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Juan Lero, presidente del Gobierno indio de 1899

Con un indio, Evo Morales, como Presidente, ¿será que estamos en tiempos del pachakuti? Es preciso recordar y revalorar a Juan Lero; su entrega por la colectividad, su lucha por la liberación de los indios, su desafío al colonialismo en tiempos   difíciles, cuando    no había derechos ni leyes especiales para la ‘indiada’.

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

00:02 / 04 de mayo de 2014

Juan Lero Ponce fue uno de los mallkus y líderes que protagonizó, junto con Pablo Zárate Willka, la defensa del ayllu y la comunidad ante la Ley de Exvinculación de 1874. Luego formó parte del ejército indio comandado por Zárate Willka en la Guerra Federal de 1898-1899. La actuación de Lero ha sido poco investigada, a pesar de los encomiables trabajos de Ramiro Condarco (Zárate, el temible Willka, 1965, 1982, 2012) y de Fausto Reinaga (La Revolución india, 1970). El desempeño más sobresaliente de Lero es haberse atrevido a fundar el primer gobierno indio y haberse declarado el primer presidente en Peñas (Oruro), acompañado de algunos ministros comunarios. Esta valentía fue la respuesta al fracaso de las relaciones entre el movimiento indio liderado por Zárate Willka y el liberal José Manuel Pando.

Los descendientes de Juan Lero hoy llevan a cabo una investigación sobre la actuación del líder indígena; Toribia Lero Quispe nos aproxima a la trayectoria y legado del mallku. Todos los textos entrecomillados que siguen le corresponden a ella.

A fines de los 70, Toribia Lero aún era niña y en una reunión familiar escuchó decir que era descendiente del primer presidente indio de Bolivia, de un “Jatun Runa” (gente grande, superior, en quechua), pero que “por ley estábamos prohibidos de hablar de ese tema; de lo contrario, la familia iría a la cárcel”. Desde entonces empezó su pasión por saber más de sus raíces. Solo diez años después pudo empezar a constatar la existencia de su abuelo. Un hecho capital fue conocer el libro de Ramiro Condarco, que dedica un capítulo especial al Gobierno Indígena de Peñas.

¿Cuál era el ayllu de origen de Juan Lero? Su principal residencia, cuenta, fue la comunidad de Quehuallani del ayllu Tapacarí, cantón Peñas del municipio de Pazña, provincia Poopó del departamento de Oruro.

Sus descendientes aún se dedican a la agricultura, algunos migraron a otros departamentos y al exterior del país. En la investigación de la vida de Juan Lero, su actual familia se reunió en 2000, en 2006. “Allí pudimos reafirmarnos quiénes somos; nuestra investigación coincidió con la reconstitución del ayllu, la marka y el suyu impulsada por autoridades originarias; con documentos y testimonios en mano, dijimos: somos Sura de la parcialidad Urinsaya; es un reencuentro de nuestra nación, eso éramos en épocas de Lero; nosotros sus hijos ahora queremos compartir lo que nuestros abuelos nos han transmitido secretamente”.

La señora Lero recuerda que en los 70-80 nadie quería mencionar el nombre de Juan Lero, pues su familia era conocida como jawk’atatiriso, “asesinos”. En la época federal, cuenta, algunos líderes y el cura habían obligado a firmar actas para que las mujeres del ayllu Tapacarí Cóndor Apacheta no puedan contraer matrimonio con varones de otros ayllus; era una manera de castigar, de considerar maldita a la familia de Lero.

“Cuando llevábamos a pastear las llamas, ovejas y vacas al cerro, los abuelos decían, ‘pidan a los achachilas del ayllu Tapacarí y a Juan Lero para que les proteja de las tempestades y otros peligros’, porque Lero había defendido las tierras comunales, después de 1874, cuando entró en vigencia la Ley de Exvinculación, que prohibía la existencia de la estructura del ayllu”. Con esa “política antindia”, insiste la descendiente, se pretendía hacer desaparecer a las autoridades originarias, sus territorios, sus culturas y su vida.

No fue fácil empezar a recuperar el legado de Juan Lero. Algunos decían, cuenta, que hablar de Juan Lero era “ch’unch’u cuento” (cuento muy antiguo), “chullpa tiempo” (de la época muy antigua), que ya no tenía validez. Otros, en cambio, alentaban a investigar, decían que la esposa de Lero antes de morir había enterrado seis petacas de documentos y otro tanto fue repartido entre los comunarios “muy firmes”, porque “aquel entonces, comenzaron a destruir todo lo que los líderes habían dejado; algunos familiares de Lero se cambiaron de apellido, otros huyeron del lugar y algunos fueron ejecutados; la mayoría hemos salido del ayllu sin saber sobre nuestra propia historia”, relata Toribia Lero Quispe.

Hubo muy poca transmisión oral; lo que se supo, cuenta, fue que Juan Lero era mallku, que su esposa fue doña Sabina Humeres, que no tuvieron hijos, pero que tenían varios hermanos; que Juan Lero “era letrado, sabía leer y escribir porque, según recuerdan, su madre era descendiente de la nobleza india del norte de Argentina, que le inculcó saberes y conocimientos leales a su pueblo y nación. Tenía poder, ayudaba a documentar títulos de propiedad a comuneros de Huari, Challapata y otros pueblos aledaños”.

En la Guerra Federal unos comunarios apoyaron a Pando y otros a (Severo Fernández) Alonso, “pero Lero les pedía que apoyen su proyecto de instaurar el gobierno propio, de recuperar los territorios usurpados por los españoles”.

Se encontró que Juan Lero era considerado jawk’atatiriso, “asesino” porque habían comunarios que apoyaban a Pando sin interesarles la recuperación del territorio, lo que significaba la continuidad de la Ley de Exvinculación (1874) y aceptar el exterminio de los indios, porque en aquellos tiempos los latifundistas expropiaban tierras para venderlas a los empresarios mineros, como son las minas de Uncía, Huanuni, Antequera, Totoral, Bolívar, Poopó y otras.

En 2007 y 2010, con el auspicio de la entonces prefectura de Oruro, se realizó un conversatorio sobre la vida y muerte de Juan Lero y un encuentro con los descendientes de Pablo Zárate Willka. Allí se constató que hay muy pocos trabajos escritos sobre la vida de Juan Lero. “Con un indio, Evo Morales, como Presidente, ¿será que estamos en tiempos del pachakuti? Es preciso recordar y revalorar a Juan Lero; su entrega por la colectividad, su lucha por la liberación de los indios, su desafío al colonialismo en tiempos difíciles, cuando no había derechos ni leyes especiales para la “indiada”. ¿Cómo pudo constituir el primer gobierno indígena? La finalidad era restituir los derechos territoriales y políticos del Qullasuyu”, destaca la familiar.

Abril es especial para la familia de Juan Lero. Un 12 de abril de 1899 se proclamó como presidente indio; Ascencio Fuentes fue su juez riguroso; Feliciano Mamani, el intendente; Evaristo Guaricallo, el coronel; y, Manuel Flores, el secretario.

El 23 de abril de 1899, Juan Lero fue capturado y hecho prisionero en su comunidad por el ejército de José Manuel Pando. “Cuentan los abuelos que le encadenaron de pies a cabeza, hasta el cuello, fue llevado descalzo desde su casa hasta la ciudad de Oruro y en las comunidades por donde pasaba y descansaba pedía agua y comida, pedía ‘motecito’ de haba y nadie quería acercarse, porque el que se aproximaba era parte de Lero. El líder indígena murió un 14 de enero de 1901 en la cárcel de San Pedro (Oruro), olvidado e enjuiciado injustamente”.

En abril de 2014 se recordó 113 años de su muerte.

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