Animal Político

Larga vida socialista

Don Alcides  recuerda que tras la muerte de Marcelo Quiroga hubo el intento de retomar sus banderas; era el tiempo de ‘Marcelo vive, la lucha sigue’. Pero no deja de expresar su molestia: ‘resulta que todos se creían ‘marcelitos’, todos querían ser jefes’; de ahí su alejamiento del PS-1. Luego vino el MAS,  la campaña por la Constituyente, la esperanza, pero de nuevo la frustración.

Alcides Monasterios Castro

Alcides Monasterios Castro Foto: Iván Bustillos

La Razón (Edición Impresa) / Iván bustillos, es periodista.

00:00 / 12 de febrero de 2017

Con Alcides Monasterios Castro es todo un testimonio de fe socialista. Con sus 85 años, estuvo en las lides políticas desde el colgamiento de Villarroel hasta la campaña por la elección de la Asamblea Constituyente fundadora del Estado Plurinacional.

Lúcido para recordar infinidad de nombres y circunstancias, una de las cosas que lo marcó fue ser uno de los fundadores, en 1971, del Partido Socialista liderado por Marcelo Quiroga Santa Cruz; aún hoy se enternece al recordarlo: en cierta ocasión, cuando su jefe político le pide quedarse, él le dice “Marcelo, tanto he pasado sufriendo, destierros, mi familia pasó las de Caín; ahora estoy estudiando, me falta este año más y voy a salir en Ingeniería en Construcción...”. Largo rato me mira y me dice, “un revolucionario con profesión es útil a su familia, a su partido y a su pueblo (don Alcides lagrimea) termina, pero después tienes que venir...”.

Mensajero de Telégrafos del Estado (hoy Entel), a sus 14, en 1946, cuenta cómo vio a la multitud que  golpeaba en la cabeza al edecán de Gualberto Villarroel. “Yo me metí debajo de las piernas, en mi desesperación gritaba Guillermo, Guillermo, que era mi compañerito mensajerito; salí a un canto y ya vi colgado el cuerpo del Presidente”.

Don Alcides también estuvo en la Revolución del 9 de abril, con 21 años y ya miembro de la Juventud Comunista; “del 9 al 11 de abril”, aclara, porque fueron tres días de intensa lucha entre el Ejército y las milicias movimientistas junto con sectores populares. “Ese combate empezó el 9 de abril y terminó el 11, tres días con sus noches; se había destruido al Ejército boliviano, totalmente; no quedaba un soldado; los aliados del pueblo eran los policías; yo veía cómo los policías llevaban a los soldados presos con sus gorritas revueltas, hacia atrás; luego, durante una semana se recogió los cadáveres”.

Combatiente en Sopocachi, contra los cadetes del Colegio Militar que habían tomado el Montículo, precisa que la principal fuerza combatiente de la revolución eran los fabriles, “el proletariado era fundamentalmente fabril; había varias fábricas, la Soligno, que tendría 3 a 4.000 obreros; más allí estaba la Fábrica Nacional de Sedas, la Molinera de los Bedoya; la Forno; en la avenida Vásquez, la Fábrica de Vidrios, la de Sombreros, la de Pinturas, harto proletariado; no había ni un campesino; los mineros estaban en sus minas todavía; después han entrado”.

Fue diputado por el “MNR de Lechín”, de 1962 a 1964, gestión interrumpida por René Barrientos con su golpe de Estado contra Víctor Paz. Recuerda cómo seguido llamaba a interpelación a los ministros de Paz, hasta que en una reunión partidaria el Presidente le cuestionó “¿tú qué tienes que decir?” “Doctor, le dije, yo pensaba que la revolución del 52 era no solo de Bolivia sino de Latinoamérica, y a usted lo consideraba líder no solo de Bolivia sino de la revolución latinoamericana... pero me equivoqué, doctor... ¡Entrismo! (que era como decir traición), dijo alguien”. Esa fue su ruptura con el MNR.

El 79 funda FARO, Frente Antiimperialista Revolucionario Obrero, y es “en base a FARO que se funda el Partido Socialista”, en las gradas de la Pichincha, porque alguien había lanzado gas en el cine Roxi, donde se llevaba a cabo el acto fundador.

Perfil

Nombre: Alcides Monasterios Castro

Nació: 14 de junio de 1931,en la provincia Loayza, La Paz

Ocupación: Jubilado

Partido

En enero de 1974 fue el único voluntario por el Partido Socialista que ingresó al país clandestino para la resistencia a Banzer.  Marcelo Quiroga, cuenta, antes de enviarle le asegura que él cuidará de su familia en Chile. Cumplió: tras el golpe de Pinochet, ella estaba en Suecia.

Cuando una persona es capaz de unir al mundo

Erick Ortega, es periodista

E l señor Donald Trump con las ideas que le brotan de debajo del anaranjado cabello siempre va un paso más allá de todos. Ahora, en su papel de hombre malo, ha logrado unir en nombre del odio a latinos, musulmanes, amarillos, rojos y a gente de todos los colores. Quizás no odio —pero sí algo parecido, aunque con un matiz menos fuerte— es lo que está inspirando el hombre que es Presidente de Estados Unidos, pero que perdió en las urnas.

Así como la generación de los años 70 luchaba contra las dictaduras internacionales, nosotros, los de después, nos enfrentamos contra la modorra y el nomeimportismo, y nos ganó la flojera.

Hasta que llegó él. Llegó precedido por malos antecedentes. Y, no defraudó a sus seguidores. Es que es tan Trump el señor Donald —el mismo que creó el programa Despedido (donde despedía en vivo y directo a los concursantes que él decidía)— que su forma de ser lo ha convertido en paladín de la justicia al presidente de México, Enrique Peña Nieto. La gente casi olvidó el estrangulamiento a la economía azteca, con el aumento de la gasolina en su país. Hasta lo aplaudieron cuando dijo que no se reuniría con el republicano.

Es que gracias a Mr. Trump —aquel varón que ha sido acusado de abuso sexual— los sobrantes del mundo acabamos por unirnos.

Así, Trump (aquel que era dueño de los derechos de Miss Mundo y acabó peleándose con las exreinas de su imperio de belleza) es el dolor perfecto para aquel medicamento llamado Evo Morales. Agranda a quienes piensan como el gobernante de Bolivia. Les da la razón.

Los de la derecha también se han tomado libertades con él. El expresidente chileno Sebastián Piñera lo ha comparado con el pato Donald. Aunque como humorista, el exmandatario chileno es un exitoso empresario.

Lo mismo pasa en otros lares. Los alemanes —inolvidable, e injustamente, manchados por las secuelas del nazismo— que han criticado la propuesta migratoria. La canciller Angela Merkel, la mujer más poderosa de este pedazo del planeta llamado Tierra, educadamente le ha dicho “discriminador” al hombre que apareció en un programa de Los Simpsons (en el episodio donde malgastó el dinero de su país).

El discurso antiestadounidense  crece con él. Pero, lo bueno es que no representa a ese bello país.

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