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El Litoral y la Policía

El autor comparte datos acerca de la presencia y labor de la Policía antes y durante la Guerra del Pacífico.

El Litoral y la Policía.

El Litoral y la Policía.

La Razón (Edición Impresa) / Jhosmane Jesús Rojas es historiador

00:00 / 15 de febrero de 2018

Entre 1826 y 1879, la costa boliviana contó con la presencia de la Policía de Seguridad, que a partir de diversas normativas emitidas por las autoridades bolivianas —con relación a combatir el delito y otras labores (como el control aduanero, tránsito, comercio, salubridad e higiene, recojo de basura, control de postas, alumbrado y otros)— ejerció diferentes tareas en representación del Estado boliviano en esa región (de inicio provincia, distrito y finalmente departamento).

Las actividades desarrolladas en Atacama hasta antes del auge del guano se vincularon estrechamente al control de productos procedentes de los puertos de Cobija y Tocopilla, aunque en ciertas ocasiones la Policía tuvo que lidiar con situaciones grandes, como los movimientos políticos y militares de opositores (tanto del Gobierno, como de la Confederación).

La exploración y explotación del guano trajo consigo un inusitado movimiento poblacional de extranjeros del continente americano y de otros. Esta “fiebre del guano” representó para la entidad del orden un cambio en las costumbres delictivas, pues muchas de ellas, traídas por los foráneos, ponían en aprietos a la Policía de Seguridad, encargada de mantener la ley en la región.

Las poblaciones guaneras, como Mejillones y La Chimba (posteriormente fundada por Mariano Melgarejo bajo el nombre de Antofagasta), se constituyeron en centros comerciales de bienes y servicios, el guano movía tiendas, almacenes, casas de diversión y prostíbulos. 

Al auge económico del guano, se le sumarían los minerales (plata y cobre) y posteriormente el salitre, lo que convirtió al departamento de Litoral (departamento desde 1867) —al igual que la costa peruana— en un destino furtivo de viajeros y aventureros del continente y del mundo atraídos por el dinero fácil. De este periodo destaca la labor policial del coronel Exequiel Apodaca (posteriormente partícipe en la batalla de Canchas Blancas), quien lidiando con la delincuencia en Antofagasta construyó para sí un mito.

Desde el gobierno de Melgarejo, la Policía Departamental del Litoral fue adscrita al Ejército de Línea, en normativa y régimen interno, esto adecuó su presencia en la costa, dividiéndose la Policía de Seguridad Marítima y Terrestre. De igual manera, las autoridades de la Policía Departamental de Litoral se adscribieron a un intendente, un comisario y vigías para la Policía Terrestre en Cobija, Mejillones, Antofagasta, Tocopilla, Caracoles y Atacama. Por otra parte, a un capitán de puerto, Patrón de Bote, y marineros para la Policía Marítima en los puertos de Cobija, Mejillones, Antofagasta y Tocopilla. Esta organización permitió tener 113 policías dispersos en el departamento del Litoral, 89 de la Policía Terrestre y 24 de la Policía Marítima, en 1879.

En los sucesos de febrero y marzo de 1879 fueron las fuerzas policiales las primeras en tomar acciones ante la agresión militar chilena, resistiendo pacíficamente la invasión del Puerto de Antofagasta, el 14 de febrero, y organizando la defensa del Litoral boliviano en la ciudad de Calama, sobre la base de cinco vigías o celadores de policía.

El personal de la Policía Terrestre de Caracoles y Atacama (27 uniformados) fue el primero en partir a Calama, anoticiando al Dr. Ladislao Cabrera de su decisión. Posteriormente, los emigrados policiales de Antofagasta y Mejillones marcharon a reforzar la defensa. Finalmente, por orden del prefecto del Litoral, Severino Zapata, las últimas fuerzas policiales de Tocopilla y Cobija fueron enviadas a Calama.

En la organización de la defensa de Calama, Eugenio M. Patiño fungiría como intendente de Policía, cargo que desempeñó hasta la derrota boliviana frente a la nutrida unidad militar chilena, que en horas de la tarde de aquel remembrado 23 de marzo de 1879 ocuparía la ciudad de la esperanza boliviana, Calama.

Por ello, al referirnos a la presencia del Estado boliviano en el Departamento de Litoral es inevitable mencionar la presencia policial, desempeñando funciones en una coyuntura dinámica, de puertos y poblaciones inicialmente dedicadas al comercio a la abrupta irrupción de la fiebre del guano, salitre, minerales y la estrambótica presencia extranjera, hasta los avatares de la dolorosa pérdida del Litoral boliviano, situación que la Policía enfrentó en primera línea en puertos y poblaciones internas, bautizándose a la Guerra del Pacifico, en la emblemática defensa de Calama.

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