Animal Político

Jóvenes, indignados y sin empleo

Llamado a los estados

La Razón / Elizabeth Tinoco

00:00 / 26 de febrero de 2012

América Latina enfrenta el escenario de incertidumbre sobre la economía global este 2012 con el aval de ser una región donde prevaleció el crecimiento económico y se lograron las tasas de desempleo urbano más bajas en décadas. Pero los jóvenes, con índices de desocupación e informalidad elevados posiblemente tengan dificultad para ver el futuro con optimismo.

El desempleo y el subempleo juvenil impiden aprovechar el potencial de la generación mejor formada y educada que hemos tenido. Además, genera consecuencias políticas importantes.

Desde la “primavera árabe”, 2011 ha sido año de insurgencias que han recorrido el mundo desde el levante hasta el poniente. Cualquiera fuera el detonante de las manifestaciones, o el lugar donde se produjeron, hubo una característica común: fueron protagonizadas por jóvenes. Es perfectamente comprensible que la falta de oportunidades sea un caldo de cultivo para la frustración y el enojo.

Éste no es un hecho fortuito ni producto de la rebeldía habitual con que se identifica el ser joven. Millones de ellos viven una situación dramática en la actualidad, pues, cuando salen a la calle a hacer sus vidas se encuentran con que no hay empleos o que las ocupaciones disponibles son de mala calidad. Esto sucede en todo el mundo, y América Latina no es la excepción.

En nuestra región, la tasa de desempleo urbano de los jóvenes es del 14,9%, el doble de la tasa de desempleo general de 6,8%, según estimaciones de Panorama Laboral de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Al mismo tiempo, 60 de cada 100 personas entre 15 y 24 años que buscan trabajo terminan en empleos informales, en condiciones precarias, sin protección y con bajos salarios.

El desaliento generado por la escasez de empleos decentes lleva a muchos jóvenes a la inactividad. Alrededor del 20% de los 106 millones de jóvenes latinoamericanos no estudian ni trabajan.

Si la sociedad no crea empleos para los jóvenes, éstos tienden a perder la confianza en las instituciones democráticas. Por otra parte, el progreso económico y social es insostenible si no se asume el desafío político de generar mejores oportunidades para los jóvenes.

La inclusión de los jóvenes depende de políticas públicas muy bien maduradas, discutidas y consensuadas, y deberían ser parte de un marco integral que promueva el desarrollo económico con empleo.

Estamos frente a un problema estructural. El crecimiento económico es determinante, pero no suficiente para resolverlo. El empleo juvenil requiere de medidas específicas para hacer frente a los retos que se plantean. Al Estado le corresponde el papel de generar las políticas adecuadas, y a los interlocutores sociales, a los empleadores y trabajadores, apoyarlas con decisión.

Hay un abanico de opciones y de buenas prácticas, como por ejemplo:

— Hacer de la generación de empleo juvenil una prioridad en la agenda del diálogo social entre los actores fundamentales de la economía.

— Apoyar el espíritu emprendedor de los jóvenes para que pongan en práctica sus propias iniciativas a través de sistemas de micro crédito como “incubadoras de empresas”.

— Dar eficiencia y cobertura a los servicios de empleo, sitios digitalizados, oficinas donde se dé a los jóvenes información en tiempo real sobre posibilidades inmediatas de enganche.

— Debatir sobre la educación necesaria para que se articule mejor con el mercado laboral, estimule la innovación, recalifique la mano de obra y facilite la certificación de competencias.

— Incrementar los sistemas de pasantías para consolidar la formación profesional de los jóvenes en las empresas y el sector público y facilitar la transición educación-trabajo.

— Dar acceso a los jóvenes a un sistema de créditos educativos, transferencias monetarias condicionadas y becas-sueldo para que puedan continuar su formación y recalificación laboral.

— Facilitar que las mujeres jóvenes se mantengan en el mercado laboral, a través de guarderías para sus hijos y turnos de todo el día en las escuelas.Es indudable que no podemos prescindir del aporte de los jóvenes para construir sociedades prósperas e inclusivas. La generación de empleo juvenil no debe verse como la solución a un problema, sino como una manera de aprovechar una gran oportunidad para nuestros países. Ahora es el momento de asumir este desafío político.

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