo de su litoral”.

El cuñado de Siles Salinas, Jaime del Valle, no se encontró con valor para darle personalmente la triste noticia. Además, él nunca se recuperó de este fracaso, al extremo que dejó para siempre toda relación con su Cancillería y con la política exterior de su país.

Como era de esperar, fue muy duro para Jorge Siles recibir tan funesto documento. Él siempre insistió en que el gobierno chileno no supo entender el pedido de Bolivia expuesto en 1987. “Bolivia —dijo— no pidió en esa fecha la concesión o devolución de un territorio; lo que pidió fue un acceso, una salida al mar. Quiso recuperar su cualidad marítima, por reducido que fuese el espacio que limitase esa salida”. Y lo más importante es que nunca perdió la fe en la solución del problema marítimo. Él decía que Bolivia, Chile y Perú son “hermanos, lo quieran o no, por la lengua, la religión, la cultura y por la geografía, esto es por el mar, que nos separa pero que paradójicamente, también nos une”.

Evidentemente, la gestión de Siles en Santiago y el libro que recuerda tan importante suceso, se deben tomar como base para futuras negociaciones. Porque si no se conocen los pormenores de las anteriores negociaciones, de seguro que se volverá a reiterar en los errores que las hicieron fracasar.  Además, el título que puso en su libro es edificante: “Sí, el mar”, con el fin de que todo boliviano, todo chileno y todo peruano tengan presente que Bolivia jamás dejará de luchar por lograr su anhelada salida al mar.

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